lunes, 17 de noviembre de 2014

Emanciparse del estigma patrio






Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
(Antonio Machado)


La España central o de tierras adentro. La rural y profunda. La mayormente inculta y bastión de la reconquista. La adocenada. La que durante la Restauración votó al partido conservador de Cánovas del Castillo. La religiosa visceral, en un país donde la revolución burguesa y la secularización de la sociedad se vieron continuamente frustradas por concordatos, órdenes religiosas y ruido de sables. La autárquica, cerrada y castiza un país Viridiano y hurdeño para Buñuel. Que durante la segunda República votó a la CEDA de Gil Robles o desde la transición al PP de Aznar y Rajoy. Pasto de penas, liturgias, rosarios y señoritos enseñoreados de su súbdito cortijo y que siguen enseñoreados con mayoría absoluta en el Congreso. ¿Qué le pasó? ¡Cual es el sortilegio que la decadencia del imperio de los Austrias dejó en este país? generación tras generación de pobreza aderezada con toros, futbol y plegarias, de fiesta nacional y pandereta. Enganchados los pobres a las cadenas sublimes de la Patria, al corazón de las apariencias pretenciosas y mezquinas.

La España periférica, la liberal, la que en la Restauración vota a Sagasta y con la República Frente popular y tras la Transición PSOE, PC, o PNV y CiU, o a Bloque Galego o a ERC, después de la restauración borbón - "democrática". La europeista con sueños de libertad, la que quiso romper con la curia secularizándose, o no (PNV y CiU). La enemiga acérrima del rey Borbón y su dinastía, de la corte y su cortijo. La emprendedora y liberal que sintió la llamada de las Luces. La que clama contra la autarquía con ganas de abrirse al mundo, a la ciudadanía más allá de las fronteras. La España de los regeneracionistas Costa o Pi i Margall con ansias federales y universales la que quiso cerrar con dos vueltas el sepulcro del Cid y sus condominios para que no cabalgase una vez muerto, perpetuando el estigma de las dos Españas.

Y estas dos Españas transversalizadas por décadas y décadas de la pobreza y vasallaje y comandadas por una casta alternantemente desaprensiva durante la actual restauración borbónica. Marcada por el estigma de la Guerra civil que heló el corazón a varias generaciones, aunque algunos niños hoy no sepan que significó para sus abuelos. Y sin embargo las culturas, leyendas y universos dispares adosadas a territorios y familias, ora a ateneos ora a parroquias, se han transustanciado a menudo en colores de papeletas en las urnas, en recuentos de las afrentas patrias, en refugio de las glorias y programas de uno u otro signo, en nichos de incomprensión y de "espadas en alto" en las cámaras generales y territoriales. Hoy la pugna hispana sigue, sigue la estafa banderil que nos divide a los iguales entre rojos o fachas, entre conservadores y progresistas, entre laicistas y ritualistas, entre nicho de voto de izquierdas y nicho de derechas. Sin embargo la guerra que engendró este desaguisado, queda sin resolver; en eterno duelo no superado, en las cunetas, los pozos de cal y algunas memorias. Pero el pueblo perdió dicha memoria, cuando es un axioma histórico que quien olvida su pasado, no lo soluciona y está condenado a repetirlo.

Parecería que, según la tradición histórica, en y ante un conflicto secular no resuelto entre las dos Españas, el panorama político encerrado en el marco izquierda-derecha, al igual que en muchos otros países de nuestro entorno europeo, no está ayudando a aumentar el protagonismo del pueblo en las democracias formales en España o Europa. Esto daría prevalencia a un tipo de gobernanza marcada desde esferas oligárquicas y a democracias de corte elitista en las que la ciudadanía solo participa en la elección entre diversos grupos políticos que aspiran al poder, aquello a lo que Robert Dhal llamó poliarquía como sistema político. Eso sí añadiendo, en el mundo de la globalización financiera actual, que estos partidos elegidos para gobernar dejarían a las corporaciones internacionales el gobierno económico real en cuanto a los marcos decisorios fundamentales.

Así ha sido como izquierda y derecha se plegaron a la OTAN, a EE.UU o actualmente venden gran parte de la soberanía patria a las transnacionales. Aunque según ellos no pueden hacer otra cosa, ya que estamos hoy en un Mundo interdependiente y unas estructuras políticas europeas comandadas por la UE. Una UE no democrática y neoliberal por la voluntad de los gobiernos Europeos socialistas, liberales o populares puestos de acuerdo mediante el Tratado de Lisboa aprobado en 2009 y redactado bajo presión continua de los lobbies económicos internacionales. Este Tratado ha significado poner a Europa bajo la bota del capitalismo financiero y corporativo internacional tiranizando a su ciudadanía.

Pero hace ahora cerca de 4 años que miles de jóvenes sin futuro y de ciudadanas ninguneadas, salieron un 15M a las plazas exigiendo en España trabajo, democracia y dignidad. Protagonizaron un episodio de eco internacional en el que pusieron en evidencia la farsa del teatro democrático. Cuestionaron un sistema bipartidista de alternancia que revivía el eterno episodio nacional de izquierda versus derecha y proclamaron ¡Somos el 99%! ¡No somos ni de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo y vamos a por los de arriba!

Y hete aquí que, apenas 3 años más tarde, procedentes del mismo espíritu del 15 M, unos cuantos jóvenes, muchos de ellos profesores universitarios, deciden transformar el tablero político y cambian el marco interpretativo (frame) del juego de las veleidades históricas, se atreven a romper con la maldición infranqueable de las dos Españas. Rompen con un marco anterior que solo servía para recrear eternamente una historia ya escrita de antemano, acumulativa e irrenunciable, anunciada. El mismo marco que nutrió las conflagraciones carlistas, las disputas enconadas políticas y civiles de la Restauración, los conflictos de masas en el XIX y EL XX, la Guerra civil,..., en una palabra, el marco interpretativo de las eternas dos Españas. Marco bidireccional, con eje de abscisas marcado por la oposición conservador-liberal; izquierda-derecha; centro-periferia. El eje de ordenadas del paso del tiempo histórico un tiempo inmutable, como el mito del Eterno Retorno, sin posibilidad de cambio. Y esta gente valiente y a menudo incomprendida se atreve a cambiar el marco interpretativo histórico y hace algo parecido al siguiente ejercicio.

Cambia el eje "izquierda-derecha" por el de "los de arriba-los de abajo" y pone un tercer eje el de "la participación de la ciudadana", convirtiendo el tablero en un cubo de Rubik donde las piezas se mueven colectivamente unidas unas con otras. Donde las personas actúan y hablan entre sí, ajenas en muchas ocasiones a las órdenes elitistas del Poder que trata de moverlas. Donde todas las piezas pueden auto-empoderarse y contribuir a transformar su vida y el espacio compartido. Donde al final las piezas cobran vida propia y no necesariamente han de estar esperando a ser desplazadas en el tablero, donde el fin de juego es la igualdad en la diversidad y no un paisaje devastado. Ese es el cambio real, la apuesta por compartir el poder, por aspirar a la libertad más allá del favor del rey y la reina, blancas o negras. Pero para que ese ejercicio de profundidad de campo, del campo del poder sea posible, intuyo que no puede haber empoderamiento de los empobrecidos y ninguneados de abajo, de ese 99%, sin una fuerte revolución social en la educación y las costumbres que haga efectiva una cultura auténticamente democrática y más allá del seguidismo de los líderes de aquí o de allá.

No todo ha de ser movimientos tácticos de respuesta a la corrupción o la explotación enquistada. También sabemos que la memoria es olvidadiza, más en tiempos vertiginosos y mediáticos, por lo que cambiar el marco de juego hace necesario también  cambiar el marco y el alcance de interpretación humana, abrir con la educación la forma de enfrentarse al mundo, donde ya no sea la conflagración la que predomine, sino la solidaridad entre los iguales. Donde ya no abunde la incultura, sino las luces de la educación emancipada de los estigmas patrios.

Antonio Fuertes Esteban
16 de noviembre de 2014

martes, 4 de noviembre de 2014

Mi vida, mis solidaridades...




Nací en Teruel el año en que se retiraron las cartillas de racionamiento 1953, no obstante soy hijo del hambre y la represión de la guerra. Mi abuelo materno, anarcosindicalista, siempre estuvo fugado, incluso durante la República pasaba muchas temporadas en los alrededores de Peña Palomera, lejos de la represión de la guardia civil. Mi abuela hubo de criar y sacar adelante, en un ambiente pobre y hostil, a 6 menores: Antonio Progreso, María Libertad, María Fraternidad , Aurora (mi madre), Vicente Floreal y Cándido Germinal. No llegué a conocer a mi abuelo materno que había muerto, años antes de yo nacer, en la cárcel de Teruel, nadie sabe bien en qué circinstancias.

La guerra hizo que mi abuela tuviera que trasladar a menudo su residencia con 6 hijos, de un pueblo a otro de Teruel, alojándose como pudo y tratando de ganar el poco pan que sus hijos comían de la forma que sabía, cosiendo y remendando la ropa. Mi madre tenía 8 años y las condiciones climáticas, la humedad y el hambre prendieron en ella una anemia endémica que afectó a su sangre. Cuando mi padre quiso casarse con ella, los médicos le dijeron que duraría poco, aun así se casaron.

Yo fui el primero de dos hijos, pero ya no pude criarme con leche materna. Mi hermana nació año y medio más tarde pero murió antes de cumplir un año de edad. Mi infancia fue difícil, ya que mi madre siempre estuvo enferma y de médicos y no pudo cuidarme. Yo me crié con mis tíos en Francia, con mis abuelos paternos en un pueblo de Teruel, o en Badajoz con mi abuela materna. Quizá por eso nunca tuve una patria en mi inconsciente, de lo cual es de las pocas cosas que me alegro, las patrias no me gustan.

Años más tarde de morir mi madre mi padre se volvió a casar y tuve a mi único hermano, doce años menor que yo. Tuve la suerte de estudiar en Zaragoza magisterio y a los 28 años vine a buscar trabajo a Cataluña, donde mi compañera y yo nos casamos por lo civil y tuvimos a nuestros dos hijos Sara de 27 años y Pau de 24. Los dos han podido estudiar y hacer carrera, pero no han podido hasta ahora trabajar para lo que se han preparado, muy mal han dejado la vida en este país para los jóvenes. Toda mi vida he sido una persona activa y comprometida, pero en este momento mucho más, quiero luchar por que mis hijos tengan futuro en este país de mil demonios.

Siempre he tenido muy claro mi sentido de la solidaridad, no como solidaridad nacional, sino como solidaridad humana. En mí el eje de clase siempre ha primado sobre el nacional, más cuando mi humilde ilustración y experiencia nutren y mantienen mi convencimiento de que los pueblos históricamente interclasistas, que se reivindican como nación en su transición hacia el Estado, acaban por sucumbir a la desigualdad y la tiranía de los menos sobre los más. La lógica de la dominación ha pasado por capitalizar el poder económico y/o político a través de los estados. En la actualidad el poder global del dinero o capitalismo financiero utiliza a los Estados para dominar a ciudadanas y ciudadanos y para enfrentar a los de un país con los de otros.

Pero, aun cuando comprendo que las unidades políticas de la modernidad pasan hoy por ser estados, cuando en este momento se reivindican nuevos estados me pregunto ¿Quiénes y porqué quieren hacerlo? Y lo que me contesto no siempre me gusta. Mi sentido de la dignidad y de justicia me llevan a apoyar las causas palestina, kurda, saharaui o tibetana, es obvio que son pueblos sometidos o colonizados, bajo tiranías criminales y absurdas y que la tiranía que les somete al tirano externo pesa mucho más que las diferencias internas de clase o estatus y une a la gente contra los tiranos o colonizadores externos, reivindicando al mismo tiempo la transición nacional hacia el autogobierno.

Entiendo que la ONU abogara en los 60 por la libre determinación de los pueblos colonizados y que esto supusiera un apoyo a la descolonización, sin embargo no tengo tan claro el derecho a la libre determinación en países interclasistas  con democracias formales del primer mundo y no colonizados.

Dados mis valores internacionalistas, solidarios y cosmopolitas, únicos que considero nos pueden llevar a la emancipación en un mundo globalizado por el capitalismo transnacional, creo firmemente que en lo que toca a conformar las unidades políticas en adelante sólo nos queda un camino de emancipación, que tendrá que apoyarse en la necesaria fraternidad entre los pueblos (en un sentido de pueblo como ciudadanía oprimida global, no en el sentido interclasista). Esto significa crear el germen de una gran comunidad internacional, que sea capaz de ir diluyendo poco a poco pero inexorablemente las diversas fronteras físicas y psíquicas que nos conducen a la fatalidad de la competencia y la desunión entre los iguales de aquí y allá. Dicha competencia es creada y recreada por los poderes políticos nacionales y económicos globales y es la competencia necesaria para mantener y afianzar las condiciones que a través de la defensa de los intereses patrios hacen posible la explotación y la desigualdad a nivel global.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El reto político de limitar la propiedad privada




Antonio Fuertes Esteban. ATTAC Acordem

Alberto Garzón: “En este país mandan las grandes fortunas y no quienes se presentan a las elecciones” (sesión en el Congreso de los diputados)

Entre los derechos negativos que la democracia liberal prescribe figura el derecho irrestricto a la propiedad, entendido como el que asiste a particulares y corporaciones a preservar sus bienes y titularidades, derecho que la ley ha de proteger y defender. Este derecho está muy bien flanqueado por otro que también se pretende irrestricto y que supone asimismo la defensa a ultranza del derecho a la privacidad, que aplicado al uso y disfrute de la propiedad significa el secreto, y por lo tanto la opacidad, en lo que atañe al uso de capitales y titularidades. El secreto bancario y los diferentes instrumentos para ocultar a los auténticos propietarios y/o titulares de cuentas, bienes o empresas, son formas habituales protegidas en distintas jurisdicciones de este derecho, que se pretende absoluto a la privacidad y que sirve para reforzar el derecho a la propiedad.

La propia naturaleza de nuestras democracias liberales ha protegido mediante la ley y con carácter resolutivo, los derechos a la vida y a la propiedad y los ha protegido eficazmente de la intromisión, sustracción o agresión externa de terceros. Es decir los derechos especialmente en su acepción negativa, penalizando inexorablemente cualquier acción de terceros que pueda atentar contra la vida o la propiedad.

Si bien esta naturaleza liberal de nuestras democracias no ha sido capaz de incorporar y defender con la misma determinación los derechos positivos a condiciones de vida dignas. Estos derechos, conllevan la acción positiva del Estado en promover los derechos económicos y sociales como fundamentos y garantías del Estado de Derecho, hoy comúnmente aceptado y plasmado en diversas constituciones como Estado Social y Democrático de Derecho. Y es que lo que fundamentalmente permanece en el fondo del actual proyecto democrático es la garantía de defensa de los derechos y valores liberales propios del capitalismo originario: la garantía de protección de la vida y la propiedad de agresiones y sustracciones externas, y los valores del mercado y la libre competencia como bases necesarias de ganancia y de acumulación de la propiedad.

Los derechos negativos constituyen desde el inicio de la democracia liberal el “corazón” del proyecto del liberalismo político inicial y el proyecto plutocrático del dinero o proyecto del liberalismo económico o capitalismo los ha sobredimensionado obviando muchas veces los derechos positivos. Estos derechos negativos son los que legitiman y garantizan actualmente el ordenamiento jurídico-administrativo del llamado “Imperio de la ley” y que se sitúan por encima de los llamados derechos positivos que se entiende ha de satisfacer un estado social y en especial de derechos económicos y sociales como por ejemplo el derecho a trabajo, vivienda, salud, educación o servicios sociales dignos.

La naturaleza liberal de la democracia actual es defendida por las diversas elites y poderes conservadores mundiales que exigen, de los poderes democráticamente constituidos, estados fuertes que defiendan los intereses de los propietarios y corporaciones y, paradójicamente, Estados mínimos que dejen actuar al mercado y no que intervengan sobre él regulándolo y constriñéndolo o que garanticen bienes y servicios de titularidad pública.

Actualmente la defensa de la propiedad y la libertad de mercado a ultranza, hasta sus últimas consecuencias y a cualquier coste, forma parte de una nueva ofensiva del proyecto plutocrático del dinero, ahora neoliberal, para desembarazarse del proyecto político y social de ciudadanía que formó parte del consenso social de post-guerra. Se lo permiten y favorecen la emergencia de nuevos mercados en países con gobiernos abiertos a la competencia y la pasividad de una izquierda, en los gobiernos o en la oposición, para quien el derrumbe del experimento socializador en los países del Este significó vergonzosamente el cuestionamiento de sus valores fundamentales – igualdad, libertad y solidaridad- que de ser valores fuertes de su acción y comúnmente aceptados, pasaron a ser débiles y cuestionados. Una ”izquierda” que en Europa primero ya había sido pseudo-colonizada en el marco de la OTAN , más tarde hipnotizada desde las “terceras vías” y que finalmente ha sucumbido a las continuas exigencias del mercado.

Respecto a la trascripción de los valores de izquierda a los marcos político-jurídico-administrativos podríamos poner algunos ejemplos:

- En lo que respecta a la igualdad ante la ley, la izquierda anteriormente gobernante no ha sido capaz, ni siquiera ha tenido la voluntad, de tratar por el mismo rasero de la ley fraudes multimillonarios como los cometidos por los presidentes y ejecutivos de grandes bancos y políticos corruptos que los pequeños fraudes de ciudadanos corrientes a la hacienda pública a los que normalmente sí se aplica la ley. Esto no es igualdad ante la ley.

- En lo que respecta a la igualdad de oportunidades, los Gobiernos no obran activamente promoviendo políticas de creación de empleo. Tampoco actúan en educación promoviendo acciones positivas que sienten bases de una mayor igualdad de oportunidades en la educación, muy al contrario el vigente proceso de Bolonia ha significado establecer un marco universitario en Europa sometido fundamentalmente a intereses mercantilistas, o bien se está trasvasando presupuestos continuamente de la enseñanza pública a la privada.

- En general la brecha entre ricos y pobres se acentúa, con lo que se deteriora en los países los proyectos colectivos, la cohesión y la democracia sustancial, más allá de los procedimientos electorales. Ya Alexis de Tocqueville, en su crónica de la Democracia en América valoró la igualdad sustancial de partida como una de las bases necesarias sobre la que se levantó la República de los EE. UU de América, por él catalogada como democracia. Es comúnmente reconocido que la desigualdad ostensible deteriora la democracia, como ha hecho con la democracia Americana.

- La libertad es incompatible con la dominación que ejercen las corporaciones sobre los trabajadores y trabajadoras a nivel mundial y que en muchos lugares no tienen más remedio que aceptar vender su fuerza de trabajo y someterse a condiciones de explotación y/o indignidad para poder sobrevivir.

- Las condiciones de competencia se han impuesto a la solidaridad entre personas y entre países.

Todo análisis serio o somero nos informa de cómo por medio del desarrollo no regulado de los intereses del poder del dinero, se han ido desnaturalizando y perdiendo valor y proyección social y política los valores de izquierda, y ello a instancias de gobiernos conservadores y de gobiernos de izquierda que han olvidado lo que significa la política como instrumento de transformación social y han pretendido gestionar más eficazmente el sistema capitalista, basado en el derecho irrestricto e ilimitado a la propiedad. Con ello se ha ido concentrando el poder conforme se concentraba la propiedad y hoy el poder oligopólico de las corporaciones ha amordazado a las instituciones democráticas por medio de la deuda y pretende gobernar mediadamente por medio de instrumentos como el Tratado trasatlántico de comercio e inversiones entre EE.UU y la UE, o el Transpacífico.

Regular en este momento el poder del dinero es necesario si en breve la ciudadanía no quiere verse esclavizada de por vida. Para ello actuar sobre la economía en este sistema mercantilista a ultranza ha de ser el eje de la acción de la izquierda a nivel estatal, pero sobre todo internacional eje necesario para presentar batalla desde la política al poder financiero de las grandes corporaciones.

Habremos de recurrir al socialismo clásico para poder de nuevo ir definiendo un proyecto que cree consenso y movilice a las fuerzas sociales que persiguen un cambio hacia otro mundo mejor posible. Una de las enseñanzas que la historia pasada y reciente nos muestra es que hay que poner coto al poder económico y recuperar la política como herramienta que la ciudadanía y los gobiernos tienen para promover el cambio social y una auténtica democracia. Y en el inicio y la base de este proyecto necesariamente hemos de preguntarnos de nuevo ¿Qué hacemos con la propiedad?

Aquí quiero apuntar a lo que considero el núcleo de la cuestión, y es que lo que ha precipitado la actual crisis sistémica y ha puesto en tela de juicio la libertad absoluta del mercado como valor supremo no ha sido fundamentalmente como algunos han dicho la avaricia – no se puede disfrutar tanto dinero en mil vidas – sino el desarrollo natural y no regulado del poder del dinero en todos los frentes (laboral, medioambiental, comercial, financiero,….etc), un poder soberbio, que no admite críticas ni limitaciones, que no se mira en el espejo de los desposeídos ni de la degradación del medio ambiente y que desatado y autista ha sentado las bases de la actual implosión en los mercados financieros globalizados, de la cual saldrán perjudicados sobre todo los más débiles. Hay que poner límites al poder del dinero, hay que limitar la propiedad y ello supone asumir desde el poder democrático la necesidad de remover ordenamientos jurídico-administrativos y constitucionales si fuese necesario.

Limitar la propiedad, hoy globalizada, supone la coordinación de actuaciones nacionales, supranacionales e internacionales orientadas a: Crear unas reglas de comercio justas, posibilitar/crear una fiscalidad nacional e internacional necesariamente progresivas y orientadas a la justicia re-distributiva, acabar con las cuevas del delito que suponen los paraísos fiscales, el desarrollo de lo común – fomentando al mismo tiempo un fuerte sector público que limite lo privado y atempere la competencia – , el fomento de la solidaridad internacional en un clima de paz y el desarrollo efectivo de los derechos humanos fundamentales.

En el mundo globalizado en el que las corporaciones y grandes fortunas acumulan un poder capaz de sobreponerse a los poderes políticos constituidos, la libertad no debería entenderse fundamentalmente como libertad de negocio y para ello lo común o público debe de cumplir el papel garantista que le ha de corresponder en un Estado Social y Democrático de Derecho. En breve el Estado liberal ha de ser re-interpretado y acotado desde el Estado Social si no queremos que el libertarismo económico acabe con la política y con el mismo contrato social que posibilita al Estado.

Los políticos a quienes la ciudadanía otorgue en adelante su confianza habrá que interpelarles ¡O con la justicia y la democracia o con el dinero!. Esperemos que su decisión sea la adecuada para que podamos confiar en nuestras instituciones. Pero para ello habrán de combatir el poder del dinero, el poder real actualmente.

sábado, 1 de noviembre de 2014

¿Podemos?








Antonio Fuertes Esteban

Hay un sentido muy de ciudadanía republicana dirigida a la soberanía popular auténtica en algunas declaraciones de la gente de Podemos que coinciden grosso modo con aquél eslogan del 15M de " No somos de derechas ni de izquierdas, somos los de abajo y vamos a por los de arriba"

Se puede constatar cotidianamente el gran circo que ha supuesto, en las dos últimas décadas en la política de “este país”, el ejercicio de deslindar a los que históricamente han sido considerados de izquierdas de los que lo han sido de derechas, arrogándose los primeros la medalla de la virtud política y social sin muchas veces haber de demostrar méritos para ello. También se ha podido constatar cómo las clases desfavorecidas han venido siendo leales a su voto, muchas veces de tradición familiar, y que hacía que a menudo los oprimidos votaran a partidos de caciques y opresores tradicionales solo por el hecho del miedo al peligro rojo inoculado por el poder y que ha actuado como un mantra en la post-guerra española, especialmente en las zonas rurales. La división sociológica de “este país” viene de lejos…

Y digo circo porque cuando actualmente veo a Pedro Sánchez enfundarse en la bandera roja para proclamar que el PSOE siempre ha sido de izquierdas, no como los populistas de Podemos que no saben si son de izquierdas o de derechas, me dan ganas de reirme a carcajadas y vomitar aunque no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo. El partido que nos metió en la OTAN, que firmó el Tratado neoliberal de Lisboa sin consulta popular, como prescribía el Consejo Europeo de signo anti-democrático, o que promovió la reforma expres de la Constitución vía artículo 135 y poniendo antes que los intereses del país los de los acreedores bancarios, no debería llamarse de tradición de izquierdas sin avergonzarse.

"Este país" lleva anclado en el mito del "no podemos" desde 1812 con la verguenza que hizo im-posible "la Pepa", pasando por la caída del bienio progresista en 1856, por la contrarevolución y la caída de la "Gloriosa" de 1868 o por los cansinos intentos de los gobiernos progresistas de la Restauración por combatir los privilegios de la oligarquía y de la Iglesia Católica adoctrinadora de las clases humildes que votaban conservador por el miedo al cambio que venía con cuernos y rabo. Para finalizar con los intentos del pueblo por emanciparse con la segunda República y el alzamiento militar al mando del poder de la oligarquía caciquil, consecuente represión fascista y aplastamiento por muchos años de las esperanzas populares. Todo ello hacía que el fatalismo ante el cambio, para salir de una vez por todas de una España casposa y de pandereta, fuera situando a amplias capas del pueblo en la resignación del no-podemos y que la restauración de la débil democracia borbónica significara de facto la “legitimación democrática” internacional del poder oligárquico bendecido en la Transición.

Y en estas estamos hoy, con partidos neoliberales -fundamentalistas de mercado ergo contrarios al bien común- que dicen ser de izquierda. Llamarse de izquierda podría significar que la gente asimilara a Podemos con el PSOE, y no, no es lo mismo. Podemos - como se puede constatar en su programa y documentos, o en los libros escritos por sus mentores, o en las tertulias o discursos de sus eurodiputados en la Cámara Europea- tiene una amplia visión de cambio de izquierdas, que por supuesto significa que los de abajo ocupen el sitio que una auténtica democracia debería reservarles en el espacio económico, social y político; el sitio de iguales y libres. Para eso la solidaridad de los de abajo es, además de posible, necesaria. Podemos no necesita denominarse de izquierdas, asume la tradición republicana de izquierdas, los principios de igualdad, libertad y fraternidad y por lo tanto es de izquierda real, no de boquilla.

Pero en "este país" -a ver si pronto algunos como yo podemos llamarle España sin avengorzarnos- hay que acabar de una vez con el mantra del no-podemos, con la maldición de unas clases explotadas, los de abajo, divididas en el voto por tradición familiar y por falta de cultura política republicana, o sea de ciudadanía pensante. Para ello hemos de trabajar todos y cada uno, como propone Podemos en problemas concretos como el del paro y la emigración de las personas jóvenes, la corrupción, la pobreza y la desigualdad, el abuso y estafas bancarios, la persecución a nuestra agricultura e industria, el ataque al medio ambiente o a las pensiones y servicios públicos de calidad, los privilegios de la Iglesia Católica, la desigualdad de género,…etc. Estos son problemas que apelan a las expectativas de subsistencia o bienestar, a las conciencias particulares, a la ética individual o a la solidaridad más allá de los grandes discursos u ornamentos ideológicos.

Hay que acabar con la incultura cívica que nos hace situarnos en los signos y en agarrarnos a ellos - ¿son de izquierdas o de derechas? obligando a hacer un acto de contricción en cada frase- y que sea capaz de sembrar avidez por la igualdad y la cultura republicana. Hay que invertir en más y mejor educación y por supuesto en fomentar el asociacionismo cívico y en educar a la ciudadanía.

Por todo ello, yo también estaría preocupado si fuera élite política en este momento en “este país” porque una nueva fuerza política aparece como un tornado, como una marea en desarrollo corto en el tiempo, pero creo que profundo en sentido histórico y que aspira a romper el mantra del “no se puede” que ha tenido atenazado "este país" durante siglos y ha mantenido súbditos a muchos de sus ciudadanas y ciudadanos. Aún hoy se pueden escuchar a lo lejos a nada que hagamos un ligero ejercicio de escucha mediática los gritos de ¡Vivan las cadenas! cuando Felipe González llama a rebato a las castas del PP y del PSOE para unirse contra los argumentos y la fuerza arrolladora de las luces de Podemos, que tanto entusiasmo están generando en jóvenes conscientes y antiguos comprometidos. Porque no viene solo a ocupar puestos en la izquierda de la bancada parlamentaria, porque viene a por todas ¡a ganar y cambiar el signo del mantra histórico!

Como fuerza desatada la ciudadanía puede ahora constituir una mayoría de cambio, para que de una vez la razón triunfe ante la incultura, la sinrazón y las armas. Los espíritus de regeneracionistas, socialistas, comunistas, republicanos y anarquistas honrados gritarían con nosotros:

¡Libertad, igualdad, fraternidad ! España mañana será republicana!
¡Doble llave al sepulcro del Cid ! ¡viva las luces!
¡No a la monarquía antidemocrática !
¡Justicia social !
¡Sí Podemos!