jueves, 7 de noviembre de 2019

A quienes ojalá un día puedan cambiar el mundo


Fallo de sistema (VIII)


Las cartas están repartidas y vistas. La dilación del proceso de consulta en Cataluña no traerá más que mayor inquina y desafección mutua, que harán imposibles la armonía y estabilidad política catalana y española. El destino llama otra vez a la puerta de la historia común, abanderando intereses y oprobios históricos varios. Es el destino marcado desde las coordenadas de la etnicidad, que regurgita periódicamente afrentas, deslealtades y bilis históricas.

Los que en medio del fragor patrio no se sienten vinculados ni representados por proclamados destinos históricos, aquellos que afirman servir a la única razón de la emancipación humana, no pueden sentirse identificados con esta apisonadora del cruel destino - un destino trazado y revivido como perpetuo ritual por los pastores, líderes patrios o profetas apocalípticos de aquí y de allá - les acompaña una profunda convicción humanista que les lleva a transcender la cartografía histórica de tropelías y desafueros mutuos. Nunca se sintieron esencialmente de patria alguna, sino que siempre asumieron una condición internacionalista apátrida. Su existencia no se vincula más allá del deseo de lealtad, solidaridad y gentil trato con las gentes que nacen, adoptan, refugian o pasan por un territorio.
 
En este hilo descriptivo de la ubicuidad, los sentimientos y de la razón humana; más allá de vanidades étnicas, hemos de pensar que el Poder se reviste de sutiles ornamentos para cada circunstancia y momento y, a día de hoy, en este lugar del planeta llamado Cataluña, son dos naciones con sus intereses oligárquicos enfrentados y los plutócratas lejanos que forjaron la crisis, los que marcan y condicionan el debate patrio.

Nada nuevo bajo el sol, la historia se repite una y otra vez. El enfrentamiento entre pueblos o etnias es el caldo de cultivo del sino como mito del eterno retorno: La supuesta y omnipresente imposibilidad del ser humano de superar las maldiciones del Dios contrariado y furibundo en el Jardín del Edén, que históricamente predispuso al sometimiento de los muchos a una casta de monarcas, ricos y sacerdotes, personificaciones terrenales del poder divino. O bien como mito de Babel, en que el poder divino somete a la confusión, al éxodo y la diáspora a aquellos que juntos levantaron torres a su altura. 

Los arcanos patrios vigilan, están siempre presentes y periódica y caprichosamente nos embarcan en epopeyas como pueblos con un pretendido sentido histórico, creyendo que la "diosa Fortuna" guiará al pueblo hacia la emancipación, tejiendo en el tránsito paisajes humanos impresos como si fueran las cartas del destino, cuando el destino es diseñado cada día por los poderosos.

No obstante el espíritu que anima a los seres libres sigue buscando su paraíso perdido su Babel olvidada. Esa búsqueda es la que ha nutrido siempre las razones y episodios de la disconformidad, de la crítica, de la rebeldía, de la insurrección de los muchos, exigiendo de nuevo un lugar digno en este Mundo y organizando la revuelta para recuperar el Edén y Babel, esos paisajes que los poderes nos robaron para prevalecer sobre nosotros adjudicándose ellos el bien y condenando a los muchos a la dispersión y al sufrimiento.

Por eso hemos de recuperar el sentido de unidad de pertenencia, forjando los valores que nos catapulten definitivamente a ser especie humana. El Poder, arcano, nos quiere separados para confundirnos y dominarnos mejor. Divide et impera.

Sólo aquellos que se reconozcan como iguales, sin atávicos lazos de sangre patria; los que tejan sueños fraternales a diario, los que derriben muros, tracen puentes y diluyan cada día las fronteras físicas, económicas y psíquicas que nos atenazan y enfrentan, podrán constituirse como humanos libres para construir otro mundo posible. Libres del pasado inmisericorde de agravios mutuos, libres de intereses étnicos, libres de instinto de dominio o de servidumbre, libres de mitos fundacionales que impiden cualquier cambio real: los mitos y supercherías religiosas, los mitos patrióticos y los mitos del dinero como felicidad y del progreso sin fin que están destrozando la madre Gaia, el único “mito” que nos sustenta.

Cataluña tiene hoy un corazón partido por dos mitos fundacionales nacionales. Se buscan espíritus libres que tiendan puentes de fraternidad para cambiar Cataluña y el Mundo.

martes, 8 de octubre de 2019

Necesitamos sindicatos, pero no estos



Fallo de sistema (VII)



Este año 2019 se han cumplido 100 del establecimiento legislativo, por primera vez, de la semana laboral de 40 horas, tras cerca de dos meses de huelga y brutal represión de los trabajadores de la compañía eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, de la empresa La Canadiense. Transcurrido un siglo, aún hay sectores y empresas con interminables jornadas laborales.

Durante décadas, las élites económica y política de la democracia liberal asumieron, a golpe de huelgas y revueltas obreras, que una clase trabajadora digna luchaba por sus derechos y merecía un respeto. Fue la cuestión social, desde los albores de la industrialización, la que imprimió con épica emancipadora el relato de la lucha o confrontación de clases, relato que se materializó en las luchas obreras de los siglos XIX y XX.

Desde entonces los factores que han removido los cimientos de la realidad social y laboral han sido innumerables, y haré especial mención a algunos que han llevado al movimiento obrero y la acción sindical al estado servil en el que se encuentran.

Un aspecto crucial ha sido la acumulación de poder de las élites económicas vía acumulación de la propiedad, dado el escaso interés de los poderes políticos para limitarla, nulo desde hace décadas. El mayor bien del que han dispuesto en exclusividad ha sido la apropiación y patrimonialización de los avances científico-tecnológicos de la humanidad. El uso exclusivo de la clase privilegiada de estos avances ha supuesto la absoluta dependencia de la sociedad en pleno de su tutela y liderazgo.

No obstante, esta tutela ha permitido durante décadas, que las sociedades funcionaran prácticamente como un todo vivencial, que aquello de la cohesión social hiciera languidecer la lucha de clases bajo la importante pérdida de identidad como clase de amplios sectores de la clase trabajadora. El llamado estado de bienestar, construido sobre el pacto social de posguerra, consiguió que una parte privilegiada de la clase trabajadora pasara a ser considerada clase media en una sociedad en que la riqueza que acumulaba la élite económica, desbordaba su recipiente patrimonial vía redistribución.

En esta ilusión de “capitalismo de rostro humano” de “fin de la historia y de los relatos emancipadores” nos mecieron los “clarines” patrios, justo hasta el momento en que el sistema que hizo posible los llamados “30 años gloriosos” hizo techo vía pérdida de tasa de ganancia de las empresas. Entonces reapareció el liberalismo económico depredador, bajo el neoliberalismo el poder económico rompió unilateralmente el pacto social y amaestró a buena parte de la “clase política” logrando incluso que la socialdemocracia se tornase social-liberal a través de las llamadas “terceras vías políticas”. Felipe González, Toni Blair o Gerhard Schroeder recondujeron las sociedades hacia la servidumbre voluntaria.

Aunque también hubo terceras vías que permearon los sindicatos y los burocratizaron, haciéndolos serviles y proclives a la concertación con unos poderes políticos y empresariales que hace décadas humillan a trabajadores y trabajadoras. Sindicatos que se han escorado hacia las prácticas de gestión del sistema a través de la gestión planes de pensiones de capitalización, de ERES, de formación ocupacional, etc. De seguir como ahora, los grandes sindicatos serán lo que Ulrich Beck llama categorías zombis, en lo que respecta a su función original como instrumentos de emancipación de la clase o las clases trabajadoras.

Hoy los sindicatos se han transformado sustancialmente, no son los mismos que los sindicatos que lideraron las luchas obreras que consiguieron los derechos que nos asisten. Habrían de ejercer una práctica de lucha sindical combativa, de confrontación con el actual sistema depredador de las formas de vida y relación en el planeta. Una de las movilizaciones más urgentes, ante el problema de paro y precarización del empleo, es que los sindicatos asuman realmente su centralidad en la lucha por la emancipación de las personas trabajadoras. En este sentido es necesario recuperar el espíritu de los trabajadores y trabajadoras de La Canadiense, impulsando la lucha sindical y social por la disminución significativa de la jornada laboral, para lograr pleno empleo ante los retos del trabajo globalizado y del avance tecnológico-cibernético-robótico.

jueves, 22 de agosto de 2019

Los políticos deben a la ciudadanía una Bankia Pública








Fallo de sistema (VI)

Los políticos deben a la ciudadanía una Bankia Pública

Es de Perogrullo que el leitmotiv del capitalismo es el beneficio privado, adquirido en condiciones de competencia, en teoría libre, pero frecuentemente minimizada por grandes grupos oligopólicos que se reparten el pastel. 

Dentro del sector financiero, la historia de la Banca en España a lo largo de los Siglos XX y XXI es un claro ejemplo de esta deriva oligopólica, que ha supuesto que actualmente los 5 mayores bancos controlen el 70% de los activos, lo que representa un nivel de concentración bancaria que, de media, duplica la existente en las principales economías europeas y que desde 2007 ha reducido el número de bancos, de 60 a 12 por las fusiones. 

Entre1872 y 1929 se crearon seis bancos llamados oficiales, que eran de capital privado pero regulados y controlados por el Estado. Nacieron para atender determinadas parcelas del mercado de crédito, y contaron con la oposición de una banca privada ávida de ocupar todo el mercado. Fue en 1962 que el desarrollismo franquista nacionalizó estas entidades, que se unieron al Banco Exterior de España y la Caja Postal de Ahorros, consolidando una Banca pública al servicio del Régimen.

Fuera lógico que el PSOE, cuando pudo, hubiera reconvertido la banca pública de la Dictadura en una auténtica banca pública con control democrático y al servicio de la economía, del crédito a empresas y familias y de soporte al Estado de derecho, pero no fue así. En 1991 se crea la Corporación Bancaria de España como banco matriz de Argentaria, con lo que queda de los bancos industriales, la Caja Postal de Ahorros y el Banco Exterior. En 1993 el PSOE comienza la privatización de Argentaria, que tiene varias fases y es culminada en 1998 por el PP.

El otro pilar de la economía social en España lo constituyeron las cajas de ahorros, que tanto hicieron por levantar el desarrollo endógeno en los diversos territorios llegando a cubrir más de la mitad del mercado de crédito. Durante años fueron pasto de la codicia bancaria y del oportunismo político. Ya en 1977 la reforma de Fuentes Quintana, ministro de UCD, aproximó su funcionamiento al de la banca privada, sometiéndolas a la competencia en el mercado interno. El desprestigio de las cajas se agudizó con su toma política por partidos desaprensivos que desplegaron a través de ellas un obsceno clientelismo, cuando no saqueo, en vez de un control y vigilancia prudenciales en aras de una economía sólida. 

No era de extrañar que, llegada la crisis hipotecaria, los grandes bancos, unidos al neoliberalismo efectivo en las instituciones, pactaran la reconversión y la definitiva bancarización de las cajas - ahora con problemas de crédito, liquidez y en gran parte de solvencia - o su absorción por los grandes grupos bancarios. Unas cajas rescatadas que fueron afectadas igual que la banca privada, todo hay que decirlo, pero en el caso de las cajas se asoció su financiación a su reconversión en bancos, su muerte era anunciada. La compra de diversas cajas por la banca privada a precio de saldo y la bancarización definitiva de las restantes fue estipulada por la troika para España y planificada por PSOE y PP mediante la consensuada la Ley de Cajas de Ahorro y Fundaciones bancarias de 2013.

Actualmente el Estado es propietario de la mayor parte de Bankia y del “Banco malo” La SAREB, que sirve para lavar los activos tóxicos de las instituciones afectadas a costa del erario público. La reconversión de Bankia, rescatada con 22.400 millones, en una auténtica banca pública, ética y con control democrático y social es una clamorosa demanda de la ciudadanía más consciente. Una vez más la pelota está en el tejado de nuestro Gobierno y nuestros representantes, que habrán de decidir si los ciudadanos merecen una banca sólida, pública y social o prefieren aumentar el negocio del oligopolio bancario privatizando la entidad. Tendrán que elegir entre reflotar Bankia, convirtiéndola en una banca de depósitos, capaz de ejercer la intermediación, la tradicional función bancaria de canalizar el ahorro social y recursos del Estado hacia proyectos de desarrollo económico social y sostenible, o bien poner sus activos en manos del capital usurero, opaco, depredador y especulativo. 

La elección debería ser sencilla para un buen Gobierno. Las finanzas habrían de estar reguladas, con control democrático y constituir un bien público de primera necesidad en una sociedad mercantilizada. Unas finanzas que irrigaran una economía al servicio del bienestar de las personas. No esperamos otra cosa de nuestros representantes, lo contrario sería ponernos de nuevo bajo las patas de los caballos.