miércoles, 10 de diciembre de 2014

Por una res publica global



Antonio Fuertes Esteban. ATTAC Acordem

Durante siglos pusimos los muertos en las guerras y los vientres y cuidados para aumentar las conquistas de reyes, papas y tiranos. Nos dejamos la vida construyendo sus palacios y catedrales, remando en sus galeras, sirviendo en sus haciendas, pegadas y pegados como siervos a sus tierras y sometidos a sus dictámenes arbitrarios. Comenzamos el camino hacia la libertad emancipándonos de un Dios temible y pegándonos a la razón, pero los mismos reyes que enarbolaban el cetro divino permanecen en nuestro tiempo como burla del pasado, oficiantes del eterno rito del Poder, como símbolo de la desposesión del pueblo. 

Nosotros y nosotras somos el pueblo, aquel al que sometido y dividido se ha gobernado tiránica e impúdicamente, la mayoría de las veces en beneficio de unos pocos. Aquel al que se ha educado mediante mitos religiosos y nacionales que sembraron la cizaña de la diferencia y arengaron a guerras de conquista. Aquel al que siempre se dijo que no estaba preparado para ocuparse de sus propios asuntos ya que solo los excelsos podrían velar por él gobernándolo. Como pueblo acumulamos conciencia y experiencia histórica y ya conocemos las artes del dominio. Arengados contra enemigos fabricados, carne de nuestra carne humana, mediante guerras de conquista y religiosas. Puestos a competir en los mercados de la competitividad capitalista para alimentar el becerro de oro en la sociedad de la abundancia y el despilfarro. A competir por un trabajo que es un derecho, a competir por las fábricas rebajando nuestros salarios, a competir por poseer más patrimonio, por tener más poder y dominar los mercados.

Son todos los “Césares” a lo largo de la historia quienes crearon las reglas del juego y consolidaron las clases, las razas, las religiones, las naciones, la banca, las megalópolis. Quienes pusieron puertas al campo y dividieron para imperar. Estamos en una etapa crítica de la historia: Podemos seguir como hasta ahora, separándonos y compitiendo con “los otros”. Podemos seguir adorando al becerro de oro de la abundancia, al dinero. O bien al contrario, podemos comenzar a construir el gran sueño, el sueño final que nos habría de hacer a todos libres e iguales. Un sueño que necesariamente ha de comenzar dotándonos de nuevas leyes, orientadas a la colaboración y no a la competencia. Donde todas las personas dispongan de oportunidades y no solo las más capaces. Donde la justicia y la solidaridad acerquen a los pueblos y les hagan por fin partícipes de un mismo destino compartido. Donde la acción del hombre respete la madre Tierra, la Pachamama que le da vida y nutre su existencia. 

Este es nuestro reto, vincular nuestro destino a la gran transformación que nos hará por fin existir como especie, lograr la paz perpetua y un proyecto compartido, un futuro global de personas libres e iguales. Juntar nuestras voluntades y nuestras manos contra las banderas que, alimentando con ideas sutiles el beneficio de notables, dividen al pueblo que habría de encarar unido su auténtico destino, la República mundial de libres e iguales. 

Tendremos que derribar las barreras de la esclavitud respecto a gobiernos de mercaderes competitivos y soldados de la exclusividad patriótica. Tendremos que avanzar mil años de golpe nuestras mentes y nuestros corazones, soñar que un mundo diverso no ha de mantener necesariamente fronteras de intolerancia y enarbolar este sueño diariamente. Tendremos que diluir, con el conocimiento y acercamiento a los otros, las fronteras que ponen los exclusivismos culturales que recrean de continuo antiguas afrentas. Tendremos que tender puentes de diálogo ante cualquier conflicto y favorecer con todo ello el avance hacia la hermandad y federación de los pueblos, siempre adelante ¡valientes! siempre adelante. Tomemos las instituciones como pueblo aquí y allá. ¡Unamos nuestros destinos! y por fin seremos especie y otro mundo será realmente posible. Avancemos en democracia y federemos nuestros pueblos contra el poder del dinero, contra el poder totalitario, contra el poder adoctrinador de las iglesias. Ese es el camino ¡Hacia una Res Publica de la Humanidad!

domingo, 30 de noviembre de 2014

Si somos ratones ¿por qué votamos a gatos?





Los ataques que está recibiendo Podemos son los mismos que recibe cualquier "nouvingut" con credenciales populares. Podemos tiene razones que nadie desde el neoliberalismo cree, se diría que ya todo está perdido, o piensas neoliberal o no existes o si existes es para pasto de cabras y buitres o hazmereir de gente presuntamente técnica pero sin alma, como se viene demostrando desde hace unas semanas en los debates televisivos de los distintos canalaes patrios.

No es de extrañar que en los diarios del régimen del 78 ahora se dediquen a torpedear y desmenuzar el programa de Podemos, ejercicio que sirve para activar el espejo de las propias inconsistencias ideológicas de estos medios e inconsistencias programáticas de los partidos a los que defienden - no han cumplido nada de sus programas -  así como también se constatan sus nimias y cosméticas propuestas resolutivas para salir de la actual situación, ya que no tienen ni idea de hacia donde habrían de dirigirse porque lo delegan todo a las reglas que han elaborado para el beneficio de los poderes económicos y financieros y eso les deslegitima y anula para cualquier cambio posible.

Cuando la deuda era la deuda del sur, que impedía salir de la extrema pobreza a países de América latina, nadie pensaba que América latina pudiera salir adelante. Pues bien ha salido en parte y eso porque algunos decidieron hacer auditoría y re-estructurar su deuda recomprándola a precios más bajos de los acordados, como Ecuador y en tiempos Argentina que auditó y reestructuró su deuda para no caer en un gran agujero crediticio. Hoy también Islandia que se negó a pagar a los bancos acreederes internacionales que presionaban a sus banqueros corruptos y metió a estos en la carcel, hoy la deuda se ha reestructurado con quitas importantes, no pasa nada por ello y hay que recordar que Alemania nos debería a otros países una gran deuda que le perdonamos en la reunificación,..., la historia sigue después de la deuda, ahora, nos lo tenemos que creer.

El tema en Europa tal y como nos lo plantean muchos señores opinadores en la política y en las televisiones del régimen del 78 es que las cosas no pueden cambiar, cuando en realidad deberían de decir que no quieren que cambién, que ellos así están bien pues a ellos como parte de este sistema de componendas empresariales, favores y puertas giratorias ya les va estupendamente. 

Pero en 2009 el PP y PSOE, de la manita, nos metieron junto a otros 27 países entonces ( de signo Popular, socialista y liberal) en una auténtica trampa del capital de la que, en teoría, no se puede salir y se llama que se llama Tratado de Lisboa ¿qué haremos para zafarnos de esta trampa?

Ya sabemos que lo hicieron muy bien, igual que cuando el PSOE nos metio en la OTAN o nos metió el artículo 135 por via constitucio-anal y lo hicieron tan bien que con sus reglas bendecidas en el Tratado de Lisboa han conseguido que por ejemplo las multinacionales y grandes empresas apenas paguen impuestos efectivos donde se asientan, que no haya inspectores de hacienda para perseguir el fraude fiscal de las grandes empresas o fortunas, que 4 paraísos fiscales de la UE (Luxemburgo, Liechtenstein, Malta y Chipre) y varios del espacio económico europeo ( Andorra, Gibarltar, Suiza, Mónaco, Vaticano, San Marino,...etc) Se beneficien de tratados comerciales preferenciales con la UE cuando compiten deslealmente atrayendo capitales delictivos y no delictivos a sus centros offshore. Una UE en que están prohibidas dos armonizaciones necesarias: La fiscal y la de normativas laborales.... etc, etc, etc

Y sabiendo cual es la mar de fondo de lo que hoy tenemos, aún hay quien se dedica a criticar a los que quieren empezar por ejemplo, suprimiendo de entrada las puertas giratorias para hacer más dificil la corrupción, o revisando la deuda o invirtiendo en un parque de viviendas públicas para que toda la gente pueda tener un techo y para esto último aducen que en beneficio público, como dice el artículo 128 de nuestra Constitución ( 128, 1.-Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. 128,2.- Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica. Mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio y asimismo acordar la intervención de empresas cuando así lo exigiere el interés general.) , el Estado pueda expropiar a los poseedores de miles de viviendas vacías, los bancos, parte de la deuda que tienen con la sociedad a través de "especies",  pisos para las familias que quedan en la calle.

Pagamos cada día 340 millones de euros de deuda y va en aumento y así no podemos pagar la deuda (es impagable) medios financieros internacionales como Financial Times o The Guardian han dado la razón a Pablo Iglesias, pero aún algunos de aquí, adoctrinados por nuestra casta se dedican a desautorizarlo sistemáticamente por plantear medidas que son necesarias, si queremos que nuestro país salga del pozo.

Y en cuanto a salir del pozo de verdad, en Europa, hace necesario el concurso de gente valiente y que se arriesgue a perder, por supuesto, pero es que ¿cuando un cambio no ha llevado enfrentamiento, contingencia, riesgos y lucha? En este país estamos empezando a perder el miedo a que nos han tenido atenazados los señoritos y la curia, ya va siendo hora de arriesgar y liberarse.

En la lucha por cambiar el signo de las cosas y el miedo de bando estamos nosotros, depende de la postura que adoptemos triunfará el cambio hacia una Europa mejor o reforzará la estulticia, arropada por la idiotez de los cobardes. Europa ha de conseguir que la ciudadanía despierte, en España y Grecia o Portugal ya está despertando, pero puede que los reparos y miedos de algunos no nos dejen avanzar.

Podría haber una posible vía para comenzar a deconstruir la Europa Neoliberal, para poner un soporte y cambiar el signo de Europa y es que 9 países de los 28 actuales se pongan de acuerdo en lanzar medidas económicas y políticas contra el signo neoliberal de la Europa actual. Es lo que se llama método de cooperación reforzada, que pueden comenzar 9 países de la Unión Europea y que posiblemente es la única grieta que el Tratado de Lisboa deja para tomar decisiones entre varios países más allá de la Tiranía del "protectorado" del Consejo Europeo. Hagamos que el cambio en Europa sea posible y rememos con fuerza, de no ser así nos convertiremos en el perro del hortelano, que simplemente viendo los problemas de cualquier iniciativa, ni come ni deja comer.

Si debemos de deuda 1'1 billones de euros y pagamos, solo de intereses, casi 100 millones de euros cada día por haber salvado la deuda privada en que cayeron los bancos por sus tropelias especuladoras con el dinero de todos ¿cómo vamos a poder hacer políticas económicas y sociales en 30 años como mínimo en esta situación? Máxime cuando el Tratado de Lisboa nos dice que el BCE es independiente y no puede prestar dinero directamente a los países. Por eso Podemos pide que sí lo pueda hacer a través del ICO o la banca pública .

Los neoliberales no pueden admitir que alguien intente crear una Banca pública, ética y con control social para , por ejemplo crear un parque público de vivienda, dar crédito necesario o evitar la especulación, porque saben que se les acabaría una buena parte del negocio, no lo van a consentir. Y esto precisamente es lo que pide el programa de Podemos y también la posibilidad de poder recibir dineros directamente al 0'15%, como cualquier empresa, por parte del Estado y no tener que emitir deuda que compran los bancos nativos y foráneos que sí reciben estos prestamos al 0'15% y luego especulan, con el dinero recibido, con la deuda del Estado al 4'5 %, vaciando las arcas públicas y creando más deuda en un ejercicio sin fin.

Sí, el cambio que plantea Podemos es posible, pero para ello los ciudadanos hemos de tener claro que es posible y apostar por el cambio. Podemos no es otro más, es un partido que avanza en democracia - aunque en eso nadie es perfecto- y que tiene claro qué consecuencias ha sufrido nuestro país, quien las ha provocado: LA CASTA y qué camino colectivo hemos de seguir, aunque sea duro, para salir de esta ratonera en que nos han metido los gatos que legislan para ratones.

Ver Vídeo de Mouseland (Tierra de ratones) original

VER VÍDEO actualizado por Podemos

Antonio Fuertes Esteban
30 de noviembre de 2014 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Emanciparse del estigma patrio






Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
(Antonio Machado)


La España central o de tierras adentro. La rural y profunda. La mayormente inculta y bastión de la reconquista. La adocenada. La que durante la Restauración votó al partido conservador de Cánovas del Castillo. La religiosa visceral, en un país donde la revolución burguesa y la secularización de la sociedad se vieron continuamente frustradas por concordatos, órdenes religiosas y ruido de sables. La autárquica, cerrada y castiza un país Viridiano y hurdeño para Buñuel. Que durante la segunda República votó a la CEDA de Gil Robles o desde la transición al PP de Aznar y Rajoy. Pasto de penas, liturgias, rosarios y señoritos enseñoreados de su súbdito cortijo y que siguen enseñoreados con mayoría absoluta en el Congreso. ¿Qué le pasó? ¡Cual es el sortilegio que la decadencia del imperio de los Austrias dejó en este país? generación tras generación de pobreza aderezada con toros, futbol y plegarias, de fiesta nacional y pandereta. Enganchados los pobres a las cadenas sublimes de la Patria, al corazón de las apariencias pretenciosas y mezquinas.

La España periférica, la liberal, la que en la Restauración vota a Sagasta y con la República Frente popular y tras la Transición PSOE, PC, o PNV y CiU, o a Bloque Galego o a ERC, después de la restauración borbón - "democrática". La europeista con sueños de libertad, la que quiso romper con la curia secularizándose, o no (PNV y CiU). La enemiga acérrima del rey Borbón y su dinastía, de la corte y su cortijo. La emprendedora y liberal que sintió la llamada de las Luces. La que clama contra la autarquía con ganas de abrirse al mundo, a la ciudadanía más allá de las fronteras. La España de los regeneracionistas Costa o Pi i Margall con ansias federales y universales la que quiso cerrar con dos vueltas el sepulcro del Cid y sus condominios para que no cabalgase una vez muerto, perpetuando el estigma de las dos Españas.

Y estas dos Españas transversalizadas por décadas y décadas de la pobreza y vasallaje y comandadas por una casta alternantemente desaprensiva durante la actual restauración borbónica. Marcada por el estigma de la Guerra civil que heló el corazón a varias generaciones, aunque algunos niños hoy no sepan que significó para sus abuelos. Y sin embargo las culturas, leyendas y universos dispares adosadas a territorios y familias, ora a ateneos ora a parroquias, se han transustanciado a menudo en colores de papeletas en las urnas, en recuentos de las afrentas patrias, en refugio de las glorias y programas de uno u otro signo, en nichos de incomprensión y de "espadas en alto" en las cámaras generales y territoriales. Hoy la pugna hispana sigue, sigue la estafa banderil que nos divide a los iguales entre rojos o fachas, entre conservadores y progresistas, entre laicistas y ritualistas, entre nicho de voto de izquierdas y nicho de derechas. Sin embargo la guerra que engendró este desaguisado, queda sin resolver; en eterno duelo no superado, en las cunetas, los pozos de cal y algunas memorias. Pero el pueblo perdió dicha memoria, cuando es un axioma histórico que quien olvida su pasado, no lo soluciona y está condenado a repetirlo.

Parecería que, según la tradición histórica, en y ante un conflicto secular no resuelto entre las dos Españas, el panorama político encerrado en el marco izquierda-derecha, al igual que en muchos otros países de nuestro entorno europeo, no está ayudando a aumentar el protagonismo del pueblo en las democracias formales en España o Europa. Esto daría prevalencia a un tipo de gobernanza marcada desde esferas oligárquicas y a democracias de corte elitista en las que la ciudadanía solo participa en la elección entre diversos grupos políticos que aspiran al poder, aquello a lo que Robert Dhal llamó poliarquía como sistema político. Eso sí añadiendo, en el mundo de la globalización financiera actual, que estos partidos elegidos para gobernar dejarían a las corporaciones internacionales el gobierno económico real en cuanto a los marcos decisorios fundamentales.

Así ha sido como izquierda y derecha se plegaron a la OTAN, a EE.UU o actualmente venden gran parte de la soberanía patria a las transnacionales. Aunque según ellos no pueden hacer otra cosa, ya que estamos hoy en un Mundo interdependiente y unas estructuras políticas europeas comandadas por la UE. Una UE no democrática y neoliberal por la voluntad de los gobiernos Europeos socialistas, liberales o populares puestos de acuerdo mediante el Tratado de Lisboa aprobado en 2009 y redactado bajo presión continua de los lobbies económicos internacionales. Este Tratado ha significado poner a Europa bajo la bota del capitalismo financiero y corporativo internacional tiranizando a su ciudadanía.

Pero hace ahora cerca de 4 años que miles de jóvenes sin futuro y de ciudadanas ninguneadas, salieron un 15M a las plazas exigiendo en España trabajo, democracia y dignidad. Protagonizaron un episodio de eco internacional en el que pusieron en evidencia la farsa del teatro democrático. Cuestionaron un sistema bipartidista de alternancia que revivía el eterno episodio nacional de izquierda versus derecha y proclamaron ¡Somos el 99%! ¡No somos ni de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo y vamos a por los de arriba!

Y hete aquí que, apenas 3 años más tarde, procedentes del mismo espíritu del 15 M, unos cuantos jóvenes, muchos de ellos profesores universitarios, deciden transformar el tablero político y cambian el marco interpretativo (frame) del juego de las veleidades históricas, se atreven a romper con la maldición infranqueable de las dos Españas. Rompen con un marco anterior que solo servía para recrear eternamente una historia ya escrita de antemano, acumulativa e irrenunciable, anunciada. El mismo marco que nutrió las conflagraciones carlistas, las disputas enconadas políticas y civiles de la Restauración, los conflictos de masas en el XIX y EL XX, la Guerra civil,..., en una palabra, el marco interpretativo de las eternas dos Españas. Marco bidireccional, con eje de abscisas marcado por la oposición conservador-liberal; izquierda-derecha; centro-periferia. El eje de ordenadas del paso del tiempo histórico un tiempo inmutable, como el mito del Eterno Retorno, sin posibilidad de cambio. Y esta gente valiente y a menudo incomprendida se atreve a cambiar el marco interpretativo histórico y hace algo parecido al siguiente ejercicio.

Cambia el eje "izquierda-derecha" por el de "los de arriba-los de abajo" y pone un tercer eje el de "la participación de la ciudadana", convirtiendo el tablero en un cubo de Rubik donde las piezas se mueven colectivamente unidas unas con otras. Donde las personas actúan y hablan entre sí, ajenas en muchas ocasiones a las órdenes elitistas del Poder que trata de moverlas. Donde todas las piezas pueden auto-empoderarse y contribuir a transformar su vida y el espacio compartido. Donde al final las piezas cobran vida propia y no necesariamente han de estar esperando a ser desplazadas en el tablero, donde el fin de juego es la igualdad en la diversidad y no un paisaje devastado. Ese es el cambio real, la apuesta por compartir el poder, por aspirar a la libertad más allá del favor del rey y la reina, blancas o negras. Pero para que ese ejercicio de profundidad de campo, del campo del poder sea posible, intuyo que no puede haber empoderamiento de los empobrecidos y ninguneados de abajo, de ese 99%, sin una fuerte revolución social en la educación y las costumbres que haga efectiva una cultura auténticamente democrática y más allá del seguidismo de los líderes de aquí o de allá.

No todo ha de ser movimientos tácticos de respuesta a la corrupción o la explotación enquistada. También sabemos que la memoria es olvidadiza, más en tiempos vertiginosos y mediáticos, por lo que cambiar el marco de juego hace necesario también  cambiar el marco y el alcance de interpretación humana, abrir con la educación la forma de enfrentarse al mundo, donde ya no sea la conflagración la que predomine, sino la solidaridad entre los iguales. Donde ya no abunde la incultura, sino las luces de la educación emancipada de los estigmas patrios.

Antonio Fuertes Esteban
16 de noviembre de 2014

martes, 4 de noviembre de 2014

Mi vida, mis solidaridades...




Nací en Teruel el año en que se retiraron las cartillas de racionamiento 1953, no obstante soy hijo del hambre y la represión de la guerra. Mi abuelo materno, anarcosindicalista, siempre estuvo fugado, incluso durante la República pasaba muchas temporadas en los alrededores de Peña Palomera, lejos de la represión de la guardia civil. Mi abuela hubo de criar y sacar adelante, en un ambiente pobre y hostil, a 6 menores: Antonio Progreso, María Libertad, María Fraternidad , Aurora (mi madre), Vicente Floreal y Cándido Germinal. No llegué a conocer a mi abuelo materno que había muerto, años antes de yo nacer, en la cárcel de Teruel, nadie sabe bien en qué circinstancias.

La guerra hizo que mi abuela tuviera que trasladar a menudo su residencia con 6 hijos, de un pueblo a otro de Teruel, alojándose como pudo y tratando de ganar el poco pan que sus hijos comían de la forma que sabía, cosiendo y remendando la ropa. Mi madre tenía 8 años y las condiciones climáticas, la humedad y el hambre prendieron en ella una anemia endémica que afectó a su sangre. Cuando mi padre quiso casarse con ella, los médicos le dijeron que duraría poco, aun así se casaron.

Yo fui el primero de dos hijos, pero ya no pude criarme con leche materna. Mi hermana nació año y medio más tarde pero murió antes de cumplir un año de edad. Mi infancia fue difícil, ya que mi madre siempre estuvo enferma y de médicos y no pudo cuidarme. Yo me crié con mis tíos en Francia, con mis abuelos paternos en un pueblo de Teruel, o en Badajoz con mi abuela materna. Quizá por eso nunca tuve una patria en mi inconsciente, de lo cual es de las pocas cosas que me alegro, las patrias no me gustan.

Años más tarde de morir mi madre mi padre se volvió a casar y tuve a mi único hermano, doce años menor que yo. Tuve la suerte de estudiar en Zaragoza magisterio y a los 28 años vine a buscar trabajo a Cataluña, donde mi compañera y yo nos casamos por lo civil y tuvimos a nuestros dos hijos Sara de 27 años y Pau de 24. Los dos han podido estudiar y hacer carrera, pero no han podido hasta ahora trabajar para lo que se han preparado, muy mal han dejado la vida en este país para los jóvenes. Toda mi vida he sido una persona activa y comprometida, pero en este momento mucho más, quiero luchar por que mis hijos tengan futuro en este país de mil demonios.

Siempre he tenido muy claro mi sentido de la solidaridad, no como solidaridad nacional, sino como solidaridad humana. En mí el eje de clase siempre ha primado sobre el nacional, más cuando mi humilde ilustración y experiencia nutren y mantienen mi convencimiento de que los pueblos históricamente interclasistas, que se reivindican como nación en su transición hacia el Estado, acaban por sucumbir a la desigualdad y la tiranía de los menos sobre los más. La lógica de la dominación ha pasado por capitalizar el poder económico y/o político a través de los estados. En la actualidad el poder global del dinero o capitalismo financiero utiliza a los Estados para dominar a ciudadanas y ciudadanos y para enfrentar a los de un país con los de otros.

Pero, aun cuando comprendo que las unidades políticas de la modernidad pasan hoy por ser estados, cuando en este momento se reivindican nuevos estados me pregunto ¿Quiénes y porqué quieren hacerlo? Y lo que me contesto no siempre me gusta. Mi sentido de la dignidad y de justicia me llevan a apoyar las causas palestina, kurda, saharaui o tibetana, es obvio que son pueblos sometidos o colonizados, bajo tiranías criminales y absurdas y que la tiranía que les somete al tirano externo pesa mucho más que las diferencias internas de clase o estatus y une a la gente contra los tiranos o colonizadores externos, reivindicando al mismo tiempo la transición nacional hacia el autogobierno.

Entiendo que la ONU abogara en los 60 por la libre determinación de los pueblos colonizados y que esto supusiera un apoyo a la descolonización, sin embargo no tengo tan claro el derecho a la libre determinación en países interclasistas  con democracias formales del primer mundo y no colonizados.

Dados mis valores internacionalistas, solidarios y cosmopolitas, únicos que considero nos pueden llevar a la emancipación en un mundo globalizado por el capitalismo transnacional, creo firmemente que en lo que toca a conformar las unidades políticas en adelante sólo nos queda un camino de emancipación, que tendrá que apoyarse en la necesaria fraternidad entre los pueblos (en un sentido de pueblo como ciudadanía oprimida global, no en el sentido interclasista). Esto significa crear el germen de una gran comunidad internacional, que sea capaz de ir diluyendo poco a poco pero inexorablemente las diversas fronteras físicas y psíquicas que nos conducen a la fatalidad de la competencia y la desunión entre los iguales de aquí y allá. Dicha competencia es creada y recreada por los poderes políticos nacionales y económicos globales y es la competencia necesaria para mantener y afianzar las condiciones que a través de la defensa de los intereses patrios hacen posible la explotación y la desigualdad a nivel global.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El reto político de limitar la propiedad privada




Antonio Fuertes Esteban. ATTAC Acordem

Alberto Garzón: “En este país mandan las grandes fortunas y no quienes se presentan a las elecciones” (sesión en el Congreso de los diputados)

Entre los derechos negativos que la democracia liberal prescribe figura el derecho irrestricto a la propiedad, entendido como el que asiste a particulares y corporaciones a preservar sus bienes y titularidades, derecho que la ley ha de proteger y defender. Este derecho está muy bien flanqueado por otro que también se pretende irrestricto y que supone asimismo la defensa a ultranza del derecho a la privacidad, que aplicado al uso y disfrute de la propiedad significa el secreto, y por lo tanto la opacidad, en lo que atañe al uso de capitales y titularidades. El secreto bancario y los diferentes instrumentos para ocultar a los auténticos propietarios y/o titulares de cuentas, bienes o empresas, son formas habituales protegidas en distintas jurisdicciones de este derecho, que se pretende absoluto a la privacidad y que sirve para reforzar el derecho a la propiedad.

La propia naturaleza de nuestras democracias liberales ha protegido mediante la ley y con carácter resolutivo, los derechos a la vida y a la propiedad y los ha protegido eficazmente de la intromisión, sustracción o agresión externa de terceros. Es decir los derechos especialmente en su acepción negativa, penalizando inexorablemente cualquier acción de terceros que pueda atentar contra la vida o la propiedad.

Si bien esta naturaleza liberal de nuestras democracias no ha sido capaz de incorporar y defender con la misma determinación los derechos positivos a condiciones de vida dignas. Estos derechos, conllevan la acción positiva del Estado en promover los derechos económicos y sociales como fundamentos y garantías del Estado de Derecho, hoy comúnmente aceptado y plasmado en diversas constituciones como Estado Social y Democrático de Derecho. Y es que lo que fundamentalmente permanece en el fondo del actual proyecto democrático es la garantía de defensa de los derechos y valores liberales propios del capitalismo originario: la garantía de protección de la vida y la propiedad de agresiones y sustracciones externas, y los valores del mercado y la libre competencia como bases necesarias de ganancia y de acumulación de la propiedad.

Los derechos negativos constituyen desde el inicio de la democracia liberal el “corazón” del proyecto del liberalismo político inicial y el proyecto plutocrático del dinero o proyecto del liberalismo económico o capitalismo los ha sobredimensionado obviando muchas veces los derechos positivos. Estos derechos negativos son los que legitiman y garantizan actualmente el ordenamiento jurídico-administrativo del llamado “Imperio de la ley” y que se sitúan por encima de los llamados derechos positivos que se entiende ha de satisfacer un estado social y en especial de derechos económicos y sociales como por ejemplo el derecho a trabajo, vivienda, salud, educación o servicios sociales dignos.

La naturaleza liberal de la democracia actual es defendida por las diversas elites y poderes conservadores mundiales que exigen, de los poderes democráticamente constituidos, estados fuertes que defiendan los intereses de los propietarios y corporaciones y, paradójicamente, Estados mínimos que dejen actuar al mercado y no que intervengan sobre él regulándolo y constriñéndolo o que garanticen bienes y servicios de titularidad pública.

Actualmente la defensa de la propiedad y la libertad de mercado a ultranza, hasta sus últimas consecuencias y a cualquier coste, forma parte de una nueva ofensiva del proyecto plutocrático del dinero, ahora neoliberal, para desembarazarse del proyecto político y social de ciudadanía que formó parte del consenso social de post-guerra. Se lo permiten y favorecen la emergencia de nuevos mercados en países con gobiernos abiertos a la competencia y la pasividad de una izquierda, en los gobiernos o en la oposición, para quien el derrumbe del experimento socializador en los países del Este significó vergonzosamente el cuestionamiento de sus valores fundamentales – igualdad, libertad y solidaridad- que de ser valores fuertes de su acción y comúnmente aceptados, pasaron a ser débiles y cuestionados. Una ”izquierda” que en Europa primero ya había sido pseudo-colonizada en el marco de la OTAN , más tarde hipnotizada desde las “terceras vías” y que finalmente ha sucumbido a las continuas exigencias del mercado.

Respecto a la trascripción de los valores de izquierda a los marcos político-jurídico-administrativos podríamos poner algunos ejemplos:

- En lo que respecta a la igualdad ante la ley, la izquierda anteriormente gobernante no ha sido capaz, ni siquiera ha tenido la voluntad, de tratar por el mismo rasero de la ley fraudes multimillonarios como los cometidos por los presidentes y ejecutivos de grandes bancos y políticos corruptos que los pequeños fraudes de ciudadanos corrientes a la hacienda pública a los que normalmente sí se aplica la ley. Esto no es igualdad ante la ley.

- En lo que respecta a la igualdad de oportunidades, los Gobiernos no obran activamente promoviendo políticas de creación de empleo. Tampoco actúan en educación promoviendo acciones positivas que sienten bases de una mayor igualdad de oportunidades en la educación, muy al contrario el vigente proceso de Bolonia ha significado establecer un marco universitario en Europa sometido fundamentalmente a intereses mercantilistas, o bien se está trasvasando presupuestos continuamente de la enseñanza pública a la privada.

- En general la brecha entre ricos y pobres se acentúa, con lo que se deteriora en los países los proyectos colectivos, la cohesión y la democracia sustancial, más allá de los procedimientos electorales. Ya Alexis de Tocqueville, en su crónica de la Democracia en América valoró la igualdad sustancial de partida como una de las bases necesarias sobre la que se levantó la República de los EE. UU de América, por él catalogada como democracia. Es comúnmente reconocido que la desigualdad ostensible deteriora la democracia, como ha hecho con la democracia Americana.

- La libertad es incompatible con la dominación que ejercen las corporaciones sobre los trabajadores y trabajadoras a nivel mundial y que en muchos lugares no tienen más remedio que aceptar vender su fuerza de trabajo y someterse a condiciones de explotación y/o indignidad para poder sobrevivir.

- Las condiciones de competencia se han impuesto a la solidaridad entre personas y entre países.

Todo análisis serio o somero nos informa de cómo por medio del desarrollo no regulado de los intereses del poder del dinero, se han ido desnaturalizando y perdiendo valor y proyección social y política los valores de izquierda, y ello a instancias de gobiernos conservadores y de gobiernos de izquierda que han olvidado lo que significa la política como instrumento de transformación social y han pretendido gestionar más eficazmente el sistema capitalista, basado en el derecho irrestricto e ilimitado a la propiedad. Con ello se ha ido concentrando el poder conforme se concentraba la propiedad y hoy el poder oligopólico de las corporaciones ha amordazado a las instituciones democráticas por medio de la deuda y pretende gobernar mediadamente por medio de instrumentos como el Tratado trasatlántico de comercio e inversiones entre EE.UU y la UE, o el Transpacífico.

Regular en este momento el poder del dinero es necesario si en breve la ciudadanía no quiere verse esclavizada de por vida. Para ello actuar sobre la economía en este sistema mercantilista a ultranza ha de ser el eje de la acción de la izquierda a nivel estatal, pero sobre todo internacional eje necesario para presentar batalla desde la política al poder financiero de las grandes corporaciones.

Habremos de recurrir al socialismo clásico para poder de nuevo ir definiendo un proyecto que cree consenso y movilice a las fuerzas sociales que persiguen un cambio hacia otro mundo mejor posible. Una de las enseñanzas que la historia pasada y reciente nos muestra es que hay que poner coto al poder económico y recuperar la política como herramienta que la ciudadanía y los gobiernos tienen para promover el cambio social y una auténtica democracia. Y en el inicio y la base de este proyecto necesariamente hemos de preguntarnos de nuevo ¿Qué hacemos con la propiedad?

Aquí quiero apuntar a lo que considero el núcleo de la cuestión, y es que lo que ha precipitado la actual crisis sistémica y ha puesto en tela de juicio la libertad absoluta del mercado como valor supremo no ha sido fundamentalmente como algunos han dicho la avaricia – no se puede disfrutar tanto dinero en mil vidas – sino el desarrollo natural y no regulado del poder del dinero en todos los frentes (laboral, medioambiental, comercial, financiero,….etc), un poder soberbio, que no admite críticas ni limitaciones, que no se mira en el espejo de los desposeídos ni de la degradación del medio ambiente y que desatado y autista ha sentado las bases de la actual implosión en los mercados financieros globalizados, de la cual saldrán perjudicados sobre todo los más débiles. Hay que poner límites al poder del dinero, hay que limitar la propiedad y ello supone asumir desde el poder democrático la necesidad de remover ordenamientos jurídico-administrativos y constitucionales si fuese necesario.

Limitar la propiedad, hoy globalizada, supone la coordinación de actuaciones nacionales, supranacionales e internacionales orientadas a: Crear unas reglas de comercio justas, posibilitar/crear una fiscalidad nacional e internacional necesariamente progresivas y orientadas a la justicia re-distributiva, acabar con las cuevas del delito que suponen los paraísos fiscales, el desarrollo de lo común – fomentando al mismo tiempo un fuerte sector público que limite lo privado y atempere la competencia – , el fomento de la solidaridad internacional en un clima de paz y el desarrollo efectivo de los derechos humanos fundamentales.

En el mundo globalizado en el que las corporaciones y grandes fortunas acumulan un poder capaz de sobreponerse a los poderes políticos constituidos, la libertad no debería entenderse fundamentalmente como libertad de negocio y para ello lo común o público debe de cumplir el papel garantista que le ha de corresponder en un Estado Social y Democrático de Derecho. En breve el Estado liberal ha de ser re-interpretado y acotado desde el Estado Social si no queremos que el libertarismo económico acabe con la política y con el mismo contrato social que posibilita al Estado.

Los políticos a quienes la ciudadanía otorgue en adelante su confianza habrá que interpelarles ¡O con la justicia y la democracia o con el dinero!. Esperemos que su decisión sea la adecuada para que podamos confiar en nuestras instituciones. Pero para ello habrán de combatir el poder del dinero, el poder real actualmente.

sábado, 1 de noviembre de 2014

¿Podemos?








Antonio Fuertes Esteban

Hay un sentido muy de ciudadanía republicana dirigida a la soberanía popular auténtica en algunas declaraciones de la gente de Podemos que coinciden grosso modo con aquél eslogan del 15M de " No somos de derechas ni de izquierdas, somos los de abajo y vamos a por los de arriba"

Se puede constatar cotidianamente el gran circo que ha supuesto, en las dos últimas décadas en la política de “este país”, el ejercicio de deslindar a los que históricamente han sido considerados de izquierdas de los que lo han sido de derechas, arrogándose los primeros la medalla de la virtud política y social sin muchas veces haber de demostrar méritos para ello. También se ha podido constatar cómo las clases desfavorecidas han venido siendo leales a su voto, muchas veces de tradición familiar, y que hacía que a menudo los oprimidos votaran a partidos de caciques y opresores tradicionales solo por el hecho del miedo al peligro rojo inoculado por el poder y que ha actuado como un mantra en la post-guerra española, especialmente en las zonas rurales. La división sociológica de “este país” viene de lejos…

Y digo circo porque cuando actualmente veo a Pedro Sánchez enfundarse en la bandera roja para proclamar que el PSOE siempre ha sido de izquierdas, no como los populistas de Podemos que no saben si son de izquierdas o de derechas, me dan ganas de reirme a carcajadas y vomitar aunque no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo. El partido que nos metió en la OTAN, que firmó el Tratado neoliberal de Lisboa sin consulta popular, como prescribía el Consejo Europeo de signo anti-democrático, o que promovió la reforma expres de la Constitución vía artículo 135 y poniendo antes que los intereses del país los de los acreedores bancarios, no debería llamarse de tradición de izquierdas sin avergonzarse.

"Este país" lleva anclado en el mito del "no podemos" desde 1812 con la verguenza que hizo im-posible "la Pepa", pasando por la caída del bienio progresista en 1856, por la contrarevolución y la caída de la "Gloriosa" de 1868 o por los cansinos intentos de los gobiernos progresistas de la Restauración por combatir los privilegios de la oligarquía y de la Iglesia Católica adoctrinadora de las clases humildes que votaban conservador por el miedo al cambio que venía con cuernos y rabo. Para finalizar con los intentos del pueblo por emanciparse con la segunda República y el alzamiento militar al mando del poder de la oligarquía caciquil, consecuente represión fascista y aplastamiento por muchos años de las esperanzas populares. Todo ello hacía que el fatalismo ante el cambio, para salir de una vez por todas de una España casposa y de pandereta, fuera situando a amplias capas del pueblo en la resignación del no-podemos y que la restauración de la débil democracia borbónica significara de facto la “legitimación democrática” internacional del poder oligárquico bendecido en la Transición.

Y en estas estamos hoy, con partidos neoliberales -fundamentalistas de mercado ergo contrarios al bien común- que dicen ser de izquierda. Llamarse de izquierda podría significar que la gente asimilara a Podemos con el PSOE, y no, no es lo mismo. Podemos - como se puede constatar en su programa y documentos, o en los libros escritos por sus mentores, o en las tertulias o discursos de sus eurodiputados en la Cámara Europea- tiene una amplia visión de cambio de izquierdas, que por supuesto significa que los de abajo ocupen el sitio que una auténtica democracia debería reservarles en el espacio económico, social y político; el sitio de iguales y libres. Para eso la solidaridad de los de abajo es, además de posible, necesaria. Podemos no necesita denominarse de izquierdas, asume la tradición republicana de izquierdas, los principios de igualdad, libertad y fraternidad y por lo tanto es de izquierda real, no de boquilla.

Pero en "este país" -a ver si pronto algunos como yo podemos llamarle España sin avengorzarnos- hay que acabar de una vez con el mantra del no-podemos, con la maldición de unas clases explotadas, los de abajo, divididas en el voto por tradición familiar y por falta de cultura política republicana, o sea de ciudadanía pensante. Para ello hemos de trabajar todos y cada uno, como propone Podemos en problemas concretos como el del paro y la emigración de las personas jóvenes, la corrupción, la pobreza y la desigualdad, el abuso y estafas bancarios, la persecución a nuestra agricultura e industria, el ataque al medio ambiente o a las pensiones y servicios públicos de calidad, los privilegios de la Iglesia Católica, la desigualdad de género,…etc. Estos son problemas que apelan a las expectativas de subsistencia o bienestar, a las conciencias particulares, a la ética individual o a la solidaridad más allá de los grandes discursos u ornamentos ideológicos.

Hay que acabar con la incultura cívica que nos hace situarnos en los signos y en agarrarnos a ellos - ¿son de izquierdas o de derechas? obligando a hacer un acto de contricción en cada frase- y que sea capaz de sembrar avidez por la igualdad y la cultura republicana. Hay que invertir en más y mejor educación y por supuesto en fomentar el asociacionismo cívico y en educar a la ciudadanía.

Por todo ello, yo también estaría preocupado si fuera élite política en este momento en “este país” porque una nueva fuerza política aparece como un tornado, como una marea en desarrollo corto en el tiempo, pero creo que profundo en sentido histórico y que aspira a romper el mantra del “no se puede” que ha tenido atenazado "este país" durante siglos y ha mantenido súbditos a muchos de sus ciudadanas y ciudadanos. Aún hoy se pueden escuchar a lo lejos a nada que hagamos un ligero ejercicio de escucha mediática los gritos de ¡Vivan las cadenas! cuando Felipe González llama a rebato a las castas del PP y del PSOE para unirse contra los argumentos y la fuerza arrolladora de las luces de Podemos, que tanto entusiasmo están generando en jóvenes conscientes y antiguos comprometidos. Porque no viene solo a ocupar puestos en la izquierda de la bancada parlamentaria, porque viene a por todas ¡a ganar y cambiar el signo del mantra histórico!

Como fuerza desatada la ciudadanía puede ahora constituir una mayoría de cambio, para que de una vez la razón triunfe ante la incultura, la sinrazón y las armas. Los espíritus de regeneracionistas, socialistas, comunistas, republicanos y anarquistas honrados gritarían con nosotros:

¡Libertad, igualdad, fraternidad ! España mañana será republicana!
¡Doble llave al sepulcro del Cid ! ¡viva las luces!
¡No a la monarquía antidemocrática !
¡Justicia social !
¡Sí Podemos!