miércoles, 11 de marzo de 2009

¿Cerrarán los Paraísos Fiscales?







Juan H. Vigueras
Diario Público

La pasada reunión en Berlín de siete países europeos, incluida España, para preparar la próxima cumbre del G-20 en Londres apunta, lo mismo que los anteriores acuerdos de Washington, hacia la transparencia financiera; pero la cruda realidad es que no plantean explícitamente la supresión de los centros offshore o paraísos fiscales, cuya desaparición antes de 2006 preveía la OCDE en su fracasado proyecto. Porque, más allá de la nula o baja fiscalidad, constituyen un sector de los mercados financieros globales, con la ventaja competitiva de la opacidad, y forman parte de la banca en la sombra que los gobiernos han respetado al concederles ayudas y avales a los bancos en dificultades.

Y es que la supresión de los paraísos fiscales requerirá tocar la libertad de los movimientos de capitales y otros aspectos del actual orden internacional. Eso se vio claramente en febrero de 2008 en el debate de la Cámara de los Comunes británica sobre si la nacionalización del Northern Rock Bank abarcaba o no también a la entidad Granite, domiciliada en la isla de Jersey y ligada al banco, pero propiedad de un fideicomiso benéfico registrado en otro paraíso fiscal. Esta empresa se había empleado para la emisión de bonos respaldados por el banco hasta que estalló la crisis en el verano de 2007 y quebró el negocio porque ya no podía refinanciar los préstamos.

El neoliberalismo aún dominante niega el papel de los mecanismos offshore en la crisis financiera, que ya se reveló en verano de 2007 con la quiebra de los dos fondos de alto riesgo o hedge funds del entonces quinto banco de inversiones, Bear Stearns. Dichos fondos estaban registrados en las Islas Caimán como simples letterbox companies (buzones de correos), a los cuales se les concedían préstamos apalancados, es decir, con un endeudamiento superior a su capital, para que especularan con valores respaldados por hipotecas subprimes. Operativas similares fueron utilizadas por los Landenbanken –los bancos regionales alemanes rescatados luego con dinero público–, por el franco belga Dexia, el conglomerado asegurador AIG de EEUU y los hedge funds de Madoff (véase www.laeuropaopacadelasfinanzas.com).

Los llamados paraísos fiscales son parte del denominado shadow banking system (sistema bancario en la sombra), como se denomina a un sector subalterno de la gran banca surgido para atraer a los grandes inversores con los fondos de alto riesgo y los instrumentos estructurados (ABS, SIV, etc.). La llamada “ingeniería financiera” desarrolló la titulización o conversión de créditos/deudas en activos financieros comercializables en los mercados mundiales, gracias a la libertad de los movimientos internacionales de capitales con escasa supervisión. Como en noviembre de 2007 denunciaba el fundador de la firma financiera estadounidense Pimco, Bill Gross, ese sistema bancario desregulado y oculto era “libre para crear mágica y místicamente préstamos hipotecarios subprime y luego empaquetar en una caterva de conductos (conduits) de tres letras que únicamente podían explicar los magos de Wall Street”.

En la larga etapa de crecimiento económico y finanzas globalizadas, esta operativa paralela permitía, en primer lugar, desvincular del banco matriz la propiedad de los activos financieros negociados mediante vehículos en los paraísos fiscales offshore. Así se gestionaba toda clase de operaciones opacas fuera de la contabilidad oficial de la banca con el fin de sortear la supervisión de los bancos centrales, con el catastrófico resultado final.

En segundo lugar, se diseminan los riesgos en las operaciones de compraventa de activos financieros encadenando transacciones que pasan por diversos centros offshore; facilitadas por el espacio financiero europeo sin fronteras para los fondos y sin supervisor comunitario. De modo que los impagos de deudas hipotecarias en Michigan, convertidas en títulos adquiridos por otros bancos, se convirtieron en pérdidas para ahorradores españoles.

En tercer lugar, para las grandes operaciones se practica, desde entidades en paraísos fiscales offshore, el denominado arbitraje regulatorio o legislativo, que designa la posibilidad de optar o de combinar diferencias entre las diversas legislaciones nacionales o jurisdiccionales, tanto en fiscalidad como en la regulación y el grado de control y supervisión financiera.

La banca en la sombra, responsable de la especulación y de las burbujas financieras e inmobiliarias en los años anteriores a la crisis, según los analistas críticos, habría producido la mitad del nuevo crédito generado en los EEUU; y la financiación de esos instrumentos innovadores ligados a centros offshore, que obtenían efectivo barato a corto plazo, alcanzaba el pico de los 1,2 billones de dólares en el verano de 2007, mientras que en años anteriores había oscilado entre los 600 y los 700.000 millones (Financial Times, 16-12-2007).

Obviamente, la crisis financiera produjo el progresivo desmantelamiento parcial de esa operativa bancaria offshore, reflejado en la contabilidad de los bancos matrices con pérdidas millonarias y reduciendo al mismo tiempo su volumen. Pero sin llegar a la desaparición de sus instrumentos bancarios opacos, porque ni las nacionalizaciones sui géneris ni las ayudas ni avales de los gobiernos de la Unión Europea han exigido a la banca la supresión de filiales y sociedades instrumentales en paraísos fiscales –como solicitó Attac-España al Gobierno en 2005– y que el G-20 tendrá que abordar en serio para superar la crisis del sistema.

martes, 10 de marzo de 2009

La izquierda en la crisis: ¿Despistada o a la deriva?


Gregorio López Sanz - ATTAC Albacete
Fuente: El Viejo Topo

El mundo está inmerso en una gravísima crisis sistémica, cuyas manifestaciones tienen el denominador común de crecientes desigualdades e injusticias sociales, y en cuyas raíces subyace una violencia estructural basada en la preeminencia absoluta de los beneficios monetarios privados a costa de valores como la soberanía alimentaria, la conservación de la Naturaleza, el acceso igualitario a recursos minerales y energéticos y el respeto a otras formas no hegemónicas de organización social diferentes a las del capitalismo neoliberal.

Con el término “izquierda” me referiré a los movimientos sociales y políticos entre cuyos objetivos prioritarios figura la reducción de las desigualdades sociales, el desmantelamiento de las concentraciones de poder en manos privadas y la consecución de la paz sobre la base de la justicia social (no a través del militarismo ni el belicismo). ¿Qué medios deberían utilizar dichos movimientos para perseguir los objetivos anteriores? Preferentemente la participación y actuación decisiva de la sociedad civil y del Estado a través de políticas públicas, tanto en el ámbito de los tradicionales estados-naciones como en el marco de organismos de carácter internacional.

La primera sorpresa que podemos llevarnos es constatar que, de acuerdo con los objetivos reales que persiguen, y lo que es más importante, los medios que utilizan para ello, determinados movimientos que convencionalmente se han considerado de izquierda, no quepa calificarlos como tales. Pero no es éste el tema que ahora nos ocupa. Además, cuando hablamos de izquierda tenemos que hacer una distinción adicional según se trate de planteamientos de los partidos políticos en el poder, en la oposición y los colectivos sociales, hasta el punto de que muchas veces, los programas y la acción de cada uno de ellos pueden diferir sustancialmente. Así, cabe constatar un serio problema de unidad de acción en el seno de “las izquierdas”, que son incapaces de ponerse de acuerdo en lo “básico”, lo cual no tendría que ser incompatible con la pluralidad del pensamiento que es otra de sus señas de identidad.

Lo que más llama la atención sobre cómo el Gobierno de España está gestionando la actual crisis es la incoherencia de las medidas adoptadas respecto de sus principios ideológicos socialistas , así como el no haber puesto en marcha un diálogo social ampliado más allá del tradicional entre Gobierno, patronal, sindicatos y banca, a pesar de tratarse de una crisis peculiar tanto por su globalidad como por la novedad de sus causas y consecuencias. A continuación se abordan algunas de las políticas aplicadas antes y después de la crisis, para valorar si al definir las mismas se han tenido en cuenta las distintas sensibilidades de los movimientos de izquierdas o si por el contrario, las inquietudes y las acciones siguen dispersas, despistadas o a la deriva, cada una en “su mundo”.

1) El acceso a la vivienda: germen de la crisis financiera y cadena perpetua a la sumisión. Los partidos políticos de izquierda en los gobiernos central, autonómicos y locales no han hecho nada para reducir la presión creciente a que se ha sometido la burbuja inmobiliaria desde hace más de una década. Y ello a pesar de que ha habido tiempo más que suficiente para frenar una dinámica constructora desbocada por la especulación financiera y aderezada de corrupción política en demasiados casos. Ello ha supuesto una concentración de poder en las entidades bancarias, materializado en el derecho a percibir un mayor porcentaje de las rentas de las familias por un período de tiempo más largo, lo que supone una fuente segura de beneficios empresariales. Antes de la explosión de la burbuja, la misma ha reportado beneficios ingentes a empresas promotoras y constructoras, que han utilizado para tomar posiciones en sectores estratégicos como el energético, y que ahora rápidamente se declaran en quiebra y proceden a despidos masivos de trabajadores/as de muy difícil recolocación a corto plazo.

Por su parte, la otra izquierda, la de los movimientos sociales de base, altermundistas y radicales en su empeño por evitar la marcha atrás en los derechos sociales, viene clamando en el desierto por una vivienda digna, pero no al precio de uncirse de por vida el yugo financiero de la hipoteca, que favorece la reducción a la mínima expresión de las inquietudes sociales de las personas, afectas ahora al régimen financiero-especulador en la tarea de alimentarlo acrítica y puntualmente, desviando hacia el mismo la mayor parte de la renta familiar. Al igual que la sanidad, la educación y las pensiones, cada vez más colectivos plantean que la vivienda debería ser provista preferentemente por el Estado en régimen de propiedad pública y bajo fórmulas de alquiler, cortando así de raíz espirales especulativas que hasta ahora se han reproducido con la connivencia de los poderes públicos, el capital especulador y las clases medias-altas, y cuyos costes han sido repercutidos hacia las clases más desfavorecidas en forma de mayores precios de la vivienda y más esfuerzo para acceder a la misma.

2) La estrategia energética: flirteo con el gran capital versus nacionalización. El suministro de energía, por sus implicaciones sobre la calidad de vida, es un asunto que debiera ser prioritario para la política pública. Y así ha sido, efectivamente, pero no para mejorar su control social y democrático, sino para favorecer concentraciones empresariales atendiendo a criterios de amiguismos políticos. Baste recordar cómo acabó la guerra por el control de ENDESA y la que se avecina a vueltas con quién controlará REPSOL. Un Gobierno verdaderamente de izquierdas hubiera sido sensible a una mayor intervención del Estado en el ámbito económico-energético, defendiendo una causa que hoy sólo apoyan movimientos sociales como los ecologistas y altermundistas.

Precisamente en tiempos de crisis resulta más fácil desplegar medidas de política económica tendentes a la nacionalización de grandes empresas energéticas, ya que su precio de mercado es más bajo, se cuenta con una opinión pública favorable a la intervención pública (incluidos los sectores más rancios del neoliberalismo económico que han llegado a pedir “un paréntesis” en la economía de mercado) y, además, se trata de sectores con capacidad para generar beneficios monetarios, por lo que en el caso que fueran de titularidad pública, permitirían aumentar los ingresos del Estado con el fin de mejorar los servicios públicos.

Mientras tanto, industrias amables con el medio ambiente y básicas para la reconversión energética que pide a gritos la conservación de la Naturaleza, generadoras de empleo en un entorno de paro masivo como el que nos rodea, corren peligro de quedarse raquíticas o de venirse abajo cuando apenas han echado a volar. Valgan como ejemplo las diferentes industrias ligadas a la energía solar fotovoltaica, porque los responsables del Ministerio de Industria y Energía, con la nueva regulación del sector fotovoltaico, han rebajado significativamente el apoyo público a la generación de este tipo de energía. Los muchos “rescates prioritarios” que se avecinan y los maltrechos ingresos fiscales estarían detrás de la negativa a seguir incentivándolas como hasta ahora. Pero por otro lado, paradójicamente, el Gobierno de España y muchos autonómicos, tanto de izquierdas como de derechas (aquí se iguala el pragmatismo de ambas opciones políticas en las tareas ejecutivas), no paran de renunciar a ingresos impositivos vía reducción y/o eliminación de impuestos directos que favorece principalmente a las rentas altas (IRPF, Patrimonio, Sucesiones y Donaciones).

3) ¿Qué plan de rescate público necesitan entidades financieras que están a la cabeza en el ranking mundial de beneficios? Una parte de la izquierda española, la que detenta el Gobierno Central, ha establecido un plan de rescate para las entidades financieras. Para ello se articula la compra de ida y vuelta de activos financieros en manos de las entidades bancarias, con el fin de facilitarles liquidez por un importe de hasta 50.000 millones de euros, y menos mal que hablamos de uno de los sistemas financieros más solvente del mundo. La medida se toma después de mantener una reunión con los representantes de los grandes bancos de este país, es decir, entre los que deciden el gasto (el Gobierno) y los que se benefician del mismo (los bancos), “olvidando” invitar a este proceso de toma de decisión tan “extraordinario” a quienes financiarán dicho gasto a través del pago de impuestos, es decir, a los contribuyentes organizados en la sociedad civil.

Aunque se afirma que se adquirirá a entidades financieras activos de máxima calidad, para garantizar que, a través de ellas, la financiación llegue a empresas y ciudadanos, por el momento nada se sabe sobre cómo se piensan deslindar los activos “sanos” de los “contaminados” y qué plazo de tiempo se da para contrastar que la financiación llegue a familias y empresas y no se desvíe a “tapar” otros agujeros más o menos ocultos de las entidades financieras, o incluso a engordar sus beneficios. Las entidades financieras españolas obtuvieron unos beneficios de 20.000 millones de euros en 2007 y la mayor de todas ellas espera unas ganancias de 10.000 millones de euros en 2008, por lo que resulta paradójico que precisen de un plan de rescate como el que se ha puesto en marcha. ¿No se habrá confundido el Gobierno respecto a quién lo está pasando mal en esta “crisis”?. Al igual que el plan aprobado en EE.UU., más que de rescate habría que calificarlo de “botín de piratería”, fruto del abordaje y del saqueo consentido de las arcas públicas por parte del gran capital.

Y es que, todo pirata necesita un refugio. Para eso están los paraísos fiscales, que ni se denuncian ni se propone suprimirlos, a pesar de ser la piedra angular sobre la que descansa la estructura financiera internacional, además de refugio financiero de actividades delictivas de lo más variadas (evasión de impuestos, narcotráfico, contrabando de armas, tráfico de personas, terrorismo). En la Declaración de la Cumbre de Washington, suscrita por el Gobierno de España, se los denomina eufemísticamente como “jurisdicciones no cooperadoras y poco transparentes”, como si la cooperación y la transparencia hubieran sido la enseña del marco financiero que acaba de derrumbarse.

4) La política monetaria y la política fiscal: la inflación y la estabilidad presupuestaria como excusa; la asfixia financiera de familias y PYMES y el aumento de las desigualdades como resultado. Desde hace un año y medio, los principales Bancos Centrales del mundo están inyectando liquidez a las entidades financieras para paliar la “crisis de confianza” que existe entre éstas. Sin embargo, dicha liquidez facilitada en condiciones preferentes no implica más concesión de créditos o mejora cualitativa de las condiciones de los mismos.

Tras el empacho de desregulación pública y de hipotecas privadas de los últimos años, seguir guardando en una urna instrumentos potentes de política económica resulta antisocial. En cuanto a la política monetaria marcada por los intereses del capital especulativo, por la brutal erosión de las rentas de tantas familias con hipotecas ante una evolución del Euribor al alza durante tres años continuados entre agosto de 2005 y agosto de 2008, generando así una redistribución de renta desde las familias a los bancos, bendecida legalmente por la regulación que la Unión Europea confía al Banco Central. En Europa, la política monetaria expansiva vía reducción de tipos de interés sólo se ha comenzado a instrumentar recientemente, con más de un año de retraso, favoreciendo así una crisis de la economía real más profunda. Los criterios “técnicos” del Banco Central Europeo para atajar presuntas tensiones inflacionistas de origen especulativo (precios del petróleo y de los alimentos) han prevalecido sobre los criterios políticos que aconsejaban mejorar la renta familiar y la inversión.

En lo referente a la política fiscal, el Gobierno de España habla de regresar a un keynesianismo muy particular. Por un lado, se propone la reducción de impuestos pero sin señalar cuáles. Por otro lado, aunque no se dice, será preciso un mayor gasto público para atender las prestaciones de desempleo de los/as trabajadores/as que están perdiendo y perderán su puesto de trabajo.
Además, como la actividad económica retrocede por que ya se ha entrado en recesión (crecimiento económico negativo), los ingresos fiscales se reducirán aunque se mantuvieran los tipos impositivos. Y por último, se anuncia un paquete de medidas para estimular la inversión pública. ¿Cómo se piensa alcanzar la sostenibilidad fiscal (el equilibrio presupuestario) que se establece como meta en la Declaración de la Cumbre de Washington? ¿Por qué no se habla abiertamente de incurrir en déficit público para financiar gastos sociales y servicios e inversiones públicas en infraestructuras destinadas a los colectivos más desfavorecidos?.

5) El Gobierno de España pide silla sólo para él en la Cumbre de Washington, entrando en la lógica de que unos pocos decidan por todos. Y es que, cuando se trata de evaluar el desmoronamiento del sistema neoliberal, así como de sentar las bases de otro que lo supere, sería conveniente que en dicho proceso hubieran participado todos los pueblos de la Tierra en el marco de una conferencia auspiciada por Naciones Unidas. Sin embargo, la Cumbre de Washington ha sido convocada por Estados Unidos, la potencia militar y económica que ha conducido al actual “desorden mundial”, y más allá de los países con mayor PIB y/o renta per cápita del club de los más enriquecidos, sólo se ha ampliado el círculo para contar con las llamadas potencias económicas emergentes. ¿Quiénes han defendido y planteado en la Cumbre los intereses y los problemas de esa tercera parte de la población mundial ausente y, en particular, la de los pueblos empobrecidos y saqueados de África y el Magreb, Oriente próximo y Oriente medio, Asia Central o América Latina?.

Ahora más que nunca, la izquierda debería abogar por la puesta en marcha de un proceso incluyente, que incorpore la participación activa de todos los gobiernos del mundo, los representantes de la sociedad civil y los movimientos sociales en los foros de debate y decisión que deben abrirse en los próximos meses, con el fin de articular las demandas sociales, señalando a la ciudadanía y a los decisores públicos los caminos que entendemos ya están agotados así como las sendas que están por transitar en la búsqueda de alternativas.

6) Ante la crisis, el Gobierno de España y los sindicatos de clase mayoritarios no cuestionan el paradigma económico neoliberal productivista y consumista. Día tras día, conforme van viendo la luz diferentes medidas frente a la crisis, el Gobierno de España sigue planteando el objetivo de restaurar el crecimiento económico en los términos en que lo ha entendido el sistema capitalista durante el último siglo, sin considerar como un grave problema el agotamiento de los recursos naturales y el aumento de los niveles de contaminación que están poniendo en peligro la continuidad de la vida sobre el planeta. Ante este inmovilismo sería necesario desarrollar y aplicar conceptos emergentes como el “decrecimiento” y “la satisfacción austera de las necesidades básicas”, conectando la conservación del medio ambiente con la reducción efectiva de la pobreza. Sin embargo, se continúan poniendo como guía los principios del mercado libre en la forma de eliminación de obstáculos al comercio y la inversión, favoreciendo así unas mayores desigualdades entre los diferentes pueblos de la Tierra.

El 15 de noviembre pasado se convocó una manifestación un tanto anónima a través de Internet contra la gestión de la crisis que estaban haciendo la mayor parte de los países enriquecidos. Muchos colectivos altermundistas y anticapitalistas salieron a la calle. Los partidos políticos y sindicatos de izquierdas con mayor número de militantes ni apoyaron la manifestación ni hasta el momento han convocado otra con objetivo similar. Han dejado absolutamente de lado la movilización y concienciación social como base de la acción política, incluso en momentos de crisis sistémica como en el que nos encontramos. Las élites dirigen, y como mucho, de cara a la galería, se monta un comité de expertos con algún premio Nobel de prestigio.

7) Ante este panorama, ¿dónde debería dedicar sus esfuerzos la militancia de izquierdas para ser más eficaz en la transformación profunda que exige la actual crisis sistémica?. Si algo positivo puede tener el actual momento histórico es el hecho de ayudarnos a despertar de este sueño feliz en el que nos encontramos inmersos en los países enriquecidos, constatando que el mismo es el reverso de una permanente pesadilla para la mayor parte de la humanidad. El nuevo orden que estamos obligados a buscar no puede pasar de puntillas por asuntos esenciales de las relaciones humanas como el papel de lo público y la organización de las fuerzas sociales.

Muchas personas que nos sentimos de izquierda reflexionamos sobre cuál es la plataforma comunitaria o colectivo más adecuado para dedicar nuestro esfuerzo en pos de llevar a cabo iniciativas que hagan de nuestro entorno local y global un lugar más agradable para la vida. Y aunque sabemos que la tarea es ardua y que las cosas no cambian de la noche a la mañana, tampoco estamos dispuestos a perder energías en experiencias de participación ciudadana que en nada transforman nuestro mundo, es más, que incluso ayudan a mantener y consolidar el statu quo.

Cada vez más se extiende el sentir de que organizaciones sociales históricas como partidos políticos y sindicatos mayoritarios, que en los últimos dos siglos han sido claves para la consecución de derechos sociales, económicos y políticos para todos/as, en los últimos tiempos se están convirtiendo en instrumentos al servicio del verdadero poder fáctico: el gran capital transnacional que devora el mundo.

Así, ante esta constatación, caben al menos dos posturas:

Seguir militando activamente en los partidos políticos y sindicatos pero incentivando, desde dentro y desde la base, cambios en su funcionamiento, que los hagan más democráticos internamente, preocupados de verdad por los grandes problemas de la humanidad (la pobreza, el deterioro ambiental, las guerras). Es decir, seguir en los partidos pero para impulsar alternativas radicales que puedan llegar a convertirse en mayoritarias en el seno de los mismos. Nuevos horizontes que favorezcan la participación desde la libertad, que sacudan las conciencias, y no premien la obediencia ciega ni el mirar hacia otro lado. La provocación leal y sincera no debiera molestar a nadie, y menos a dirigentes políticos de izquierdas. Los partidos no deberían trabajar para domesticar a sus militantes, simpatizantes y resto de la sociedad, sino para darles alas y todo el protagonismo que merecen, y que desgraciadamente ahora no tienen.

Salir de los partidos políticos y sindicatos (o seguir en ellos vegetando) porque entendamos que lo expuesto en el punto anterior es una quimera absoluta (ni siquiera una utopía), de ahí que lleguemos al convencimiento de que el otro mundo posible que queremos hay que construirlo desde otras plataformas de participación ciudadana distintas. Porque existe un férreo control interno en los partidos, que ahoga cualquier intento de cambio desde dentro, primando la autocomplacencia y los intereses personales. Porque cada vez más, estas organizaciones políticas y sindicales son rehenes de los poderes económicos transnacionales y de los medios de comunicación, que exigen favores en forma de políticas públicas que les beneficien por acción u omisión.

La duración y profundidad de la crisis va a ser clave para que el nuevo escenario que salga de ella consista en un simple lavado de cara del capitalismo neoliberal o bien devenga en nuevas formas de organización social, económica y política. La unidad de acción de las izquierdas será más factible cuanto peor se pongan las cosas… desgraciadamente. Pero sólo a través de esa unidad podrá articularse una respuesta con garantía de futuro… afortunadamente.

lunes, 9 de marzo de 2009

El País censura un artículo de Le Mon Diplomatique




LO QUE EN PRISA ENTIENDEN POR OBJETIVIDAD,TRANSPARENCIA PROFESIONALIDAD, LIBERTAD DE PRENSA Y DERECHO A LA INFORMACIÓN




El departamento de publicidad del diario El País transmitió el jueves 5 de marzo a la administración de Le Monde diplomatique en español la decisión siguiente:
"El anuncio contratado por Le Monde diplomatique para insertar en Babelia el próximo día 7 de marzo, no se va a publicar. El motivo, es que no ha dado su autorización la redacción de EL PAIS".
Desde hace tiempo (más de cuatro años), cada mes, nuestra publicación contrata, en páginas de El País, un anuncio en el que se destacan los principales artículos publicados en Le Monde diplomatique en español del mes en curso. Hasta ahora estos anuncios nunca habían sido vetados. La redacción de El País no ha considerado necesario dar una explicación a este flagrante acto de censura.

Sin embargo la causa del veto parece evidente. En el anuncio (publicado este domingo de marzo de 2009 en el diario Público) se hace alusión al artículo titulado "El grupo PRISA se tambalea" cuyo autor, Pascual Serrano, revela la verdadera y gravísima situación económica del grupo PRISA. Una situación que, hasta ahora, el diario El País ha ocultado a sus lectores.

El artículo, se publica en la portada del número de marzo de Le Monde diplomatique en español (actualmente en venta en los quioscos). En él Pascual Serrano disecciona al detalle la situación del grupo mediático español. Entre sus conclusiones señala que “uno de los errores de PRISA podría haber sido buscar a toda costa un fuerte crecimiento que le garantizase ser un agente de poder político en España y América Latina, algo que sin duda logró, pero a costa de perder solidez empresarial”. Según el analista, con su actual línea editorial en América Latina de agresividad permanente contra los gobiernos progresistas, que ha superado a los medios tradicionales de derechas, “el futuro del grupo se encuentra más en peligro que nunca”.

La dirección y la redacción de Le Monde diplomatique en español encuentran sorprendente que un diario como El País, que pretende ser una referencia en materia de ética periodística, le oculte a sus lectores el verdadero estado de su situación económica y que ese afán le conduzca a cometer un claro acto de censura.

Cumbre del G-20. Decepcionantes propuestas del Gobierno Español




Juan Torres López
Sistema Digital


La próxima reunión del G-20 sobre la crisis financiera se está haciendo esperar con razón. Desde la anterior de Washington prácticamente no se han tomado medidas que pongan freno definitivo a los problemas financieros, salvo las que ya se habían adoptado para rescatar bancos y, en otro orden, para tratar de paliar sus efectos en la economía real.

Es una reunión que debería ser trascendente y en la que sería muy necesario que se plantearan y adoptaran medidas no solo coyunturales sino de medio y largo alcance. Aunque los que allí se van a reunir representan mucho poder pero no a todos los intereses afectados del planeta, lo cierto es que constituye un escenario apropiado para que los gobiernos pudieran mostrar no solo preocupaciones inmediatas sino propuestas de vías definitivas de solución a problemas y modos de funcionamiento que de no atajarse pueden convertirse en amenazas crónicas para la estabilidad económica y mundial en todo el planeta.

Hubiera sido muy importante, pues, que el gobierno español que tanto ha luchado por estar presente se hiciera notar allí con ideas renovadoras y eficaces pero las diez propuestas que llevará son francamente decepcionantes.

La primera de ellas se refiere a la necesidad de que los estados dispongan de información más transparente sobre las operaciones de alto riesgo, sobre las cuestiones más relevantes de la actividad bancaria y, en general, sobre las transacciones extrabursátiles o interbancarias que hasta ahora se llevan a cabo.

Es una medida necesaria pero a estas alturas totalmente insuficiente. No es la falta de información lo que ha constituido y constituye un peligro para la economía mundial sino la realización de ese tipo de actividades que se pueden hacer gracias al régimen de plena libertad del que disfrutan los propietarios de capital. Y lo que hoy día se necesita no es solo que los gobiernos puedan saber que se llevan a cabo operaciones de altísimo riesgo, sino desincentivarlas y limitarlas poniendo límite a esa libertad de movimientos que no tiene otra justificación que no sea la de facilitar la obtención rendimientos financieros elevadísimos pero con el altísimo coste general que estamos sufriendo.

La segunda propuesta es la de que se establezcan provisiones anticíclicas como las españolas para que las entidades financieras no dejen de lado su función en momentos críticos como los actuales.

Por un lado, cabe señalar que nuestro régimen de provisiones no ha sido capaz de evitar serios problemas en algunas entidades y que quizá no lo evite en un futuro próximo, de modo que quizá en unos meses nuestro sistema de supervisión no resulte ser tampoco el más ejemplar. Lo que ha empantanado a la banca mundial no es que no hubiera realizado provisiones suficientes sino que ha llevado demasiado lejos la titulización, el apalancamiento y la asunción de riesgos, llevada como ha estado por una irrefrenable búsqueda de beneficios en los mercados especulativos.

La propuesta de nuestro gobierno consiste en pedir que los bomberos (entre los cuales, por cierto, hay algún que otro pirómano) acumulen más agua en sus depósitos cuando lo que ocurre es que una banda de desalmados incendia irresponsablemente la ciudad. Es verdad que habrá que hacerlo, pero si al mismo tiempo no se ponen límites a esto último incluso el incremento de provisiones llegará ser insuficiente, como ahora mismo estamos viendo que sucede en casi todo el mundo.

La tercera propuesta se refiere a la fijación de mejores estándares contables que eviten la sobrevaloración de activos. Una propuesta por supuesto imprescindible pero difícilmente calificable si se tiene en cuenta que el gobierno que ahora la propone fue el que permitió hace pocos meses (siguiendo la norma de la Unión Europea) que las entidades financieras contabilicen sus activos al precio de adquisición y no de mercado para ocultar las pérdidas patrimoniales y la insolvencia que, en consecuencia, se pueda estar produciendo.

La cuarta propuesta habla de "conferir poderes a los clientes minoristas" pero a través de propuestas que para nada tienen en cuenta los medios más eficaces con los que este objetivo puede alcanzarse de veras: empoderando a la sociedad civil y a sus instituciones de participación y denuncia y fortaleciendo los mecanismos de control y la disciplina a la que debe estar sometida la banca, más que confiando en medias que nazcan de esta última o en su propio sentido de la responsabilidad, cuyo verdadero alcance ya se ha podido comprobar.

La propuesta de controlar las retribuciones es un brindis al sol que puede agradecer la grada pero poco operativo. Las entidades privadas que se juegan su capital propio tienen todo el derecho a establecer la retribución que mejor consideren. Otra cosa es lo que ocurra con las que disponen de capitales públicos y ahí sí que ha podido intervenir ya el gobierno y no lo ha hecho. Podría haberlo hecho recientemente cuando ha establecido condiciones para apoyar a las que están en peor situación y podría hacerlo con las cajas de ahorro controladas por personas afines al poder político y en cuyos consejos de administración se sientan docenas de altos dirigentes de los partidos disfrutando de ingresos y dávidas que provocarían un escándalo social mayúsculo si se hicieran públicas.

Una siguiente propuesta del gobierno se orienta a que las entidades financieras asuman los costes sociales derivados de su fracaso. Algo que es también prácticamente imposible de asumir en las condiciones en que se lleva a cabo hoy día la actividad bancaria, al menos a corto plazo. Una cosa sería el fracaso inherente a cualquier actividad económica y otra el que se está produciendo actualmente, como resultado de un régimen global de actuación que en sí mismo no puede llevar sino a ese fracaso porque es materialmente insostenible. ¿No sería más lógico también en este caso hacer frente al tipo de actividad que se permite y que está condenado a provocar la inestabilidad permanente, en lugar de limitarse a establecer una proposición sobre sus resultados que sería prácticamente imposible de llevar cabo si no es a lo largo de muchos años?

En cualquier caso, no parece que el gobierno haya sido muy coherente consigo mismo pues podría haber establecido algún tipo de cautelas en el sentido al que apunta esta propuesta cuando ha apoyado a los bancos y cajas españolas en los últimos meses.

Finalmente, otras propuestas hacen referencia al funcionamiento del Fondo Monetario Internacional y al de los bancos multilaterlaes, instituciones sobre las que el gobierno español propone que asumen un mayor protagonismo con medios más potentes y flexibles.

En resumen, se trata de propuestas verdaderamente inocuas ante la gravedad de la situación financiera en la que estamos y, sobre todo, que dejan de lado aspectos fundamentales que incluso algunos gobiernos más conservadores están dispuestos a asumir ante el fracaso del fundamentalismo de mercado imperante en los últimos años.

El gobierno español no propone nada sobre las cuestiones que hoy día son las que verdaderamente han provocado la debacle financiera: la inestabilidad y el riesgo sistémico que provoca la libertad de movimientos del capital, el privilegio de las actividades especulativas, la existencia de paraísos fiscales y de secreto bancario que permite operar con la falta de transparencia que se denuncia, la casi nula contribución fiscal de los beneficios financieros, la desnaturalización de la actividad bancaria, al dedicarse los bancos a alimentar los flujos especulativos en lugar de a financiar la actividad productiva, la carencia de impuestos internacionales cuando toda la actividad financiera y mucha de la económica ya es global, la falta de supervisores financieros globales (e incluso a nivel europeo) y, por supuesto de un auténtico y cada vez mas necesario gobierno global.

Tampoco hay un ápice de autocrítica sobre la actuación de los propios gobiernos ni sobre la de la Unión Europea que en todos estos años han alimentado políticas que han dado alas a la especulación financiera, que han debilitado la actividad productiva y que han renunciado expresamente a la una supervisión rigurosa y estricta. Y para colmo vuelve a recurrir a los mismos tópicos de siempre, a pesar de que hoy día la realidad más evidente ha vuelto a ponerlos en cuestión de forma más clara que nunca, como cuando afirma que lo que se necesita es "un compromiso político renovado con el libre mercado".

En fin, una oportunidad perdida para que nuestro gobierno hubiera mostrado que en el trascendental campo de las finanzas internacionales y de la respuesta a la crisis es menos fundamentalista y está más a la izquierda que incluso gobiernos conservadores que han ido mucho más lejos que el nuestro en sus propuestas transformadoras.

(El texto completo de la propuesta española puede verse aquí:

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla).
Su página web: http://www.juantorreslopez.com

domingo, 8 de marzo de 2009

Los trapos sucios del sistema

Fuente: "El País" Negocios
Borja Vilaseca 08/03/2009

El libro y el audiovisual que denuncian que "la globalización está corrompida"





"CONFESIONES DE UN GÁNGSTER ECONÓMICO. LA CARA OCULTA DEL IMPERIALISMO AMERICANO"

John Perkins

"Nadie es más esclavo que aquellos quienes falsamente creen ser libres". Estas palabras del filósofo y dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) están más de actualidad que nunca. Al menos así lo afirma John Perkins en su polémico Confesiones de un gángster económico. Aunque muchos intentaron impedir su publicación, finalmente vio la luz en 2004, convirtiéndose en un best seller en Estados Unidos.

Y no es para menos: se trata de la confesión de un hombre que vendió su alma al diablo para enriquecerse personalmente, trabajando entre 1971 y 1981 como gánster económico para la CIA a través de consultoras privadas que no tuvieran oficialmente ningún vínculo con el Gobierno norteamericano. Esta obra ha vuelto a cobrar protagonismo a raíz del reciente estreno del documental Zeitgeist Addendum, de Peter Joseph, inspirado en el testimonio de Perkins y que ya han visto gratuitamente a través de Internet más de 30 millones de espectadores en todo el mundo.

Además de su vivencia personal, Perkins explica sin pelos en la lengua que la función de estos agentes secretos consiste en "identificar países que tengan recursos codiciados por las grandes corporaciones norteamericanas". Seguidamente, "concretan un gran préstamo desde el Banco Mundial y el FMI", pero lo cierto es que "el dinero nunca va realmente al país en vías de desarrollo, sino a las empresas asignadas a implementar proyectos e infraestructuras en dicho territorio, beneficiando tan sólo a su élite más rica y marginando por completo a la mayoría pobre". De ahí que sólo firmen presientes corruptos, favoreciendo así los intereses norteamericanos.

Una vez cerrado el trato, el país entero debe asumir las consecuencias de la deuda contraída con Estados Unidos. "Se trata de una cantidad tan enorme que no es posible pagarla, con lo que el Gobierno corrupto del país endeudado vende a estas corporaciones norteamericanas los derechos de explotación de todos sus recursos naturales y sus compañías públicas, incluyendo sus servicios sociales, sus aseguradoras y sus sistemas educativos y penales". De ahí que Perkins lo defina como un "proceso de aniquilamiento económico total".

Más allá de esta cesión manipulada, los gánsteres económicos también obligan a estos países a construir bases militares americanas, así como a apoyar la agenda del Gobierno de Estados Unidos en materia de Asuntos Exteriores, validando invasiones y guerras contra otros países. Además, "con el tiempo la deuda tan sólo hace que crecer, con lo que no les queda más remedio que contraer nuevas deudas con tipos de interés más elevados, perdiendo por completo su independencia y libertad económica".

Entre otros "países esclavizados por la deuda", Perkins destaca Irán (1953), Guatemala (1954), Ecuador y Panamá (ambos en 1981). A diferencia de otros líderes de estado, el denominador común de sus cuatro presidentes, Mohammed Mossadegh, Jacobo Arbenz, Jaime Roldós y Omar Torrijos, respectivamente, era que "no se dejaron sobornar y corromper" por gánsteres como Perkins.

"Estos cuatro líderes pretendían destinar los beneficios obtenidos de sus recursos naturales para mejorar las condiciones de vida de la población nativa, algo que atentaba contra los intereses norteamericanos". De ahí que tuvieran que intervenir los denominados "chacales", cuya misión es "derrocar a dichos gobiernos, asesinando a sus líderes tratando de que sus muertes parezcan accidentes". Si éstos fallan y como última medida, "interviene directamente el Ejército de Estados Unidos", apunta Perkins. Su excusa: "Luchar en contra del terrorismo mundial para garantizar la seguridad nacional de la primera potencia mundial".

Detrás de estas operaciones se encuentra un "imperio clandestino dirigido por la llamada Corporatocracia, compuesta por la élite política, empresarial y financiera de Estados Unidos". Y en opinión de Perkins, "este proceso de manipulación de la Corporatocracia a través de la deuda, los sobornos y los derrocamientos políticos se le está llamando globalización".

Para ver el documental 'Zeitgeist Addendum': VISUALIZAR


miércoles, 4 de marzo de 2009

El problema político de la crisis financiera y económica



Juan H. Vigueras - Comité Científico de ATTAC España

En diciembre 2008, el discurso de Nicolás Sarkozy para la presentación en Douai, cerca de Lille, de su plan de reactivación económica incluía un párrafo muy lúcido sobre la actual crisis: «La crisis que atravesamos no es una crisis pasajera, no es una simple crisis coyuntural cuyas huellas estén llamadas a borrarse enseguida, esta crisis persiste y afirmo que es estructural porque va a transformar durante largo tiempo la economía, la sociedad y la política»

Pero de ese análisis, ni en Francia ni en España se han extraído las lógicas consecuencias políticas frente a una crisis que afecta a todo el sistema económico. Porque hasta ahora los gobiernos no han tocado el modelo bancario y financiero, que está en el origen de la crisis.

Por tanto, la crisis financiera, que es estructural, sistémica y global, se ha convertido en crisis económica diferenciada según los países; y amenaza con generar una crisis social y política también diferente según los países.

Porque lo que ha hecho crisis es el modelo político-económico actual dominado por las finanzas. Y esta crisis generada en Wall Street, primero se reflejó en la restricción de créditos en los mercados mayoristas interbancarios como vimos con las subidas del euribor. Y actualmente esa falta de crédito se ha trasladado a la economía real.

Por tanto, las causas inmediatas de la crisis económica están claras:

-El crédito minorista escaso y caro, según la Encuesta de las Cámaras de comercio.

-Los sectores más afectados son la construcción y la fabricación de bienes de consumo duradero, como es el caso de la industria del automóvil.

-Y el efecto general es evidente: cuanto mayor dependencia del crédito, mayor desempleo y paralización.

Ante esta situación de crisis provocada por el descontrol de las finanzas, para mantener el funcionamiento del sistema, los gobernantes idearon los préstamos y las ayudas a la banca con dinero de los contribuyentes. Una política que no ha dado resultados porque no ha logrado impedir la recesión económica ni ha logrado la reactivación.

Para comprender esta crisis y el fracaso político de los gobiernos, hay que tener presente la transformación producida en el sistema bancario y financiero durante los años noventa.

En las últimas décadas, el neoliberalismo de izquierda y de derecha desvió las finanzas y la banca de su función básica como instrumento de financiación de la actividad económica, facilitando los pagos y los créditos, para transformarse en un instrumento de ganar dinero para sí misma al margen de las necesidades de la economía, gracias sobre todo a la opacidad de su funcionamiento que oculta información sobre sus transacciones internacionales.

Porque estamos en la UE y esta llamada Unión no controla las finanzas. Es solamente un “espacio financiero” sin fronteras para el dinero y sin supervisor para las Bolsas ni sobre los bancos, que no son competencia del BCE. Por eso, los rescates bancarios han fracasado y no han logrado reactivar el funcionamiento de la economía:

Porque mantienen la banca en la sombra con filiales y sociedades en paraísos fiscales y con sus redes offshore para operar con opacidad.

Porque mantienen la autonomía de la banca, dedicada a la especulación financiera y desvinculada de la economía real.

Porque mantienen a directivos con sus propios objetivos de gestión que ante todo buscan sanear cuentas y lograr el desendeudamiento.

Y es que los bancos de hoy ya no son los tradicionales bancos de depósito que remuneraban las cartillas de ahorro y prestaban dinero a la industria. No viven de los préstamos a las empresas y a los particulares como nos quieren convencer.

Los bancos actuales son, ante todo, banca financiera que opera en las Bolsas y en los mercados descontrolados de todo el mundo. Actúan en los mercados financieros globales directamente o como intermediarios o brokers, según hemos visto con el caso Madoff. Se hacen grandes préstamos entre sí y realizan adquisiciones y fusiones con otros bancos o con empresas en cualquier lugar del mundo, etc.

De ahí por qué todos los indicios apuntan que las ayudas recibidas del Estado están siendo utilizadas para el saneamiento de sus cuentas, para pagar sus deudas propias, para desendeudarse.

En el caso de la banca española, se sabe que el 40 % de su balance depende de la financiación en los mercados mayoristas internacionales. Se sabe que el insuficiente ahorro nacional llevó a la banca española a buscar financiación en los mercados internacionales mediante emisiones de títulos de renta fija. Y ese endeudamiento exterior se cuantifica en 100,000 millones de euros para este año de 2009.

Los bancos hoy son operadores financieros que hacen grandes negocios con la especulación en los mercados, comprando y vendiendo activos financieros y distintas formas de dinero. Por eso en lugar de plantear más reformas laborales, el gobernador del Banco de España debería ocuparse de sus responsabilidades y, como ejemplo, contestar esta pregunta que le hacemos desde esta tribuna:

¿Por qué no nos informa de la composición y el valor real de las carteras de títulos extranjeros en poder de los Bancos y las Cajas de Ahorro españolas?

Según la información internacional disponible, tenemos que suponer que la banca española tiene valores extranjeros en sus carteras, con títulos hoy muy afectados por la crisis de los mercados financieros, que han reducido su volumen y algunos ya casi no se venden ni se compran; y cada semana valen menos.

Por eso el gran problema técnico que tiene la banca es saber cual es realmente hoy el valor de mercado de esos títulos en cartera que ya no se comercian, para que las cuentas oficiales sean reales y sepamos cuales son insolventes.

Y una de las explicaciones de esa falta del crédito que la banca tendría que conceder, es que el dinero público de las ayudas recibidas se utiliza para capitalizarse, para mantener su nivel legal de solvencia, tapando esos posibles agujeros contables que puedan generarle los valores extranjeros adquiridos en los diferentes mercados hoy en crisis.

Y tenemos que añadir un asunto que no nos aclara nunca nuestro gobernador del Banco de España como es el de la valoración y la composición de las carteras de importantes Bancos y Cajas, teniendo en cuenta sus filiales en Las Caimán y otros notorios paraísos fiscales offshore. Y tampoco nos cuenta las necesidades extraordinarias de provisionamiento frente a la dudosa rentabilidad de esas carteras bancarias con valores extranjeros incobrables.

Porque los bancos españoles son agentes financieros globales y la información internacional nos dice que, al menos tres tipos de productos e instrumentos financieros opacos componen actualmente las carteras de valores de la banca mundial, títulos muy “tocados” por la crisis de los mercados financieros.

-- Primero, está el caso más conocido de los valores llamados tóxicos por estar respaldado por hipotecas subprimes impagadas, pero de difícil valoración. En diciembre pasado, el máximo ejecutivo del banco británico Lloyds TSB Group aseguraba que solo se había contabilizado un tercio de valores “subprimes” en el mundo; quedaban todavía por aflorar dos tercios

-- Luego tenemos, los títulos basados en deudas impagadas de tarjeta de crédito de ciudadanos estadounidenses. Es muy sabido el desmesurado endeudamiento de los hogares estadounidenses resultado principalmente de los bajos salarios y de las facilidades crediticias que las entidades.

Pero se conoce menos que los bancos estadounidenses diseminan por todo el orbe esas deudas muchas incobrables, vendiéndolos empaquetados en los mercados financieros libres y descontrolados. Y es evidente que la crisis económica ha aumentado los impagos y la consiguiente devaluación de los títulos basados en esas deudas. Un mercado que se estima en unos 100,000 millones $ para 2009. Y colegimos que alguna parte de ese importe total debe andar por las cuentas de la banca y cajas españolas.

--Además, tenemos de los derivados de crédito conocidos por las letras CDS (crédito default swaps), una modalidad de seguro contra el impago del prestatario o titular del bono, negociables en los mercados globales, por lo que los hallamos en las carteras de todas las grandes compañías y los bancos importantes. Porque lo que comenzó un razonable seguro de crédito se convirtió en un instrumento de especulación en el casino de los seguros de empresa.

En Octubre de 2008 el volumen del mercado de CDS se cifraba en 74 billones (doce ceros) de dólares, equivalente aproximado al valor del PIB mundial. Y hemos de suponer razonablemente que una amplia cuota de las carteras de la banca española se compone de contratos CDS. Y son una fuente de riesgo financiero creciente en economías en recesión, porque cuanto peor está una empresa, más elevada es la indemnización asegurada en caso de impagos de sus créditos. Y las últimas informaciones señalan la congelación de este mercado. Por tanto, el Banco de España debería realizar algunas averiguaciones de su incumbencia para poder informar al gobierno y a la ciudadanía.

Como decíamos al comienzo, la política de ayuda a la banca ha fracasado. Los gobiernos tienen que aplicar políticas activas contra el paro y para la reactivación económica, incluyendo el recurso al Banco Europeo de Inversiones que es único banco en Europa que tiene dinero porque es público, es un banco de todos los Estados miembros.

Pero los gobiernos tienen que plantearse reformas del modelo financiero para que sirva de verdad a las necesidades de la economía. Unas reformas que podrían incluir estas medidas que enumeramos y que permitirían superar la crisis en España y en la Unión Europea:

1. Ayudas y avales públicos para Bancos y Cajas siempre que supriman antes la banca en la sombra y las filiales en paraísos fiscales offshore.

2. Recuperación de una banca pública y que las Cajas de Ahorro dejen de ser operadores financieros al servicio de la oligarquía regional, como en el caso de Madrid.

3. Algunas reformas urgentes contra la desregulación financiera en la UE:

-Regulación del “espacio financiero europeo” para que haya un supervisor que controle las operaciones transnacionales incontroladas por los Bancos centrales europeos.

-Modificación art. 56 TCE para que los Estados de la Unión puedan legalmente controlar movimientos de capitales extracomunitarios.

-Establecimiento de un cierto Gobierno compartido para los 16 países del Eurogrupo.

En resumidas cuentas EL PROBLEMA POLÍTICO DE HOY en España como en la UE, no es que la banca restringe los créditos sino que los Estados y la Unión carecen de recursos institucionales para que el crédito afluya a las empresas y a los particulares.

domingo, 1 de marzo de 2009

Algunas peticiones de un ciudadano al Gobierno para llevar a la Cumbre del G-20

Antonio Fuertes Esteban
Comisión de Justicia Fiscal Global de ATTAC España


Ante la imperiosa necesidad de los adalides y gestores del capitalismo de "reformar el sistema" dado que los abusos continuos han minado toda su escasa credibilidad, el grupo de países denominado G-20 tiene - entre otros- en su próxima cita un debate inexcusable e impostergable de gran calado y es el de ¿que hacer con los centros offshore? aunque muchos de ellos lógicamente y dado que hablar en estos términos bien podría poner sobre el tapete la realidad offshore de la City de Londres o de estados como New Jersey o Delaware, prefieran hablar de paraísos fiscales, ya que en las distintas listas oficiales sobre Paraísos Fiscales no figuran un número importante de centros offshore.

En este sentido el debate y la discrepancia están servidos, pues las listas de paraísos fiscales según países y organismos internacionales varía ostensiblemente, más si se añaden supuestos como que sean colaboradores, no colaboradores o estén en la lista negra de la OCDE por no responder a los requerimientos de información.

En el mismo orden de cosas habrían de abordarse temas colaterales como el del arbitraje legislativo, en cuanto uso y abuso de la gran diferencia de regulación entre legislaciones a niveles financiero y fiscal. En este aspecto los centros offshore habrían de ser claramente y desde el punto de vista de la desregulación, desgobierno y dumping jurídico y fiscal que provocan, lugares a erradicar. Aunque el capitalismo financiero tiene difícil asumir este reto necesario, dado que asienta sus principios en la libertad de movimientos de capitales y siempre ha defendido los paraísos fiscales como territorios necesarios en la "legitima" búsqueda de ventajas competitivas.

La tradicional opacidad y escasa o nula tributación de estos territorios Offshore han resultado ser dos armas de destrucción masiva para las finanzas y la economía internacional, ello se ha demostrado claramente al desvelar el crack financiero del 2008 la práctica opaca y especulativa de los hedge founds ubicados en centros offshore, y mediante la cual han acaparado productos financieros de alto riesgo y dispersado porquería por todo el sistema, con las dramáticas consecuencias económicas y sociales que esto ha tenido.

Los lobbys empresariales e institucionales del mundo desarrollado que han venido asentando su poder económico y político sobre el arbitraje legislativo/ competitividad y la opacidad que tan bien han representado y promovido los centros offshore, están ahora en una encrucijada. O aceptan una profunda reforma en el sistema financiero internacional, o siguen empeñados en mantener los privilegios competitivos que la opacidad y el dumping fiscal promovido por los centros offshore les proporcionan. Esto último constituiría una gran temeridad dado que mantener el actual estado de cosas podría significar a corto y medio plazo el hundimiento del sistema económico capitalista en su fase de capitalismo financiero.

Es por ello que “todo el mundo” espera que en la cumbre del G-20, a la cual está invitado el Presidente del Gobierno Español - junto a presidentes y delegaciones de Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos, así como la Unión Europea, que está representada por la presidencia de turno del Consejo y el Banco Central Europeo - se afronten en serio y no solo se enumeren, sino que se propongan medidas eficaces para reglamentar el sistema financiero internacional y entre ellas como se va a establecer la transparencia necesaria del sistema, ante lo cual necesariamente se han de tomar radicales medidas contra los centros offshore de hecho, y no sólo contra los denominados en diferentes listas como paraísos fiscales, y también medidas para regular los llamados hedge founds, así como los diversos productos derivados.

Existen predicciones y augurios de todo tipo respecto al desarrollo de La Cumbre de Londres y son lógicos, ya que diversos actores institucionales defienden en estos momentos diversas salidas a la crisis y la ciudadanía ha de estar muy alerta al desarrollo y resultados de la cumbre. No está tan claro, en cuanto las diversas inercias reguladoras, que entre los actores institucionales se de mayoritariamente en estos momentos un ejercicio de reflujo hacia el Keynesianismo y las medidas socialdemócratas, también los hay que, empeñados en conservar el mínimo coste y el máximo beneficio, están proponiendo y exigen que a cuenta de que el sistema financiero gane cuotas de transparencia y acabe con los productos de riesgo altamente especulativos, se realice a nivel internacional en compensación una profunda reforma en los sistemas tributarios, ni que decir tiene restrictiva y a la baja. Son los mismos grupos de presión que en EE.UU están buscando armas para enfrentarse a la anunciada medida del Presidente Obama de aumentar los impuestos a las rentas y capitales más altos, y todos sabemos quienes son y también los tenemos en Bruselas.

Por todo ello como ciudadanas y ciudadanos activos en defensa de nuestros legítimos intereses hemos de pedir a nuestro Gobierno y en concreto a nuestro Presidente que sea valiente pidiendo medidas contra los paraísos fiscales y para regular la existencia de fondos y productos de alto riesgo, pero al mismo tiempo que, como Obama en el aspecto fiscal, no se someta a los lobbys económicos y defienda la progresividad del sistema tributario. Esperamos que no abunde en la línea de generalizar ofertas como la de amnistías fiscales a la repatriación de capitales en paraísos fiscales, el Imperio de la Ley ha de aplicarse a todos por igual. En la cumbre de Londres y para que no pierdan los ciudadanos y ciudadanas del mundo, nuestros representantes no deberían negociar unas prebendas por otras, la fiscalidad es patrimonio de la Humanidad, reducirla significaría vulnerar derechos.