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viernes, 11 de febrero de 2022

Pero ¿Quien manda aquí? (2) La revancha de los rentistas




Preguntarnos por la naturaleza del poder político requiere diversas reflexiones: En qué consiste y bajo qué forma se representa, el territorio o unidad política en la que se ejerce, cómo se distribuye el poder en la sociedad… Es en este punto donde cabe preguntarse sobre el grado de poder que adquieren los representantes electos para poder decidir y gestionar políticas basadas en el encargo delegado por la sociedad y por su propio programa político.

Desde que sucumbió el bloque soviético, en el que el poder estaba concentrado en los aparatos del Estado, fue el capitalismo el que heredó la faz de la tierra. La falta de contrapoder global supuso la extensión del libre mercado, al mismo tiempo que el cuestionamiento de lo que de estado había en las ideas políticas socialdemócratas y en el Estado de bienestar. Los conservadores anglosajones adoptaron el ideario del neoliberalismo a final de los 70 y éste impregnó en los 90 la socialdemocracia, que por medio de la llamada Tercera vía transformó su sustancia de facto en social-liberalismo. Las políticas neoliberales, iniciadas con Ronald Reagan y Margaret Thatcher prendieron en todo el globo, que cada vez más constituyó una finca global de las grandes corporaciones, fueran estas privadas, o estatales en antiguos países comunistas o emiratos árabes.

Con el desarrollo de la globalización financiera se ha transformado la naturaleza de la acumulación capitalista y hemos de hablar de beneficios sin acumulación, que son aquellos que ya no se reinvierten en las empresas centrales, sino que buscan vías de inversión más rentables en la especulación financiera o en inversiones y factorías de países no desarrollados, buscando ventajas competitivas. Al tiempo que el desarrollo exponencial del capital ficticio en el conjunto de la economía ha supuesto grandes transformaciones en los equilibrios globales de poder.

Si con el desarrollo inicial del neoliberalismo en los 80 el mercado infringió un duro castigo a la sociedad reduciendo el estado de derecho, con el hiperdesarrollo del sector finanzas en la economía en los 90 y posteriores, el capitalismo productivo mutó globalmente en capitalismo financiero, originándose una economía financiarizada. Hoy día por cada flujo de unidad monetaria que se mueve en el desarrollo de la economía productiva, se mueven 100 en la economía especulativa. Esto pervierte cualquier tipo de bondad que en el pasado se haya podido atribuir a un supuesto sistema capitalista de  ”rostro humano” y convierte la economía en un juego de casino en el que, en función del enriquecimiento ilimitado y el poder que proporciona, una minoría de plutócratas depredan las vidas y el planeta en una carrera despiadada y sin sentido hacia ninguna parte.

Hablar de poder hoy en un mundo mercantilizado y monetizado al extremo, es hablar de la capacidad de los capitales rentistas, que se benefician de la producción pero no se implican en ella, tienen para generar beneficio desposeyendo a las sociedades de lo común y parasitando la economía. Los máximos agentes de este capitalismo rentista son bancos y corporaciones globales, aseguradoras y grandes fondos y carteras de fondos de inversión o de pensiones. Estos agentes actúan a través de la deslocalización productiva y fiscal, mercados bursátiles, el crédito-deuda, y la especulación con todo tipo de activos directos o derivados. Su revancha consistió en haber sabido aprovechar la crisis del capitalismo en los 70 para conseguir que los gobiernos implementaran normativas que extinguieran los controles a los que le sometió el capitalismo de Post-Guerra. Así que han impuesto de nuevo sus reglas de juego monetaristas, bajo la tutela inicial del conservadurismo anglosajón y la dirección de la Escuela Neoliberal de Chicago y más tarde de diversas instituciones de post-Guerra (BM, FMI, OCDE, GATT, OMC, UE, WEF).

Mientras a este estado de cosas y la enorme desigualdad que genera, se le sigue llamando democracia, los diversos partidos políticos pretenden que la ciudadanía les delegue, a través del voto, un poder que este sistema no pone de facto en manos de sus representantes. La globalización financiera ha acabado convirtiendo los estados concretos en “fincas particulares de los capitales globales” a través de los principios de competencia, liberalización, desregulación y privatización. Lo que mueve el mundo de la vida hoy es fundamentalmente la lógica de los inversores. En este nuevo orden de cosas los gobiernos son, cada vez más, meros gestores del sistema globalizado sin capacidad real para hacer políticas democráticas. Es la “mano invisible” de los mercados globales y sus instituciones quienes en realidad gobiernan sobre lo más sustancial.

En este magma de poder, la soberanía popular se dilapida e invisibiliza bajo el peso de la desposesión. Se ha producido un movimiento tectónico en el necesario equilibrio democrático de poderes entre el Estado, Mercado y Sociedad. Hace décadas que se viene hablando de dictadura de los mercados sobre los estados y la sociedad.

Paralelamente a la pérdida de poder y control por parte de los gobiernos, el sistema profundiza y globaliza sus propios riesgos, al mismo tiempo que genera nuevos. Cada riesgo genera un peligro para las sociedades y el planeta, su abordaje se convierte necesariamente en cuestión política. En una fase de autoconciencia reflexiva, la sociedad podría llegar a ser consciente de los peligros y amenazas incontroladas que genera y esto, a nivel político, podría generar luchas para prevenir y/o combatir los males que se producen y las responsabilidades de cada cual.

En una época global de interconectividad, intercausalidad e interdependecia crecientes surgen nuevos riesgos globales que generan una época de gran incertidumbre, lo que añade grandes dosis de complejidad al ejercicio de la política. La globalización financiera ha generado riesgos que impiden a los estados resolver los peligros que atenazan a sus sociedades basándose únicamente en la gestión política propia. Esto minimiza la capacidad de los estados para abordar con solvencia las causas de las crisis financiera y económica, la del mercado laboral, la del Estado de Bienestar, la del deterioro del medioambiente, de los conflictos bélicos, de la escasez de combustibles fósiles y otras industrias extractivas con sus efectos sobre la industria, del terrorismo internacional y otros riesgos globales.

Mientras las democracias políticas formales están secuestradas por los mercados, las sociedades de consumo irreflexivas e inconscientes, permanecen cautivas  reproduciendo comportamientos y valores que alimentan al gran depredador global. Podríamos decir que hoy avanza como nunca el sueño de Margaret Thatcher cuando dijo “La sociedad no existe. Hay individuos, hombres y mujeres y hay familias”. Estamos ahora en un momento de estupor social, donde menguan cada día derechos individuales y colectivos y en donde se disparan las desigualdades. No solo “el Rey está desnudo”, la sociedad también. Está por ver que esta crisis genere nuevas oportunidades en cuanto a que emerjan reactivamente nuevos movimientos sociales resistentes a sus efectos y que logren tomar el pulso a la realidad para promover las necesarias y en algunos casos apremiantes transformaciones.

Cualquier acción colectiva se inicia y desarrolla en un marco territorial, pero no nos podemos reducir a él. El marco estatal difícilmente crea emancipaciones estables y sostenibles, porque el marco global establecido es mayoritariamente de competencia y en él todas las sociedades luchan por conquistar beneficios, muchas veces a costa de otras sociedades, ello retroalimenta riesgos y conflictos que dificultan la paz y la gobernabilidad global.

Deconstruir el actual estado de cosas es el reto de cualquier fuerza emancipadora hoy, sea a nivel social o político. Es ya hora de plantearse un necesario y cada vez más apremiante salto cualitativo en las respuestas desde la política y la sociedad, que habrá de remover los estatus de ciudadanía. Enfrentarse hoy a los riesgos globales requiere de un compromiso y conciencia en tránsito hacia un sentimiento de ciudadanía global, ante los riesgos comunes como especie.

No hemos de dejar el cosmopolitismo y el internacionalismo en manos de los inversores globales. Ulrich Beck nos habla de una revolución cosmopolita de signo republicano y llama a los artífices de esta revolución “los hijos de la libertad” que constituirían una comunidad que trascienda la territorialidad y que luche por combatir la globalización capitalista mediante valores cosmopolitas y objetivos internacionalistas. Organizar estas redes de ciudadanos y ciudadanas sería la herencia más honrosa para aquellas grandes personas que en los siglos XIX y XX viajaron por el Mundo organizando las Internacionales contra la explotación capitalista.

 

 

 

 

 



jueves, 23 de julio de 2020

¿Hay salidas a la dictadura de los mercados, bajo la cáscara de democracia liberal, en la era global?





Quien haya visto la excelente película del director Sydney Pollack “Danzad, danzad, malditos” no tendrá dificultad en establecer un cierto paralelismo, en cuanto a posible representación simbólica de su argumento, con el desarrollo de los actuales procesos electorales y de investidura maratoniana en nuestras democràcies liberales.

Mientras la música continúa sonando en la pista de las performances democráticas y las gentes siguen apostando por aquellos candidatos que mejor sobrelleven el cansancio en el baile electoral post-crisis, en los accesos a la fiesta siguen apostados y controlando la pista de baile los que siempre han hecho negocio con todos los espectáculos, los que han sacado réditos de todas las crisis, los plutócratas de turno.  Al mismo tiempo que los susodichos mantienen su apuesta política preferente bien situada desde los altavoces del recinto patrio bajo su control.

Focos y cámaras no dejan por un segundo de cubrir a los líderes representantes de este espectáculo, que acaparan así la exclusividad en las expectativas políticas de las gentes. El mañana se está jugando mediante un baile maratoniano de declaraciones, posicionamientos, cifras y pactos que se nos tratan de mostrar, mediante un totum revolutum, como el universo de las propuestas políticas con respecto a lo posible. Por lo enconado de la contienda podría deducirse que los vencedores habrían de ser, de facto, los líderes que en el futuro pudieran cambiar nuestra situación, haciendo posibles los deseos de quien en ellos confían; que fueran a ostentar el poder de decisión sobre lo sustancial que afecta a lo particular y lo colectivo.

El premio, para estos aventureros del espectáculo electoral, sería poder ejercer su profesión política en el gobierno de la nación, durante un tiempo estipulado en el que tendrían el honor de servir al bien común de la comunidad política que los ha elegido y muy especialmente el privilegio de priorizar y favorecer el de sus votantes y/o fuerzas sociales o económicas que les dan apoyo.

Hasta aquí se podría argumentar el guion pre-diseñado de este momento estelar de la democracia, el de la elección de las candidaturas más apoyadas por la ciudadanía y el consiguiente proceso de investidura, en un ejercicio necesario como ritual de delegación de la soberanía popular. No obstante este ritual tiene una forma y un fundamento establecidos desde el sistema que periódicamente monta esta “fiesta” electoral.

Gui Debord y el movimiento Internacional Situacionista, que alimentó el espíritu del Mayo francés, argumentaron sobre lo que denominaron Sociedad del  Espectáculo. Lanzaron este constructo contra la cara-espectáculo de la sociedad y sus ritos y en concreto también en lo que afecta a la máscara de las categorías políticas representativas. Las elecciones en esta sociedad del espectáculo se producirían como una realidad ritual, una forma procedimental caracterizada y pre-establecida desde el Poder. La representación se muestra así como algo más real que la experiencia vivida y  somete al individuo a la condición de espectador pasivo y a aceptar pasivamente el estado de cosas existente. Los ritos de la sociedad del espectáculo retroalimentan continuamente los aspectos míticos del poder.

El mito demócrata liberal del poder como soberanía popular es el más extendido y compartido de la política desde las revoluciones  francesa y americana hasta nuestros días. Como todo mito cumple una función de anclaje de la representación en un ideario, que es el ideario que acompaña a los procedimientos implícitos en los rituales democráticos.

Contrariamente a la idea de soberanía popular plasmada en los ordenamientos legislativos, un buen número de autores desde la política, la sociología, la economía o la filosofía han abundado en el aspecto ritual y mítico de la democracia liberal o formal. En realidad muchos son los autores que han hablado de la realidad elitista de las democracias occidentales. Las élites políticas, militares y económicas, decía el sociólogo norteamericano Wraight Mills en los años 60 del siglo pasado, poseen un punto común sobre el Mundo que hacen prevalecer e imponen socialmente, pero por encima de todas está la élite económica que predomina sobre todas las demás. Fue un politólogo, precisamente liberal, Robert A. Dahl quien en los 70 habló de que el ordenamiento democrático constituía en realidad una Poliarquía, en donde diferentes oligarquías políticas competían por obtener el poder. Aunque el caso es que como muy bien señaló Wraight Mills, el poder político siempre ha sido subsidiario del económico en los actuales sistemas democráticos.

Pero sobre todo y como ha ilustrado el marxismo epistemológico, la democracia liberal hoy no es sino el telón de fondo donde se reproduce la lucha de clases como motor de la historia, en el sistema capitalista actual. En esta democracia formal, el logro democrático igualitario de facto vendría dado por la derrota parlamentaria de las fuerzas capitalistas oligárquicas, siendo que, cada vez más, se constata cómo una democracia real es estrictamente incompatible con el sistema capitalista. Como explicitaron teóricos sobre la democracia en diversas épocas, como Alexis de Tocqueville o Norberto Bobbio, la democracia, aparte de con la libertad de voto, tiene mucho que ver con las cuotas de igualdad conseguidas en la sociedad; ha de ser procedimental y sustancial.

Finalmente, las teorías anarquistas desde el socialismo libertario desconfiarían de cualquier forma de estado como garante de la democracia posible y propondrían organizar la sociedad en torno a confederaciones de comunidades o comunas libres y autogestionadas. El mayor valor de las corrientes diversas de pensamiento libertario, ha sido los valores que han proyectado en diversos movimientos sociales y sociedad crítica. La democracia directa, radical, participativa y la crítica de la representación, reivindicando otras formas de hacer política, más consultas ciudadanas y una democracia informada y de base. Estos han sido avances sociales teñidos en parte de algunos valores que los movimientos libertarios han ido imprimiendo en la sociedad.

Llegados a este punto, surgen preguntas inevitables que nos enfrentan a la verdad desnuda de la política ¿Quién tiene poder y cómo lo ostenta?

Hemos de preguntarnos por la naturaleza del poder político, en qué consiste y bajo qué forma se representa.  También establecer el territorio o unidad política en la que se ejerce. Otra pregunta es cómo se distribuye el poder en la sociedad. Así mismo hay hoy que preguntarse sobre el grado de poder que adquieren los representantes electos para poder decidir y gestionar políticas basadas en el encargo delegado por la sociedad y por su propio programa político.

Desde que sucumbió el bloque soviético, en el que el poder estaba concentrado en los aparatos del Estado, fue un solo sistema, el capitalismo el que heredó la faz de la tierra. La falta de  contrapoder global, supuso la extensión del libre mercado al mismo tiempo que el cuestionamiento de lo que de estado había en las ideas políticas socialdemócratas y en el Estado de bienestar. Los conservadores anglosajones adoptan el ideario del neoliberalismo a final de los 70  y éste impregna en los 90 la socialdemocracia, que por medio de la llamada Tercera vía transforma su sustancia de facto en social-liberalismo. A día de hoy las políticas neoliberales que comienzan con Ronald Reagan y Margaret Thatcher han prendido en todo el globo, que cada vez más se aproxima a constituir una finca global de las grandes corporaciones, sean estas privadas, o estatales en antiguos países comunistas o emiratos árabes.

Por otra parte, con el desarrollo de la globalización, se ha transformado la naturaleza de la acumulación capitalista. El desarrollo exponencial del capital ficticio en el conjunto de la economía, ha supuesto grandes transformaciones en los equilibrios globales de poder. Si con el triunfo, en los 80 y 90, de la factoría neoliberal el mercado infringió un duro castigo a la sociedad mediante la reducción sustancial del estado de derecho, con el hiperdesarrollo del sector finanzas dentro de la economía a partir de los años 90 se ha producido una mímesis importante del capitalismo global, que de una fase de capitalismo productivo ha mutado en capitalismo financiero, lo que nos lleva a hablar hoy de una economía financiarizada. Por cada euro, dólar o unidad monetaria que se emplean en el desarrollo de la economía productiva, se están moviendo  96 en la economía especulativa. Esto pervierte cualquier tipo de bondad que en el pasado se haya podido atribuir al sistema capitalista y convierte la economía en un juego de casino en el que, en función del enriquecimiento ilimitado y el poder consecuente que proporciona, una minoría de plutócratas depredan las vidas y el planeta en una carrera despiadada y sin sentido hacia ninguna parte.

Mientras a este estado de cosas económicas y la enorme desigualdad que genera, se le sigue llamando democracia, los diversos partidos políticos pretenden que la ciudadanía les delegue, a través del voto, un poder que este sistema no pone de facto en manos de los representantes. La globalización financiera ha acabado – a través de la competencia, la desregulación, la liberalización y privatización – convirtiendo los estados concretos en fincas particulares de los plutócratas globales. Lo que mueve el mundo de la vida hoy es fundamentalmente la lógica de los inversores. En este nuevo orden de cosas el papel al que esta plutocracia global quiere reducir los gobiernos, es el ser los “mayordomos” de sus fincas u estados y el papel de las administraciones se convertiría en el de ser las “amas de llaves”. Esto que en principio puede resultar aventurado y grotesco, puede no ser tanto si bien lo pensamos. En este magma de poder, la soberanía popular se hundiría e invisibilizaría bajo el peso de la desposesión. Se ha producido un movimiento tectónico en el necesario equilibrio de poderes entre el Estado, Mercado y Sociedad. Hace dos décadas que se viene hablando de dictadura de los mercados.

Paralelamente a la pérdida de poder y control por parte de los gobiernos, el sistema profundizaba y globalizaba sus propios riesgos, al mismo tiempo que generaba nuevos. Cada riesgo genera un peligro para las sociedades y el planeta, así que el abordaje de los riesgos se convierte necesariamente en cuestión política. En una fase de autoconciencia reflexiva, la sociedad puede llegar a ser consciente de los peligros y amenazas incontroladas que genera y esto a nivel político se convierte en conflictos sobre los males que se producen y las responsabilidades de cada cual. Este hecho incontrovertible, lo explica muy bien Ulrich Beck en sus libros “La sociedad del riesgo” (1986) y La sociedad del riesgo Global (2001). Esta sociedad del riesgo, arguye Beck diluye los lazos sociales, motivo por el que la sociedad sufriría un proceso de individuación creciente.

En la época global de interconectividad, intercausalidad e interdependencia crecientes surgen nuevos riesgos globales que generan una época de gran  incertidumbre, lo que añade grandes dosis de complejidad al ejercicio de la política. De todos es sabido que la globalización financiera ha generado riesgos que impiden a los estados resolver los peligros que atenazan a sus sociedades basándose en  la gestión política propia. Este es el principal factor que hoy minimiza la capacidad de los estados para abordar con solvencia las causas de, por ejemplo, la crisis financiera y económica, el mercado laboral, la crisis del Estado de Bienestar, el deterioro del medioambiente, los conflictos bélicos por los combustibles fósiles y otras industrias extractivas, el terrorismo internacional y otros riesgos globales.

Mientras la democracia está secuestrada por los mercados y el mero ejercicio político queda muy restringido por el peso de las corporaciones globales, la escasa sociedad organizada languidece entre las trampas de los cercos patrios, pues los representantes a quienes se dirigen las reivindicaciones, ya solo son meros mayordomos que gestionan las reglas de juego de los señoritos globales. Por otro lado el gran conjunto social irreflexivo e inconsciente, permanece aferrado a la reproducción de los actos y valores que alimentan al gran depredador global. Podríamos decir que hoy avanza como nunca el sueño de Margaret Thatcher cuando dijo “La sociedad no existe. Hay individuos, hombres y mujeres y hay familias».

Las crisis no generan oportunidades, solo a una minoría plutócrata, pero lo que sí sucede es que ayudan a las personas a valorar lo que se perdió con ella y a reflexionar sobre el por qué. Es esto lo que puede crear de nuevo las condiciones de construcción de nuevos entramados de movimientos sociales resistentes a sus efectos y por el cambio.

Estamos ahora en un momento de estupor social, donde se derrumban cada día derechos adquiridos a nivel económico y social y en donde se disparan las desigualdades. Sin embargo, no solo “el Rey está desnudo”, la sociedad también. Ante el gran poder del depredador global, no hay proyecto político alternativo, ni posibilidad de cohesión social crítica y de revuelta. El Mercado se ha apoderado y enseñoreado del mundo de la vida y de las instituciones.

Todas las viejas tradiciones políticas de izquierda se han quedado sin apenas discurso, porque aquí no se vislumbra hoy nada que asaltar, o por lo menos asaltable. Asaltar el Estado es difícil para la izquierda en las sociedades pluralistas desarrolladas, dado el transfondo pluralista y dividido políticamente de la sociedad. Es más, en los últimos tiempos son las fuerzas neoliberales las que ostentan la mayoría representativa en Europa y los parlamentos de todos los países desarrollados.
A esto hay que añadir que la izquierda tradicional, o bien ha sido asimilada, o bien ve chocar sus argumentos contra los muros, hoy infranqueables, de la globalización capitalista.

Deconstruir el actual estado de cosas es el reto de cualquier fuerza emancipadora hoy, sea a nivel social o político. Es ya hora de plantearse un salto cualitativo en las respuestas desde la política y la sociedad. Al Gran depredador solo hay posibilidad de ofrecerle resistencia si la sociedad y la política cambian su enfoque restrictivo territorial en exclusiva y se organizan para salir también a presentar batalla en el marco que el juego está planteado desde hace tiempo, en el terreno global.

El marco estatal está claramente incapacitado para crear emancipaciones sostenibles, porque el marco global establecido es el de competencia y en este marco todas las sociedades luchan por conquistar beneficios, muchas veces a costa de otras sociedades contendientes. Aparte de esto, como hemos podido ver en los casos de Grecia, Cuba, Venezuela, Brasil, Bolivia o Ecuador recientemente, la diferencia no se tolera. Las personas solas no son nada, los países aislados tampoco.

Cuando no es posible afrontar el paradigma de ciudadanía desde los Estados nación, la multitud global más consciente, habrá de redefinir el contexto de ciudadanía con valores que trasciendan la nación y derriben la mayor arma del capital: el haber sometido a los estados a la competencia.
No hemos de dejar el cosmopolitismo en manos de los inversores globales. Todo lenguaje se prostituye y el término cosmopolitismo hoy, como vendrá observando cualquier lector habitual, sirve para nombrar a los agentes del negocio global, que invierten no importa donde, solo que obtengan los mayores beneficios a costa de la sociedad y el planeta. El cosmopolitismo habría de ser junto al internacionalismo los dos grandes ejes de la ciudadanía global empoderada.

Cuando hace tiempo se hundió la esperanza de enarbolar internacionalmente los valores republicanos y en gran parte han sido sustituidos por los valores del neoliberalismo: Individualismo posesivo, competitividad y consumo irresponsable. La competencia nos lleva a enfrentarnos al otro y a establecer fronteras físicas, psíquicas y mentales ante él, sea persona o estado. Tendremos que dejar de construir más muros, diluir las fronteras interpersonales y hacernos ingenieros de la solidaridad y la cooperación para tender puentes, para unir pueblos. El cambio de paradigma, para salvar la vida y el planeta, ha de ser muy profundo y ha de prender en la conciencia y en los corazones.

Es tiempo ya de decir basta, de no dejar pasar, por parte de las fuerzas del cambio conscientes ni un minuto más en organizarse a nivel europeo y a nivel global. Hay en este sentido tímidos movimientos de sectores sociopolíticos de ciudadanía en Europa que habremos de seguir muy de cerca en los próximos tiempos.

Ulrich Beck nos habla de una revolución cosmopolita de signo republicano y llama a los artífices de esta revolución “los hijos de la libertad” que constituirían una comunidad no territorial que luche globalmente por combatir la globalización mediante valores y objetivos cosmopolitas. Organizar estas redes de ciudadanos y ciudadanas sería la herencia más honrosa de aquellos que en los siglos XIX y XX viajaron por el Mundo organizando las Internacionales contra la explotación capitalista.

viernes, 10 de enero de 2020

Un impuesto contra la especulación financiera, más necesario que nunca



ATTAC ACORDEM


La ineludible responsabilidad política y técnica de regular y controlar los mercados financieros ha sido demanda recurrente de prestigiosos economistas desde hace un siglo y de los movimientos sociales por la justicia económica desde más de dos décadas, dado los grandes riesgos para la economía y las sociedades de unos mercados financieros desbocados.

El Crash de 1929, que dio paso a la Gran Depresión, tuvo su origen en la falta de regulación en Wall Street, donde se dejó a los inversores operar apalancados crediticiamente hasta un 90%. En 1936 J.M.Keynes asegura que la absoluta falta de regulación en la Bolsa de New York permitió la voracidad especulativa y el Crash y dice que las transacciones especulativas, en beneficio público, han de resultar inaccesibles y caras. Propone entonces un impuesto a las transacciones financieras, que tendría un efecto estabilizador sobre los precios de los activos financieros y mejoraría el crecimiento económico y el empleo.

Las regulaciones de Bretton Woods en 1944 suponen, entre otras, medidas para el control de capitales y un nuevo patrón monetario, se establece el sistema de paridad dólar – oro (35 dólares por onza) manteniéndose fijos los tipos de cambio del dólar con respecto al resto de monedas. Pero a finales de los años 60 EE.UU tuvo que sufragar gastos extraordinarios, entre ellos la Guerra de Vietnam y el Gobierno de Richard Nixon abole la paridad en 1971. Básicamente con ello lo que EE.UU hace es dejar de pagar su deuda imprimiendo dólares sin ningún tipo de cortapisas y sin relación con sus reservas de oro. La pérdida de convertibilidad dólar-oro supone, entre otras cosas, fluctuaciones imprevisibles en los tipos de cambio, inestabilidad de las monedas y campo libre a la especulación.

Los inversores ven una oportunidad en las posibilidades de la industria financiera que se inicia y tienen necesidad de diversificar los riesgos que asumen “no meter todos los huevos en la misma cesta”, consecuentemente se han de liberalizar los mercados para pasar libremente de unos activos a otros. Para ello se promueve a nivel internacional durante los 70 y 80 la liberalización de los mercados de capital y de cambio, a ello contribuyen en la OCDE, el FMI y el BM. Esto da alas a una economía especulativa que cambia la naturaleza del mercado, ya que se impone el motivo especulativo. Attac sitúa el inicio del proceso de globalización financiera en la pérdida de paridad dólar-oro junto a la libertad de circulación de capitales.

En 1972, el economista James Tobin, al observar el espectacular crecimiento de la especulación con monedas (divisas) desde la pérdida de paridad, propone grabar con un impuesto de 0’5% los intercambios de divisas en muy corto tiempo, aquellos que no tenían por objeto la inversión productiva, sino la especulación con las monedas, dice que hay que “introducir un grano de arena” en los engranajes excesivamente lubricados de las finanzas internacionales. Coincide con Keynes en que la excesiva movilidad de capitales socava la acción de los gobiernos impidiéndoles seguir políticas autónomas y soberanas, los estados perdían soberanía económica con la especulación ya que la explosión consecuente en los mercados de cambio conlleva una excesiva liquidez y una desconexión con la economía real. Cree que hay que reactivar la capacidad de los bancos centrales para intervenir de forma efectiva en los mercados de divisas. La llamada a partir de entonces Tasa Tobin habría de contribuir a ello, si bien Tobin no se opone a la liberalización de capitales, sino que trata de combatir su efecto más perverso: La especulación cortoplacista. El impuesto habría de recaudarse a nivel mundial, al menos en todos los centros financieros importantes, lo recaudado iría a un fondo central controlado por una institución internacional. En este punto hay que reseñar que en la actualidad hay varios refugios fiscales opacos (centros offshore) entre los mayores centros financieros.

Años después, episodios, como el crash de las bolsas internacionales de octubre de 1987, la crisis del Sistema Monetario Europeo de 1992 y 1993, la del peso mexicano de finales de 1994 o la crisis de los mercados asiáticos de 1998, cuestionaban el aparente consenso que existía sobre el proceso de liberalización financiera, y relanzaron el debate sobre la conveniencia de limitar los movimientos de capital especulativo a corto plazo.

El ITC ( Impuesto a las transacciones cambiarias) es el impuesto que ATTAC promueve y defiende a partir de 1998, durante años su tasación a las transacciones financieras se concretó en los mercados de divisas que constituía el mayor mercado especulativo, entonces 1500 millardos $ cita Ignacio Ramonet y dice “El desarme del poder financiero debe convertirse en un objetivo de interés cívico de primera magnitud, si se quiere evitar que el mundo del próximo siglo se transforme en una jungla donde los predadores impongan su ley” así ha pasado ante la falta de impuestos a la especulación financiera. Más adelante, junto a otras organizaciones de la sociedad civil, ATTAC amplía la necesidad de este impuesto a todo tipo de transacciones financieras especulativas, mediante un ITF – Impuesto a las transacciones financieras, que tendría dos objetivos: 1.- Disuadir, en lo posible, la especulación cortoplacista con todo tipo de activos y 2.- Generar un fondo para ayuda al desarrollo, preservación de la biosfera y de los bienes comunes de la humanidad.

La movilización social y política en la comunidad internacional por el ITF tiene un tope en 2004. El signo del impuesto se desplaza entonces desde un sentido fundamentalmente disuasor de los movimientos cortoplacistas a un sentido más de base recaudatoria. La Cumbre de la Alianza contra el Hambre (New York 2004) hace un llamamiento a la comunidad internacional a conseguir fuentes de financiación contra el hambre y la pobreza. Emerge toda una red de instituciones, movimientos y ONGs que promueven la necesidad de conseguir nuevas fuentes de financiación contra la pobreza. Este movimiento acaba liderándolo Oxfam Intermon con su Taxa Robin Hood cuyo objetivo fundamental no pretende ya controlar los mercados financieros, aunque la evolución del impuesto haya caminado colateralmente al del ITF hasta llegar a fusionarse en la actualidad en un ITF común que, en parte, ha encontrado eco en las instituciones de la Unión Europea.

Ante el boicot activo de EE.UU (Wall Street) y otros estados a nivel internacional a promover de un ITF global, actores políticos y de la sociedad civil en Europa promueven la posibilidad de un ITF en la Unión Europea, dado el importante volumen financiero negociado. Redes como ENOFAD (European network on Finance and Developmen) o Regulate Global Finance NOW! en la UE o ITF YA! En España trabajan haciendo presión ciudadana e institucional y en 2010 es ampliamente aprobado en el Europarlamento un informe colectivo presentado por Ani Podimata y que pide a la Comisión establecer un ITF en la UE. El resultado de esta iniciativa no se hace esperar, en septiembre de 2011 se inicia el proceso para la implementación de la propuesta de directiva 2011/0261 de la Comisión Europea sobre un ITF común en la UE.

La directiva 2011/0261 plantea un impuesto internacional que todos los sistemas tributarios de la UE habrán de aplicar a sus finanzas, para garantizar el buen funcionamiento del mercado financiero interior, limitar los comportamientos indeseables del mercado y promover así la estabilidad financiera. La imposición tendrá lugar en el Estado miembro en cuyo territorio esté establecida la entidad financiera operante y se establece la armonización del impuesto en la UE, cuya base impositiva se centra en transacciones en el mercado de capitales y monetario (excluyendo instrumentos de pago), participaciones o acciones en organismos de inversión colectiva y productos derivados en general. Quedarían excluidas de este ITF las operaciones de divisas en los mercados Spot al contado, ya que según la Comisión se obstaculizaría la libre circulación de capitales. Los tipos mínimos impositivos serían del 0’1%, excepto en el caso de productos derivados que sería del 0’01%, dejando a los estados pequeñas modificaciones.

Desde su anuncio, la presión contraria de EE.UU, dado el liderazgo y preeminencia de sus entidades financieras en el sistema financiero internacional y la oposición de los lobbies financieros mundiales a un impuesto de este tipo fue frontal. Por ello el debate de los gobiernos se produjo y se sigue produciendo marcado por fuertes presiones de cabildeo hacia los actores políticos. Tampoco fue visto bien este impuesto por estados de la UE como Gran Bretaña u Holanda, que ligados a la City de Londres o a territorios off-shore de ultramar, obtienen un considerable porcentaje de su PIB de operaciones financieras especulativas. Por este motivo el ITF no pudo prosperar dentro del marco de la Unión europea.

Ha hecho falta la voluntad de 11 estados para que el Parlamento aprobara y el Consejo recogiera la iniciativa, por el método de cooperación reforzada contemplado en el TFUE, de tirar adelante un ITF en estos estados, que son Alemania, Francia, Austria, Bélgica, Grecia, Italia, Portugal, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia y España. La Comisión articuló para tales Estados dicha Cooperación reforzada con un contenido análogo al de la frustrada Directiva de 2011 y, por fin, la trasladó al Consejo, donde se aprobó al más alto nivel, el del Consejo Europeo, mediante la Decisión 2013/52/UE. No obstante la falta de acuerdo entre los diversos estados a la hora de armonizar las bases impositivas ha frustrado diversos intentos por hacer efectiva dicha directiva. A instancias del ECOFIN se ha venido tratando periódicamente sin mucho entusiasmo unos presupuestos aceptables por todos, pero los intereses particulares y la presión de los lobbies financieros en Bruselas y los diversos Gobiernos, han acabado dejando el debate en punto muerto. Ante el vacío existente países como Francia o Italia han acabado implementando un mínimo impuesto. En Francia del 0’03% sobre compra-venta de acciones y un 0’01 sobre algunos derivados. Esta no es claramente una medida efectiva.

La financierización de la economía se ha asentado globalmente, máxime con el desarrollo de la industria de productos financieros derivados, mediante la cual cualquier bien, título financiero o servicio pueden convertirse en activos subyacentes sobre los que se fabrican sofisticados productos derivados con los que se especula en todas las bolsas de valores. Este fenómeno nos explica episodios como la “Crisis de las subprime” que originó el Crash del 2008 o que el 30% del precio del petróleo sea atribuible a la especulación financiera “barril papel” o la financierización de la naturaleza y los productos financieros con “marca verde” (bonos de capital natural, bonos catástrofe, materias primas o commodities, mercados del carbono). El dato real más significativo que debería hacernos recapacitar es el que nos da en 2018 el BIS (Banco de pagos internacionales de Basilea) sólo un 2% de las transacciones financieras internacionales se dan en la economía real, en el intercambio de bienes y servicios, el 98% restante lo constituyen flujos de capitales especulativos.

Otro aspecto a destacar es que se ha desarrollado en la última década el llamado “Comercio de alta frecuencia” en las grandes plazas financieras. En él las órdenes de inversión corren a cargo de grandes ordenadores con programas algorítmicos, capaces de recoger información de las diferentes bolsas de valores en microsegundos y realizar miles de transacciones especulativas. La especulación es hoy la industria más rentable, si bien no crea valor de uso, sino solo acumulación dineraria.

Las medidas de creación del primer ITF y de combate de la opacidad ligada a los refugios fiscales son complementarias y necesarias para erradicar una economía de casino que socava la soberanía de los estados y la democracia. La razón fundamental por la que los poderes financieros se oponen a un ITF, es la que muy bien ha descrito Susan George mediante la imagen del “vampiro financiero”. No desea transparencia, no soporta la luz, que se siga la pista o el trazado de sus maniobras. Por ello se oponen a cualquier impuesto internacional por pequeño que sea, porque su implementación supondría a continuación la necesidad de establecer medidas de transparencia y esto acabaría con su negocio.

Ningún control será posible si las instituciones financieras son, como en la actualidad, privadas y no sometidas a control social. Es necesario avanzar en la creación de una banca pública, ética y con control social, paralelamente que se regulan y supervisan las entidades bancarias privadas, separando al mismo tiempo la banca de depósitos de la banca de inversión. Hoy los grandes inversores institucionales (bancos sistémicos, fondos de inversión y de pensiones, aseguradoras, hedge funds,…etc) que son los que mueven cantidades de dinero enormes en la especulación alrededor del mundo, contaminan el flujo financiero en su beneficio, crean inestabilidad y crisis económicas y finalmente los estados socializan las pérdidas de estas entidades contrayendo deuda y acabando con el Estado social y democrático de derecho.

Es una gran injusticia que mientras la ciudadanía paga sus impuestos regularmente, los grandes capitales móviles promueven el negocio especulativo internacionalmente, recurriendo a menudo a la opacidad de los refugios fiscales y creando una economía de casino sin ningún valor social, que crea burbujas financieras y crisis económicas y sociales que paga la ciudadanía generando un aumento de las desigualdades. Sin embargo estos grandes negocios financieros internacionales no están sujetos a impuestos. Las políticas de los gobiernos consienten esta gran arbitrariedad, sabiendo que los mercados financieros desregulados provocan su pérdida de soberanía. Por eso ATTAC lleva dos décadas reclamando a la comunidad internacional un ITF para desarmar la dictadura de los mercados financieros. Hoy es más necesaria que nunca la organización y la acción ciudadana para conseguirlo.

sábado, 23 de junio de 2018

Consideraciones para recuperar las finanzas



ATTAC ACORDEM

A.- Situación actual de las finanzas:

Las finanzas constituyen el suministro dinerario necesario para la economía de mercado. En una democracia, la economía habría de servir a los intereses de las personas y las finanzas habrían de reunir un conjunto de principios y controles democráticos. Sin embargo, las finanzas capitalistas se han constituido al servicio de las grandes corporaciones y capitales, antes que de las sociedades en su conjunto.

El ordenamiento financiero de la UE se rige por unos principios básicos: Principio de maximización de las finanzas privadas, o de privatización. Principio de competencia (en principio libre y no falseada, aunque en la práctica no sea así). Principio de libertad absoluta de movimientos de capital y por la opacidad para las grandes transferencias de capital.

La desregulación de la economía a partir de finales de los 70 rompe con los controles sobre el mercado y capitales que existían desde la posguerra y la liberaliza. Con el neoliberalismo las finanzas adquieren enorme proporción sobre el conjunto de la economía y se hacen autónomas de ella, llegándose a la hiperinflación financiera y a un descontrol generalizado. Este descontrol alimentó la crisis financiera de 2008 y la posterior recesión económica, que continuamos sufriendo.

El sistema bancario:

El sistema bancario en España es hoy mayoritariamente privado, a excepción de Bankia y de la Sareb. Heredamos de la dictadura diversos bancos públicos que estuvieron al servicio de su etapa expansiva desarrollista y que puestos al servicio de la democracia hubieran podido ser en potencia fuente de desarrollo y bienestar para la ciudadanía, pero los gobiernos del PSOE primero y después fundamentalmente del PP los fundieron y privatizaron en la operación BBV-Argentaria. El gobierno del PP promueve asimismo medidas que suponen obstáculos a la democratización financiera que significa la existencia de entidades de crédito cooperativas y/o solidarias.

Posteriormente, en 2013 y después de un periodo de reestructuración paulatina, la Ley de Cajas de Ahorro y Fundaciones Bancarias transformaba a las Cajas de proximidad en fundaciones bancarias privadas, con las características generales de los bancos actuales y como estos con la posibilidad de concentrar las competencias como banca de ahorro y banca de inversión en las mismas entidades. El objetivo de la reestructuración del sistema bancario español en su conjunto viene marcado desde instancias de la UE y tiene como objeto converger en 5 o 7 grandes entidades sistémicas que supongan más del 90%, sino la totalidad del negocio bancario.

Desde el momento en que se gestó la crisis, hasta la actualidad, la escasa vigilancia supervisora del Banco de España sobre el desarrollo de la burbuja financiera y sobre los procesos de fusión y bancarización de las cajas de ahorro ha sido determinante en la crisis del sistema financiero, sobre una base, claro está, de desregulación y liberalización del sector consecuente con las directrices de la UE y las nimias normas reguladoras internacionales de Basilea II y III.

Las normas de regulación internacionales del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, constituyen un uso desproporcionado del mecanismo de reserva fraccionada de los bancos, estableciendo entre un 6 y un 8% la reserva de “core capital” que los bancos han de poseer en caja del total del valor de los activos emitidos. Siendo este un mecanismo clásico del ilícito enriquecimiento de los bancos con la base de los depósitos de la ciudadanía, no es menos cierto que la mayoría de bancos tampoco cumplen con estas mínimas normas regulatorias establecidas desde Basilea, las propias normas contables se lo posibilitan.

El mecanismo de reserva fraccionada se produce desde la propia creación del sistema bancario y está originado por el mero hecho de la existencia de instrumentos financieros diversos, uno de los cuales es el papel moneda y otros los diversos títulos que los bancos emiten, creando dinero bancario, no dinero moneda que es competencia en Europa del BCE. La desregulación ha supuesto la búsqueda continua de liquidez de las entidades financieras, haciendo uso para ello del exceso de titulización y aprovechando los bajos tipos de interés y la falta de límites al apalancamiento crediticio. El abuso de productos financieros derivados ha creado una profunda inestabilidad en las finanzas mundiales. Muchos de ellos, productos tóxicos, han llevado al Crash de 2008 y una profunda recesión que supone desde hace años profundas heridas a nivel social, aumento del paro y de las desigualdades y un retroceso de los derechos humanos y en la ecología.

También la banca ha hecho y sigue haciendo uso de malas prácticas bancarias, comisiones abusivas, productos estafa como las preferentes. Se supone al mismo tiempo que el mercado logrará que los gestores privados guiados por su propio interés de ganancia actúen acuerdo al interés social. Es evidente que no es así, altos directivos se asignan ganancias desproporcionadas incluso cuando su entidad tiene pérdidas y/o está a punto de quebrar.

El proceso de concentración y oligopolización bancaria significa una vuelta de tuerca que traslada rentas desde el trabajo hacia el capital bancario, lo que se ha venido llamando apropiación de las ganancias y socialización de las pérdidas. Ello convierte a los grandes bancos en entidades “sistémicas” demasiado grandes para quebrar, por lo que los estados acaban impidiendo su quiebra y convirtiendo su deuda privada en deuda pública.

Es de suma importancia la construcción del Banco central Europeo y los objetivos que se le han asignado dentro de la UE. En primer lugar es asombrosa su independencia política respecto de la UE. Sus funciones principales son de control de la inflación y de emisión de moneda, pero no tiene como funciones ni el crecimiento económico ni la creación de empleo. Este estatuto del BCE es un obstáculo insalvable para que la UE pueda constituir algún día una verdadera unión económica y política.

Inversores institucionales y su actividad especulativa:

Aparte de los grandes bancos y de las Cajas de Ahorro, existen otros inversores institucionales, con autonomía propia si bien muchas veces coaligados a estos mismos bancos de diversas formas. Hablamos de los diversos fondos inversión; de las grandes aseguradoras internacionales; de los grandes fondos de pensiones que recorren invirtiendo las bolsas mundiales; de las sociedades e instituciones de inversión colectiva, como Sicav,s  y otras; de las Socimi,…etc.

Los gestores de todos estos grandes inversores institucionales han sido durante décadas los máximos agentes de especulación con activos diversos, buscando el beneficio rápido, pero habiendo de asumir riesgos y poniendo a las economías en riesgo. Ello se ha dado a nivel de productos financieros y con moneda, a nivel inmobiliario, con la deuda de los estados y los productos alimenticios y recursos básicos, invirtiendo en bolsa, comprando empresas diseccionándolas y vendiéndolas después de su reconversión…, etc.

La paulatina transformación de una economía productiva en una economía especulativa ha supuesto una metamorfosis sustancial dentro del sistema capitalista; el capitalismo productivo ha mutado en capitalismo financiero que supone una economía virtual y depredadora.

La especulación se impone a la empresa y se ha instalado en el flujo económico, de tal forma que por cada unidad de flujo dinerario que circula en la economía real circulan más de 80 unidades destinadas a la especulación cortoplacista no productiva. Este sector financiero es el que más beneficios obtiene, es 26 veces más rentable que todos los demás, pero a su vez no paga apenas impuestos. A su vez es frecuente observar en las memorias de grandes compañías cómo en gran parte sus beneficios proceden de su inversión financiera, más allá de su objeto productivo. Así que las entidades financieras ponen actualmente barreras al crédito a empresas y familias, ya que la especulación les proporciona más beneficios.

El dinero, la banca y algunos instrumentos financieros son elementos útiles y necesarios en una economía moderna. Sin embargo, su mayoritaria privatización, su crecimiento indiscriminado y abuso con fines de enriquecimiento especulativo tiene efectos desestabilizadores sobre la economía real (crisis, desocupación, aumento de las desigualdades)

La economía, la opacidad y los sistemas jurídicos offshore:

La opacidad es hoy uno de los mayores obstáculos para el necesario control y democratización de las finanzas. Impide la transparencia necesaria para hacer posible la rendición de cuentas, la supervisión consolidada y el control ciudadano.

Prácticamente los mayores flujos financieros, que se dan a nivel internacional entre bancos y otras instituciones financieras, permanecen ocultos mediante instrumentos de transacción, registro y pago opacos. La vuelta de tuerca a la opacidad son los refugios fiscales y financieros, que con sus sistemas jurídicos offshore suponen una serie de problemas importantes para la economía mundial: Incentivan y protegen el delito económico, la corrupción y la delincuencia organizada. Crean descontrol en la banca y las finanzas, amenazando la estabilidad financiera. Posibilitan el fuera de balance y alimentan la banca en la sombra y los riesgos sistémicos. Minimizan los ingresos fiscales de los estados. Y están en el centro de la crisis presupuestaria actual que socava el estado democrático y social. Aumentan la pobreza y la desigualdad. Así mismo incentivan la criminalidad organizada, la corrupción y el terrorismo a nivel internacional.

La fiscalidad y la emisión de deuda pública. Dos fuentes financieras de los estados.

Los impuestos son la base de financiación de los estados modernos. En la Unión Europea ha habido una regresión importante de la fiscalidad de los estados después de la crisis, ello es debido por una parte a la disminución de la masa salarial consecuente con el aumento del paro y la reducción de los salarios y del consumo; pero también a que el impuesto de sociedades se ha desmoronado en la última década debido al trato de favor impositivo de los estados hacia las grandes empresas y también y muy especialmente debido a la elusión y evasión fiscal de estas utilizando los refugios fiscales.

El sistema fiscal español está 6 puntos por debajo en recaudación que la media de la Unión Europea. Además el 83% de la carga impositiva corresponde a familias y solo un 12% a empresas. Son las familias y el trabajo quienes abastecen los presupuestos generales del Estado, siendo mínima la contribución del capital y las empresas.

Los impuestos y otros ingresos corrientes habrían de ser suficientes para financiar el gasto público en circunstancias normales. Aunque los países han de poder utilizar eventualmente los déficits y superavits presupuestarios con fines anticíclicos, los servicios sociales no deberían financiarse como norma con emisión de deuda pública. Sin embargo hace décadas que entramos en economías crecientemente endeudadas, tanto a nivel público como privado de empresas y familias. Ha sido esta deuda un arma recurrente del capital para generar proyectos económicos y reflotar el consumo y de los estados para mantener los sistemas del bienestar.

La UE y otros países imponen una política presupuestaria de suficiencia financiera excesivamente rígida. Las directrices de la UE en lo que respecta al gasto de los estados vienen establecidas mediante los acuerdos de estabilidad y disciplina presupuestaria, que mantienen el límite del déficit en el 3% y de la deuda en el 60% del PIB. No obstante en nuestro país sobrepasamos ambos límites, motivo por el que los partidos en el gobierno, presionados por la UE hicieron el “cambio expres” de la Constitución introduciendo los criterios de Estabilidad presupuestaria en su artículo 155, que obliga al estado a amortizar en su plazo los acuerdos de deuda soberana pactada y los intereses, antes de emplear recursos en proveer los servicios y prestaciones públicas.

Existe una gran burbuja en la deuda de los países y mundial. Según el propio FMI, la deuda global que suman familias, empresas, corporaciones y gobiernos, sin contar las financieras, se ha situado en 132,4 billones de euros, esto equivale al 225% del PIB mundial. Siendo la privada la mayor, a pesar de que los estados gastaron billones de euros en los rescates de las entidades financieras (deuda de los bancos)       

Especialmente problemático es el apalancamiento crediticio de los grandes inversores para especular en bolsa, en los mercados no bursátiles y en los mercados secundarios de deuda soberana.

La moneda única y el tratado del Euro:

Los criterios de estabilidad y disciplina presupuestaria son especialmente gravosos para los estados del sur de Europa. El motivo es que los costos de su financiación difieren sustancialmente de unos países a otros, debido a la calificación crediticia que las agencias privadas de rating dan a sus deudas soberanas al valorar su riesgo de impago. Países como Grecia, Irlanda o España tienen una prima de riesgo mucho mayor lo cual incrementa sustancialmente los costos de su financiación por medio de deuda soberana con respecto a países del Norte de Europa. El hecho de que la moneda común sea el euro en la eurozona impide que los países concretos puedan tener soberanía monetaria y ser con ello autónomos en sus políticas económicas.

B.- Una propuesta alternativa:

Dentro del sistema capitalista, en el que el control del poder lo obstenta una plutocracia del dinero u oligarquía económica, los grandes proyectos políticos y sociales se pliegan a los intereses de dichas oligarquías, que, aunque a menudo se asientan localmente, en la actual fase de capitalismo financiero son globales en su ejercicio.

Hoy es constatable que esta plutocracia global del dinero -no llega al 1% - domina con mano firme la economía, la política y la cultura; al mismo tiempo que promueve en la opinión pública valores sistémicos. Con unos medios de comunicación social bajo el control de corporaciones privadas, la ciudadanía permanece desinformada y desimplicada en el ejercicio democrático y la acción social más allá del voto cada 4 o 5 años. La sociedad crítica activa y organizada social y políticamente representa a día de hoy una minoría de ciudadanos y ciudadanas conscientes. Al respecto es significativo que una mayoría de estos voten en la mayoría de países “democráticos” a partidos que defienden en la oposición o ejercen en los gobiernos leyes y medidas económicas neoliberales. Esto nos informa de que especialmente en los países desarrollados y en la mayoría de países en vías de desarrollo la ideología neoliberal está instalada en amplias esferas de la política, la cultura, las universidades, los medios de comunicación de masas y en general en la opinión pública. Es lógico que hayamos llegado al lugar donde nos encontramos: Las corporaciones dominan el Mundo.

Muchos, desde la sociedad civil organizada, nos preguntamos cómo desarrollar una acción política y social efectiva en el actual contexto neoliberal y financiarizado. ATTAC hace tiempo que viene ejerciendo, en el ámbito internacional, una labor pedagógica que ayude a los ciudadanos a conocer el actual contexto económico, social y político, con la mirada puesta en construir proyecto político ciudadano. Especialmente ahora cuando los gobiernos rinden sus armas al capital, es la hora de la ciudadanía organizada para la acción social y política y la estrategia para nosotros es la educación popular orientada a la acción, ir tejiendo complicidades y redes ciudadanas entre las diversas asociaciones y movimientos a nivel local e internacional para ir construyendo el cambio colectivamente.

En el actual sistema, se erige un eje de dominio, el fundamentalismo del mercado , sobre todos los demás (estado, sociedad, ecología, comunes,…etc). Los neoliberales hicieron bien su trabajo, ahora la ciudadanía consciente y activa, junto a las fuerzas políticas realmente críticas con el actual sistema, nos enfrentamos a una ingente tarea ¿Cómo ir decodificando y deconstruyendo la actual estructura sistémica neoliberal, tanto a nivel económico como político y de valores?

En las democracias pluralistas actuales, diversas a nivel social e ideológico, cualquier proyecto de cambio ha de contar para avanzar con consensos básicos construidos colectivamente entre las fuerzas críticas. Ello es necesario para ir ganando espacios en la construcción de la hegemonía cultural y en la conformación de la opinión pública. Desde la perspectiva de tejer redes de consenso ATTAC está dispuesta a intercambiar puntos de vista, análisis y diagnósticos y proyecto alternativo para ir construyendo red de acción social ciudadana.

Las alternativas estratégicas (no finalistas) de ATTAC en lo financiero:

En primer lugar consideramos que a la hora de deconstruir ideológica y prácticamente el modelo neoliberal hay que cuestionar sistemáticamente sus principios, la privatización, la competencia, la desregulación, la libertad sin cortapisas de los capitales y la opacidad. Para ello hay que vestir el proyecto social y político de ciudadanía con los valores de lo público; la armonización, cooperación y solidaridad financiera; reivindicar la regulación y control de las finanzas, exigiendo en aras del ejercicio democrático la transparencia financiera.         
     
Regular los mercados e instituciones financieras requiere: 


·         Poner límites a la titulización y a los productos derivados.

·         Aumentar sustancialmente los requisitos de core capital bancario y controlar que las ratios se hagan efectivas.

·         Una nueva “ley Glass-Steagle” internacionalizada que separe la banca de depósito de la de inversión.

·         Regulación fondos diversos de inversión, aseguradoras, sociedades de inversión colectiva…

·     Regulación agencias de calificación crediticia privadas o crear nuevas agencias públicas a nivel internacional. 

·         Incrementar regulación en  bolsas de valores, mercados de capital y no bursátiles. 

·        Erradicar las prácticas desestabilizadoras de la ingeniería financiera para la economía y nefastas para las sociedades, también las prácticas abusivas de los productos derivados. La creación y comercialización de nuevos activos/instrumentos financieros debería sujetarse a severos controles y estudios previos a su comercialización indiscriminada. Las entidades financieras han de poder demostrar sin atisbo de duda razonable que los inversores son conscientes de los riesgos de los activos que les ofrecen depositantes, accionistas y ciudadanos deberían tener más información y capacidad de control.

·        Habrían de regularse mejor las grandes corporaciones para evitar que asuman riesgos excesivos en la busca de beneficios máximos. Los grandes bancos (demasiado grandes para caer) habrían de ser fraccionados. En general para que sea efectiva la libre competencia que el sistema dice promover, habría de ponerse control a la formación de grandes oligopolios que dictan las prácticas del mercado.

·       Regular los salarios de los directivos de las empresas, las comisiones, las stock opcions y otras formas privilegiadas de remuneración.



     Recuperar el garantismo de lo público en la sociedad requiere:
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     Recuperación del garantismo financiero mediante una banca pública, ética y con control democrático y social.

·    Recuperar las Cajas de proximidad, promover cooperativas de crédito y otros agentes financieros locales.

·     Apoyar y promover la consolidación de la Banca ética y de cooperativas financieras éticas y solidarias.


Construir una Europa política, social y solidaria requiere:

·    Cambiar el Estatuto del banco Central Europeo: Que figure entre sus objetivos la creación de empleo,que dependa políticamente de la UE, que sea el supervisor máximo de las entidades financieras de la UE, que tenga entre sus funciones prestar dinero directamente a los estados en caso necesario. Esta medida la consideramos igualmente necesaria para la consecución de la tan manida unión bancaria en la UE.

·        Una unión fiscal real, lo cual conlleva a la armonización fiscal en la UE, dotando al mismo tiempo de una mayor progresividad a los sistemas fiscales por razones de equidad. Ello implica tipos marginales crecientes al IRPF y bienes de lujo y evitar la evasión y la elusión fiscal (SICAVs, beneficios fiscales injustificados, tolerancia con los refugios fiscales) y la equiparación de las cargas fiscales del capital a las del trabajo.

      Transitar hacia un nuevo modelo económico productivo social y ecológico requiere:
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      Algo fundamental es acabar con la especulación cortoplacista con todo tipo de activos, es necesario disuadir las actividades especulativas con impuestos similares al ITF (Impuesto a las Transacciones Financieras). Ello lo consideramos absolutamente necesario para combatir el sobredimensionado poder de las finanzas sobre la economía. Es este uno de los aspectos claves como responsable de la falta de planificación democrática en economía, lo cual hace inviable la transición social y ecológica.

·      Combatir la opacidad financiera. Para ello hay que dotar de mecanismos de transparencia y regulación a los sistemas de transferencia financiera (Swift), a las cámaras de compensación interbancaria y al sistema de pagos internacional. Y algo imprescindible, erradicar los refugios fiscales o centros offshore, que hacen inviable el estado social y democrático de derecho y socavan la democracia.

·       Existen diversos mecanismos para combatir políticamente a nivel local las actividades de fondos de inversión, socimis y otros agentes dedicados a la especulación inmobiliaria. Uno fundamental puede ser el de obligar por ley u ordenanzas a que se pongan en alquiler las viviendas desocupadas, estableciendo sanciones en caso contrario.

·     En caso de inviabilidad en el corto plazo de suprimir las actividades especulativas con activos financieros “peligrosos”, uno de los objetivos podría ser acotar el “casino financiero” de forma que su actividad permita la búsqueda de beneficios entre sus usuarios, pero que sus efectos no afectaran/desestabilizasen la economía real. (P.ej., para empezar, separación de la banca de depósito de la de inversión)

·        Auditar la deuda odiosa e ilegítima: La deuda es sobre todo un problema político, no económico, en este sentido existen diversas alternativas que también suponen decisiones políticas, como son el impago de la deuda odiosa e ilegítima, la reestructuración de la deuda acompañada en su caso de quitas. También es una opción federar la deuda a nivel internacional, por ejemplo en la UE.

·       Crear alternativas sociales de trueque, monedas locales con control democrático y de las haciendas públicas, etc.

·         Que se cumplan los criterios sustanciales de la transición ecológica en el sistema productivo.

    

La lucha por que las finanzas sean un bien común y dejen de estar al servicio de los poderes económicos, consideramos que es una condición necesaria para que los servicios y prestaciones públicas propias del estado de derecho, la transición ecológica, la igualdad de género o el derecho a un trabajo digno y socialmente responsable sean posibles. En este sentido y conscientes de que es necesario organizar la lucha de las trabajadoras y trabajadores y de la ciudadanía responsable con la democracia y el planeta en su conjunto, contra los poderes financieros, queremos promover un debate para organizar más eficazmente las luchas de resistencia contra el capitalismo financiero, eso sí con consenso, acción conjunta y proyecto.

    
    ATTAC ACORDEM
    Junio 2018






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