miércoles, 27 de julio de 2016

Fe religiosa versus fe cívica





La fe religiosa construyó e instauró templos de encuentro, quizá esos templos han sido durante siglos los nodos de una globalización, la de los creyentes, ocupados en interpretar la palabra de Dios a través de las doctrinas de fe reveladas. Sin embargo estos templos estuvieron vetados a los librepensadores, a los que dudaban, a los diferentes que hicieron avanzar al Mundo. Para todos ellos especialmente en la Edad Media se instauró el Santo Oficio.

He de reconocer a los apóstoles, heraldos y predicadores de la religión la gran inteligencia de haberse sabido mimetizar en todos los rincones, domus y villas del Planeta, permeando y dominando catecúmena y moralmente la opinión pública, mediante un mensaje, ora de paz, ora de guerra, pero siempre adaptado a los deseos y expectativas imperantes. Desde que se ganaron para sí a tribunos y nobles en Roma con Diocleciano, Constantino y Teodosio finalmente, constituyéndose en la doctrina oficial del Imperio y de Occidente hasta hoy en la posteridad, los ministros de Dios en la tierra siempre han sabido mantener su posición al sol que más calienta y utilizado la fuerza de la corriente en su beneficio. Por más que nos prometan mundos nuevos aquí, o en el más allá, despachan continuamente con el Poder.

Las doctrinas religiosas siempre han tenido un pie bien asentado en las ansias de “salvación humana” y los gurus de la tribu religiosa siempre han sido expertos en interpretar los caminos de “salvación”. Esta salvación que en cada época se conjugaba en verbos comunitarios, en la salvación de pueblos concretos, por la fe de la paloma o por la fe de las armas, la defensa o la conquista. Hasta hoy eso siempre ha sido así, la religión pretende universalismo, pero mantiene en la “parroquia” comunitaria su apuesta concreta. En cuanto al catolicismo, religión y nacionalismo siempre se han llevado muy bien y si no que se lo pregunten a los curas delatores de rojos durante y después de la Guerra Civil, a los que desde parroquias y órdenes religiosas del País Vasco lanzaron con su soporte a ETA, o a un gran elenco de políticos nacionalistas en Cataluña surgidos al calor de las juventudes católicas. En general que se lo pregunten al nacional-catolicismo, sea español, catalán o vasco.

No hay más cielos que aquellos que los y las creyentes pueden imaginar y bien sabemos que la imaginación siempre se asienta en este Mundo. La imaginación nos aproxima a la felicidad, hecha a nuestra medida y ese paisaje muchos lo llaman cielo.

Nadie volvió del “más allá” para decirnos que nuestra fe es real, ni la verdadera, siempre hemos sido nosotros, con urdimbres terrenales, los que hemos creado a nuestros dioses y no al contrario. Los agnósticos solo creemos lo que somos capaces de contrastar con los prismáticos de la razón. No nos mueve la fe religiosa pues no se puede percibir por los sentidos su fundamento. De la misma manera que no podemos llegar por la razón a la existencia de un Dios primigenio fundador, de un último principio fundamento y creador de todo el universo conocido y del posible desconocido ¿Porqué nos íbamos pues a alinear con una línea de pensamiento teológica?

¡No! Mi fe es de este Mundo, soy una persona mundana en el más amplio sentido de la palabra. Mundano, de mundanal, que ha sido utilizado a menudo eufemísticamente como sinónimo de ordinario o despreciable por las élites nobles u oligárquicas, o bien de pecado para la jerarquía católica. Me enojan los filibusteros de las creencias religiosas, depositarios de una “verdad” de fe revelada con la que dirigen y engañan la voluntad y la vida de la gente. Mi fe es cívica y se basa en la fe del poeta “Creo en el hombre. He visto espaldas astilladas a trallazos, almas cegadas avanzando a brincos, españas a caballo del dolor y del hambre, he visto y he creído”. ¡Existe una fe cívica! ¡Creo en una fe cívica! y solo la comunión profunda con lo mundano puede originar esa fe necesaria para cambiar el mundo. ” Y he tomado partido, partido hasta mancharme”.
A diferencia de las religiones, que históricamente han basado su impulso y legitimidad en una fe externa a la existencia humana, la fe de “los propios”, aquella en la que creo y me apoyo, hunde sus raíces en la profusa y remota necesidad de convivencia como bien intrínseco, en sí mismo y no marcado por ningún principio superior e irrefutable.

Podemos decir que la fe religiosa y la fe civica son compatibles, pero también, sin riesgo a equivocarnos, que la fe religiosa ha sido siempre la venda permanente para aguantar cristianamente profundas heridas existenciales. La religión ha servido en la historia, como mínimo, como cataplasma para soportar sin rebelarse el dolor y la ignominia. También, su desarrollo en las clases populares, nos explica en parte esa especie de anomia social de los “humildes”, aquella anomia por la que Etienne de La Boetie escribió su ” Discurso sobre la servidumbre voluntaria” En la que se pregunta el por qué los más se subordinan siempre a los menos.

Personalmente me produce una gran desazón comprobar cómo, aún hoy, personas inteligentes profesan, e incluso practican creencias religiosas. Parece que crean que solo lo espiritual les puede salvar. Pero en esto confunden el término espiritualidad, como si la espiritualidad fuera deudora de las religiones. Como si unas religiones fundamentadas en supercherías diversas, aderezadas con aspiraciones de poder terrenal y con una historia cargada de luchas fraticidas pudieran, aún hoy, guiar nuestros pasos espirituales. Al final me temo que todo es fruto de un cierto seguidismo cultural de tradiciones heredadas y sin fundamento, una visión cómoda de estar en el mundo.Son gente bien asentada en su comunidad y que posiblemente quieren influir sobre ella, aceptando sus mitos, ritos y banalidades. Dudo mucho que así puedan cambiar profundamente ni la existencia, ni la espiritualidad auténtica de sus sociedades.

Es necesario el despertar ciudadano, más allá de la revuelta necesaria, el despertar de una nueva fe cívica que vuelva a poner a la humanidad, como especie, en armonía entre iguales y con el planeta. Un nuevo ideal de emancipación más allá de religiones, naciones, e intereses económicos. Un ideal de ciudadanía universal y ello es posible a pesar de la diversidad, ya que si ponemos el acento en lo que une a las ideologías emancipadoras, no es sino la lucha contra la opresión y dominación de unos/as sobre otros/as.

¡Que resurja la fe cívica y que mueva montañas!



Antonio Fuertes Esteban


27 julio 2016
Revisión y reformulación de un artículo anterior

viernes, 10 de junio de 2016

Defendamos la democracia contra el golpe de Estado de los poderes financieros






ATTAC Acordem



Estamos viviendo un momento histórico de emergencia social y política, que hace urgente y necesaria la movilización ciudadana. Ha llegado la hora de que la ciudadanía en pleno recapitule y valore lo que ha venido desarrollándose en la vida económica, social y política durante las últimas décadas, para extraer consecuencias que orienten el sentido de su acción.

La crisis actual del capitalismo se conformó, durante décadas, al calor de la hipertrofia y descontrol de los mercados financieros globalizados. Mercados en que las empresas y los capitales gozaron de absoluta libertad de movimientos, apenas sujetos a normas orientadas al bien común y casi exclusivamente buscando el beneficio a corto plazo.

Las consecuencias han sido, la progresiva privatización y oligopolización del sistema financiero y de la creación de moneda a través de la titulización, el desarrollo de grandes bolsas de deuda y el crecimiento espectacular de la deuda pública para absorber la deuda privada de los bancos expuestos a la quiebra y una economía de marcado carácter antisocial y especulativo. Dicha economía especulativa está apalancada en los paraísos fiscales offshore - que constituyen al mismo tiempo las termitas de los sistemas fiscales y el principal instrumento de la corrupción social, empresarial y política - así como también apalancada en un mercado internacional desregulado y de alta frecuencia. Todo ello favorece la especulación sobre todo tipo de activos y además sin cargas impositivas. Los paraísos fiscales crean al mismo tiempo competencia y dumping fiscal, suponiendo ello que los estados reduzcan sus bases y tipos impositivos sobre el capital y que las cargas fiscales del mantenimiento del sistema de bienestar recaigan mayoritariamente sobre las rentas del trabajo.

La crisis financiera, no fue producto del azar, sino de un conjunto de medidas político-legislativas de carácter oligárquico, conservador y económicamente neoliberales. Esta crisis pronto se trasladó al conjunto de la economía y de la sociedad. La ciudadanía ha podido constatar cómo las medidas políticas que han tomado los gobiernos ante la crisis, no han tenido como finalidad paliar los efectos de la crisis sobre las personas, sino salvar a los bancos y la economía especulativa. De aquí que esta crisis en su conjunto haya sido una gran estafa, que ha supuesto un gran crecimiento del paro, la desigualdad y la pobreza a nivel mundial.

Debido a las políticas económicas que nos han sumergido en la crisis, los avances sociales y democráticos que se conquistaron en la Europa de post-Guerra están sufriendo una profunda involución. Mientras los trabajadores pierden derechos laborales, el paro aumenta debido a la crisis y al desarrollo tecnológico, constituyendo un gran “ejercito de reserva” que  retroalimenta la precariedad y el dumping laboral. Mientras los servicios y prestaciones públicas son recortados, aumentan los multimillonarios y las corporaciones reparten sustanciosos dividendos. Mientras salir de esta situación crítica haría necesaria la participación de la ciudadanía, la voluntad popular es constreñida y amordazada legislativamente por las oligarquías políticas y secuestrada desde los grandes medios de comunicación.

Los mercados financieros especulan sobre los desastres que causa el cambio climático. Jugar con los desastres naturales futuros para garantizar un buen rendimiento, cuando los mercados de valores son inestables, se ha convertido en la última moda entre los aseguradores y financieros. Ante el aumento de los costos de los seguros, las aseguradoras se han dado cuenta de que el cambio climático está aumentando el número y la intensidad de los desastres naturales y tratan de diversificar y aumentar sus recursos financieros derivados. 

Las matemáticas financieras no son sin embargo capaces de tomar en consideración la naturaleza inmensa y dramática de los riesgos relacionados con los desastres climáticos y el sistema financiero global no es suficiente para garantizar la estabilidad, consistencia y resistencia frente a un riesgo sistémico de esta magnitud. Bienvenidos al mundo de los bonos de catástrofe, las inversiones en desastre.

Mientras, Europa asienta un golpe definitivo a sus pretendidos principios de solidaridad y a sus leyes, cerrando fronteras al refugio y la inmigración procedentes de la pobreza, epidemias o guerras. La idea de Europa vive hoy una situación de emergencia, cuando los propios valores y fundamentos que la justificaban tras la post-Guerra, hace tiempo desaparecieron hasta no quedar rastro. Se nos está mostrando la desnuda y cruda realidad de la proclamada construcción europea y de su democracia, una nuez en la que permanece la cáscara, pero en que su corazón hace tiempo se está pudriendo. Hoy están en juego la democracia, el Estado de derecho, e incluso el gran pilar político en que se asienta el liberalismo democrático, “el imperio de la ley” 

Siempre supimos que, en el sistema capitalista, el Estado es un instrumento al servicio del capital, no obstante el llamado Estado social y democrático de derecho de la Europa de la post-guerra, se constituyó como un gran pacto social entre las fuerzas del capital y del trabajo. Hoy, con la crisis, constatamos cómo los poderes económicos han roto unilateralmente este pacto social. Los principios y normas democráticas están siendo atacados y burlados por los poderes económicos, que están vaciando al Estado y sus instituciones como depositarios de la soberanía popular y convirtiendo el proyecto democrático en una entelequia. Y son organismos internacionales no elegidos democráticamente como el FMI, el BM, la OMC, la OCDE, el G-20 o el Consejo Europeo, quienes avalan esta pérdida de poder de los estados frente a las grandes corporaciones. 

Hay que atreverse a decir claro y alto que las corporaciones hace tiempo que están dando un golpe de estado a la democracia en Europa y esto con el apoyo de los organismos financieros internacionales y de una mayoría de gobiernos cómplices o siervos. Esto es así cuando tratados como el TTIP, TISA o CETA pretenden anular el ejercicio de la voluntad popular y suplantarlo por la dictadura de las corporaciones. O cuando estas mismas corporaciones y grandes fortunas burlan sus obligaciones para con las haciendas públicas por medio de los paraísos fiscales. O cuando el interés de los bancos pasa por delante de las necesidades sociales de los más vulnerables. Ante todo ello podemos tener por seguro que cuando los estados han rendido sus armas al capital, ha llegado la hora de la ciudadanía.

Cada vez resulta más necesaria y apremiante la convergencia de los, hoy dispersos, movimientos sociales, organizaciones sindicales re-formuladas de lastres sistémicos y de todas las fuerzas políticas contrarias al neoliberalismo. Hemos de derribar las murallas de insolidaridad que la Europa del capital ha levantado. Habremos de organizarnos y movilizarnos políticamente para ir articulando un movimiento europeo en defensa de la democracia que sea el germen de la necesaria revuelta cívica ante este estado de cosas. Para ello sería necesaria la convergencia de las luchas existentes: Por el medio ambiente, mareas, sindicales y derecho al trabajo, derecho a la vivienda, tratados de libre comercio, justicia fiscal, deuda, 28 M,….etc, bajo la bandera de un amplio movimiento popular en los estados de Europa, que la defienda de los ataques del capital y de las fuerzas conservadoras y abra la puerta a otra Europa posible.

Hemos de ir fraguando la unión de los movimientos socio-políticos transfronterizos, urdiendo espacios de encuentro y de construcción política de ciudadanía europea. Habremos de oponernos sin paliativos al actual entramado oligárquico europeo. Habremos de unirnos para constituir la Nueva Resistencia, la resistencia democrática ante el avance dictatorial de los mercados financieros con la complicidad o pasividad de los gobiernos de turno en Europa, que nos embarcaron en esta travesía de pesadilla llamada Unión Europea. La unión de los pueblos de Europa solo puede construirse de forma democrática, social, ambiental y solidaria hacia el Mundo.

Pero para construir esta fuerza de resistencia, no podemos hacerlo sin superar los egoísmos partidistas. La Resistencia se fragua con res pública y ciudadanía política, con proyecto político frente-populista e internacional. Si la palanca de esta resistencia habría de constituirse unitaria e internacional, el enemigo al que combatir ha de de-construirse negando y atacando sus fundamentos, que son los instrumentos erigidos en pos del beneficio económico a costa de nuestra democracia, de nuestros derechos y de nuestra vida. Al mismo tiempo que generando alternativas económicas democráticas, justas, ambientales y solidarias.

En este sentido, hay que ir torpedeando con argumentos sólidos y movilización con fundamento los buques insignia del entramado oligárquico que nos trata de esclavizar. Y, siendo siempre proactivos, el proyecto anti-oligárquico y democrático hoy, tiene como retos: 

Planificar la supervisión y control de los mercados financieros y de sus instituciones.
Regular la circulación irrestricta de capitales.
Proclamar la necesidad de disponer de unos bancos centrales públicos, al servicio del pueblo y no de la banca internacional.
Cuestionar la emisión privada de moneda por los bancos.
Luchar por ir recuperando el bien común público que significan las finanzas, ello mediante una banca pública, ética y con control social.
Exigir la separación de la banca privada comercial y la financiera.
Acabar con los paraísos fiscales e implantar un impuesto a las transacciones financieras internacionales.
Abrir paso a una fiscalidad justa, ambiental y solidaria.
Lograr abrir el proceso a una auditoría de la deuda y al impago de la ilegítima.
Proclamar nuestra absoluta oposición a los eufemísticamente llamados acuerdos de libre comercio: TTIP, TISA, CETA,.., otros.
Y finalmente, importantísimo. Luchar por la reducción del tiempo de trabajo para que el derecho al trabajo digno sea efectivo y así acabar con el “ejército de reserva de trabajadores en paro” que es la mayor arma del capital contra los trabajadores y trabajadoras.

Un proyecto ciudadano haría bien en considerar la lucha por la democratización de la economía y las finanzas como su primer objetivo, y las organizaciones políticas y sindicales por el cambio harían bien en mostrar el camino hacia la consecución de derechos, que no es otro sino el cambio del sistema económico actual, ya que ningún logro social será posible si no cuestionamos de raíz los instrumentos económicos que el capital tiene para dominarnos, vulnerar derechos y someternos.


domingo, 5 de junio de 2016

Ayudemos a dar a luz a las nuevas generaciones






Uno de los temas más recurrentes en los intercambios dialecticos existentes entre los grupos críticos de la sociedad civil hoy, es un tópico ya manido y es ¿Cómo articulamos una sociedad civil consciente, dispuesta a trabajar conjuntamente desde la acción política en el espacio social y que sea capaz de movilizar voluntades para ejercer un rol activo, competente y empoderante, frente a las instituciones y los mercados?
Y estamos en esas, cuando se viene observando que normalmente las personas que se preguntan por ello, siguen o seguimos reproduciendo los mismos rituales y automatismos auto-centrados de siempre: La lucha de cada cual y su espacio siempre es el prevalente y está por encima de los demás.

Bien ¿Y cómo articulamos pues la sociedad civil de los movimientos sociales? A mi esta pregunta me sugiere que si hablamos de sociedad civil, en principio habría de ser independiente, o al menos no habría de estar coaptada por las fuerzas políticas con raíces institucionales o para-institucionales a cualquier nivel, lo cual sería como calzar a la sociedad civil con los zapatos de formas pre-diseñadas aspirantes al poder político. Aunque entiendo que esta pretendida independencia viene siendo difícil en su desarrollo práctico.

Y es difícil cuando observamos cómo determinados líderes de movimientos sociales, tienen sus raíces bien afianzadas en determinadas fuerzas políticas y sindicales que entran a formar parte de las instituciones varias, o tienen intereses corporativos muy concretos, en el caso esto último de los sindicatos. Ya sé que forma parte del juego político por la hegemonía social y que es una especie de “ley de permeabilidad política en la sociedad”, pero sin embargo hay algunos hechos que llaman especialmente la atención. No se sabe muy bien cómo pero a menudo se puede observar y es obvio, cómo partidos concretos colocan elementos destacados e incluso líderes en los movimientos sociales, algunas veces personas que están incluso en mesas ejecutivas y que viven como liberados.

No entrando a juzgar el mayor o menor contenido ético de esta realidad, sí que me atrevo a adelantar un juicio personal sobre lo impropio e ineficaz en el medio y largo plazo de este tipo de hechos.

Pienso que la función crítica de la ciudadanía en su proceso de ejercicio de acción social y control democrático, habría de estar mediada, en sus liderazgos al menos, fundamentalmente desde posiciones críticas, pero no necesariamente alineadas políticamente. El hecho de este frecuente alineamiento, puede deteriorar a menudo el ejercicio de ciudadanía política en su función de control y puede ser origen de ejercicios de manipulación de la política institucional o para-institucional sobre los movimientos sociales. Movimientos sociales que a mi modo de ver habrían de ejercer su ejercicio político crítico y de control, independientemente de quien está en el gobierno de las instituciones o de quien aspira a estarlo.

Por otra parte, hay muchos ciudadanos y ciudadanas independientes que he venido observando reiteradamente que no se incorporan a movimientos sociales cuando detectan colores políticos de fondo muy aparentes, especialmente pasa esto en una joven ciudadanía que se acerca a las ONG,s, pero no a movimientos sociales penetrados y a veces abducidos políticamente. Los jóvenes han de realizar su proceso de acercamiento a la acción social, lo viven a menudo como un descubrimiento de una realidad, pero al mismo tiempo de sí mismos y de sus capacidades para dejar su impronta, su especificidad y a veces pienso que no les dejamos, especialmente cuando las directrices ya están marcadas en algunos movimientos vía estrategias partidistas.

No olvidemos que a menudo, algunos viejos activistas militantes se han formado en escuelas del militantismo político en partidos organizados por “cuadros” y desde el “centralismo democrático” y esto deja huella. Se puede observar sus dejes organizativos y metodológicos clásicos y estructurados desde estas culturas de centralismo democrático de no hace mucho. Estrategias basadas en pivotes fijos de recepción y trasmisión de información selladas con la rigidez del mármol. Sin que se planteen incorporar estrategias más proclives a las formas en que los jóvenes orientan hoy su participación. Estrategias de fomento de la participación, multipolares, con nodos flexibles y móviles, con un uso participativo, horizontal y no radial adecuado, de las nuevas tecnologías o de los intercambios relacionales y decisorios de todo tipo.

Cada generación es un ciclo nuevo de vida, como olas que van y vienen en la historia de los deseos. Alguna ola deja una huella en la costa, otras apenas llegan a arrastrar unos granos de arena en un vaivén continuo. Sin embargo cada generación, cada ola, lo intentan con su mayor o menor empuje. Y es esta constatación de la secuencia temporal o histórica que nos invita a reflexionar. Los que estamos por la libertad del mar, por los flujos de vida y de deseo, sabemos también que hay un sin fin de sueños y deseos que no llegan a manifestarse en la realidad, pero también sabemos que solo el deseo es lo que puede mover las categorías históricas. Lo que la sabiduría nos dice es que hemos de procurar que los deseos se expresen y busquen sus cauces para que los cambios se produzcan. Evitar que surja el deseo, coartando los espacios de pensamiento o reflexión o cortar las alas al deseo cuando recién aparece, no dejando manifestar ni siquiera su forma primigenia, es una tentación de todo ser establecido en la cultura o las normas, sea del color vital, filosófico o político que sea.

Es un hecho reiterado en el hacer de muchos "experimentados" de la ortodoxia (del color que sea) abundar en la vigilancia de lo que se mueve fuera de su ola sintónica, más si pertenecen a olas jóvenes que recién conforman sus reflexiones prácticas ante la vida. Y una vez sopesadas sus primeras manifestaciones, desterrarlas por inútiles, o contradictorias con su sabiduría añeja. E igualmente y al mismo tiempo, manifestar que las olas jóvenes viven muy bien en la cuasi quietud y no tienen ganas de enarbolar banderas de acción y cambio. Si no mueves te increpo y si mueves te desautorizo, práctica habitual por estos lares.

La ciudadanía no necesita líderes carismáticos y menos con hechuras dieciochescas. Estamos en otra época en que las formas relacionales y políticas cambiarán porque es ley de contexto histórico y social y ley de vida. Los jóvenes piden espacios, los necesitan, favorezcamos su energía potencial y la expresión de su deseo y dejemos que sean ellos los que elijan de sus experiencias y de las nuestras, sin imponer nada. Los jóvenes nos lo piden con gritos de "silencio", cuando no con caras de hastío. Esos mismos jóvenes que están esperando su turno para trabajar, para poder emanciparse, para construir con nuevos vientos, aun equivocándose, agradecerían les dejemos espacios en la acción política y social. Seamos buenos compañeros de viaje y a medio plazo nos pedirán consejo, si no lo piden es por temor o vergüenza. Siempre que perciban que no deseamos controlarlo y organizarlo todo, que no estemos continuamente juzgándoles, las cosas cambiarán y tendremos el relevo necesario que tanto esperamos.

Barcelona 5 de junio de 2016