jueves, 22 de agosto de 2019

Los políticos deben a la ciudadanía una Bankia Pública








Fallo de sistema (VI)

Los políticos deben a la ciudadanía una Bankia Pública

Es de Perogrullo que el leitmotiv del capitalismo es el beneficio privado, adquirido en condiciones de competencia, en teoría libre, pero frecuentemente minimizada por grandes grupos oligopólicos que se reparten el pastel.

Dentro del sector financiero, la historia de la Banca en España a lo largo de los Siglos XX y XXI es un claro ejemplo de esta deriva oligopólica. Entre 1872 y 1929 se crearon seis bancos llamados oficiales, que eran de capital privado pero regulados y controlados por el Estado. Nacieron para atender determinadas parcelas del mercado de crédito, y contaron con la oposición de una banca privada ávida de ocupar todo el mercado. Fue en 1962 que el desarrollismo franquista nacionalizó estas entidades, que se unieron al Banco Exterior de España y la Caja Postal de Ahorros, consolidando una Banca pública al servicio del Régimen.

Fuera lógico que el PSOE, cuando pudo, hubiera reconvertido la banca pública de la Dictadura en una auténtica banca pública con control democrático y al servicio de la economía, del crédito a empresas y familias y de soporte al Estado de derecho, pero no fue así. En 1991 se crea la Corporación Bancaria de España como banco matriz de Argentaria, con lo que queda de los bancos industriales, la Caja Postal de Ahorros y el Banco Exterior. En 1993 el PSOE comienza la privatización de Argentaria, que tiene varias fases y es culminada en 1998 por el PP.

El otro pilar de la economía social en España lo constituyeron las cajas de ahorros, que tanto hicieron por levantar el desarrollo endógeno en los diversos territorios llegando a cubrir más de la mitad del mercado de crédito. Durante años fueron pasto de la codicia bancaria y del oportunismo político. Ya en 1977 la reforma de Fuentes Quintana, ministro de UCD, aproximó su funcionamiento al de la banca privada, sometiéndolas a la competencia en el mercado interno. El desprestigio de las cajas se agudizó con su toma política por partidos desaprensivos que desplegaron a través de ellas un obsceno clientelismo, cuando no saqueo, en vez de un control y vigilancia prudenciales en aras de una economía sólida. 

No era de extrañar que, llegada la crisis hipotecaria, los grandes bancos, unidos al neoliberalismo efectivo en las instituciones, pactaran la reconversión y la definitiva bancarización de las cajas - ahora con problemas de crédito, liquidez y en gran parte de solvencia - o su absorción por los grandes grupos bancarios. Unas cajas rescatadas que fueron afectadas igual que la banca privada, todo hay que decirlo, pero en el caso de las cajas se asoció su financiación a su reconversión en bancos, su muerte era anunciada. La compra de diversas cajas por la banca privada a precio de saldo y la bancarización definitiva de las restantes fue estipulada por la troika para España y planificada por PSOE y PP mediante la consensuada la Ley de Cajas de Ahorro y Fundaciones bancarias de 2013.

Actualmente el Estado es propietario de la mayor parte de Bankia y del “Banco malo” La SAREB, que sirve para lavar los activos tóxicos de las instituciones afectadas a costa del erario público. La reconversión de Bankia, rescatada con 22.400 millones, en una auténtica banca pública, ética y con control democrático y social es una clamorosa demanda de la ciudadanía más consciente. Una vez más la pelota está en el tejado de nuestro Gobierno y nuestros representantes, que habrán de decidir si los ciudadanos merecen una banca sólida, pública y social o prefieren aumentar el negocio del oligopolio bancario privatizando la entidad. Tendrán que elegir entre reflotar Bankia, convirtiéndola en una banca de depósitos, capaz de ejercer la intermediación, la tradicional función bancaria de canalizar el ahorro social y recursos del Estado hacia proyectos de desarrollo económico social y sostenible, o bien poner sus activos en manos del capital usurero, opaco, depredador y especulativo. 

La elección debería ser sencilla para un buen Gobierno. Las finanzas habrían de estar reguladas, con control democrático y constituir un bien público de primera necesidad en una sociedad mercantilizada. Unas finanzas que irrigaran una economía al servicio del bienestar de las personas. No esperamos otra cosa de nuestros representantes, lo contrario sería ponernos de nuevo bajo las patas de los caballos.



Llibre: Els moviments socials davant els deu anys de crisi




Descargeu llibre en pdf aquí


Ja en 1967 Cornelius Castoriadis sentenciava en un epitafi el tancament de la revista “Socialisme o barbàrie”: “Una activitat revolucionària només tornarà si pot ser quan una reconstrucció ideològica radical pugui tornar a trobar-se amb un moviment social real”. Més de mig segle ha transcorregut des de llavors i aquestes paraules ens interpel·len. Els moviments socials emancipadors no han constituït en els últims anys un problema per al normal funcionament d’un sistema capitalista neoliberal que vulnera sistemàticament el contracte social i l’estat de dret democràtic, ni ha emergit un pensament radical capaç d’estructurar i donar sentit a les lluites disperses en una societat pluralista i fragmentada, sobre la qual cauen com a llosa ideològica els mass media. Transcorreguts 10 anys de l’actual crisi diversos col·lectius de la societat civil organitzada es reuneixen en una Jornada de reflexió i debat per a trobar sinergies i eixos comuns que vagin teixint projecte d’acció social i política amb l’ordit de les diverses alternatives.

Durant el primer trimestre de 2018, diverses entitats i moviments socials europeus llancen una campanya per mobilitzar les resistències a Europa, tot just quan es compliran, el 15 de setembre, 10 anys del Crash de Lehman Brothers, detonant de l’actual crisi sistèmica. Aquesta crisi-estafa marca l’inici del replantejament majoritari, per part de la societat, de l’actual model financer. Fet que ens condueix a buscar alternatives a les finances tradicionals i un nou model des dels col·lectius socials. Aquesta ha estat una campanya global assistida per AttAc-Europa, amb ajuda de Finance Watch i que neix amb la necessitat d’agrupar el major nombre possible de col·lectius per denunciar i plantejar alternatives al sistema econòmic i financer que ha estat el causant de la crisi. Per aquesta raó, en cadascun dels països, els membres d’AttAc han coordinat campanyes nacionals en cooperació amb col·lectius i moviments, representant els damnificats per l’actual sistema econòmic-financer.

A Barcelona, diverses plataformes i col·lectius s’han estat reunint des del mes de maig de 2018 per a preparar una jornada de debat i mobilització el 15 de setembre. Els interessants documents escrits que us oferim en aquesta publicació són el resultat de les deliberacions, prèvies a la jornada i durant la mateixa, dels diversos ponents i grups de treball constituïts per eixos d’activitat. Trobareu el manifest europeu que va iniciar la campanya. Del desenvolupament de la campanya i els actes a Barcelona hi figuren les ponències dels quatre especialistes convidats a la taula rodona que va iniciar la jornada i l’enllaç de les seves exposicions en vídeo; els textos dels 9 eixos temàtics; els textos llegits davant de les diverses entitats durant la manifestació de la tarda. Com a colofó de la publicació, a l’epíleg inserim un text que explica el desenvolupament d’un nou projecte en fase inicial, que es correspondria amb l’acció de diverses persones presents a la jornada del 15 S, per desenvolupar una de les estratègies d’acció social plantejades en l’assemblea i recollides en la seva resolució final. L’estratègia seria l’acció educativa des de la societat civil organitzada i la iniciativa concreta, que ja s’està planificant a data de la publicació d’aquest llibre, és la implementació d’una utes – Universitat per a la transformació ecològica i social.

domingo, 21 de julio de 2019

Empobrecedores y empobrecidos





Fallo de sistema V

Empobrecedores y empobrecidos
 
Hace tres décadas que las izquierdas gubernamentales abandonaron la prioridad de la cuestión social, en el marco de la globalización neoliberal, por la del crecimiento económico a cualquier coste, motivo por el que las clases populares, empobrecidas, han abandonado a la izquierda. Desde entonces, la crisis ha jibarizado a amplias capas medias y se ha disparado la brecha de la desigualdad. La desafección política consecuente ha cerrado el ciclo, al alimentar el abstencionismo y derivar parte del voto hacia partidos populistas de extrema derecha.

En este marco, desde ciudades del cambio y en los últimos cuatro años, gestores de excelente intención, aunque localmente ubicados, sobrevaloraban su poder para implementar planes que aumentaran la protección social y disminuyeran la exclusión, llegando incluso a plantearse como objetivo acabar con la pobreza a nivel local.

Gestores y técnicos han promovido sesudos análisis y pormenorizadas cartografías sobre la pobreza en Barcelona, esto para diseñar un buen número de actuaciones coordinadas sobre factores clave: acceso a la vivienda, políticas de subsidios y provisión social, de formación ocupacional, combate contra “las pobrezas” infantil, habitacional, monoparentalidades, energética…etc. Sin embargo han visto cómo el mejor instrumento implementado para combatir la pobreza y la exclusión, la Renta garantizada de ciudadanía - que fue posible gracias a una iniciativa legislativa popular - se estrellaba contra el muro de la gestión y de la voluntad del Govern de la Generalitat. Algunos técnicos incluso han abogado sobre la idoneidad de una Renta básica universal local para acabar con la dependencia y la exclusión social. Están en las mismas, confunden deseo con realidad, alternativa sobre papel con facticidad. Los elementos clave de cualquier política transformadora en nuestra democracia liberal son, el empoderamiento ciudadano y la correlación de fuerzas favorable para implementarla.

Los enciclopedistas, en el S. XVIII, impulsaron la ruptura con el despotismo ilustrado cuya premisa era “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Desde Rousseau es comúnmente aceptado a nivel constitucional el principio de soberanía popular, sin que este sea efectivo en las democracias modernas, atenazadas por la dictadura de los mercados. Las políticas institucionales de izquierda, si lo son, han de transcender la gestión de lo dado desde instituciones vigiladas y descapitalizadas, habrán de plantearse propuestas que, más allá de las políticas de provisión de ayudas, rentas y subsidios, implementen prácticas de concientización, empoderamiento y participación ciudadana, llegando incluso a posibilitar cauces hacia los niveles de decisión. Desde el ejercicio institucional no hay otra forma de contrarrestar el poder que las corporaciones y sus lobbies ejercen sobre las políticas y el ejercicio legislativo.

Pero no es desde las instituciones desde donde germinará el cambio hacia la transformación necesaria. El debate político para promoverlo se está demostrando estéril, lo habrá de liderar la sociedad organizada contando que reunir voluntades no será fácil. El objetivo de la superación de la pobreza, entraña que los empobrecidos se organicen como sujeto, junto a otras fuerzas de cambio, para combatir las políticas que maximizan la desigualdad.

Hemos de tener en cuenta que más allá de pobreza hemos de hablar de empobrecimiento. No son pobres, son empobrecidos. Ninguna persona es pobre por sí misma, es sujeto de un conjunto de atributos que le hacen sujeto de vida, de trabajo, de relación y de intercambios. Es suficiente para no ser pobres en un Mundo igualitario, las malas leyes y prácticas de dominación les han empobrecido al no dejar que establezcan un circuito humano para ganarse el sustento y el aprecio de las sociedades.

La pobreza tiene hoy diversos rostros visibles e invisibles, después de un proceso de desposesión continuo de décadas por parte de los empobrecedores, la élite global. Los empobrecidos forman parte de un abanico de episodios acumulados. el poder corporativo no ha encontrado apenas barreras en su avance y ha dictado a gobiernos y sociedad sus reglas de juego. Movimientos como los chalecos amarillos en Francia en su clamor “Nosotros existimos” son un ejemplo de resistencia a este avance.

La inicial arenga de la internacional es un certero camino: “Arriba parias de la tierra, en pie famélica legión”. Hoy los parias son legión, existen perfiles diversos de empobrecidos: Inmigrantes económicos y refugiados sin recursos, precariado laboral, mujeres y familias monoparentales, jóvenes que no pueden emanciparse, clases medias empobrecidas…etc. Todos habrían de preguntarse con Étienne de La Boétie ¿Por qué los menos se imponen siempre sobre los más, que parecen adoptar una especie de servidumbre voluntaria? Y la respuesta no la hallaremos en la política de partidos, sino en la sociedad.

Los que quieren instaurar políticas para combatir la pobreza desde las instituciones habrán de reflexionar sobre si en un sistema como el actual, infectado por la codicia del capital, se puede combatir el empobrecimiento, que es estructural y que tiene en el enriquecimiento ilimitado de las élites su principal causa. No, si socialmente no se combate el sistema que autoriza el poder despótico de los empobrecedores maximizando la desigualdad. Y habrán de preguntarse sobre qué políticas desarrollar desde las instituciones para concientizar a la ciudadanía y empoderar a los movimientos sociales transformadores.

21/7/2019

jueves, 20 de junio de 2019

¿Dónde estamos?






Fallo de sistema (IV)

¿Dónde estamos?

¿Dónde están los altermundistas? los que pararon el AMI en Seattle, los de Génova, los que fundaron el FSM en Porto Alegre, los que se movilizaron contra la Europa del capital y la guerra, los del 15M. ¿Dónde están?

¿Qué proyecto tienen para otro Mundo posible? ¿Cómo piensan deconstruir la globalización capitalista y trazar caminos emancipadores hacia la globalización de las personas?

La respuesta es sencilla, desde que el 15 M se conformó como alternativa política y recaló en las instituciones, con el tiempo fue perdiendo utopismo e internacionalismo, en función del realismo de izquierda y aprovechando - desde las “ciudades del cambio” y desde el factótum patrio reconvertido - las grietas que el orden sistémico global va dejando. Aunque el rédito de las grandes empresas crezca cada día, así como la brecha de la desigualdad, siempre habrá quien, desde las instituciones, nos señale sus logros. Y mientras ha cambiado la mirada de la gente: de engrosar la revuelta social, a esperar logros desde las “rejuvenecidas” instituciones.

Nuestros tatarabuelos, en los albores de la industrialización, ya sabían que para enfrentarse a la explotación capitalista era necesario trascender las fronteras y crearon Internacionales. Lo hicieron sin tener instrumentos comunicativos on-line, ni aviones o trenes de alta velocidad, y sin embargo lograron poner en pie organizaciones tan potentes como para enfrentarse al capitalismo en Occidente. Hoy, con los medios a nuestro alcance, nos replegamos en nuestras fronteras, cabizbajos, impotentes, confusos, humillados, sin esperanza, tibios, huyendo de enfrentamientos con el sistema en el campo de batalla real, el global.

¿Y los que dicen defender a los trabajadores? Renuncian al reto que supondría la federación de agentes de cambio internacional por otra humanidad posible. Renuncian desde la comodidad de lo conocido, los caminos trillados, pero por eso mismo transcendidos y estériles. Se refugian en capillas sindicales, en asociaciones identitarias heredadas de la era fordista y no hacen más que justificar su inoperancia. Carecen de proyecto, no son capaces de enfrentarse a los retos que los tiempos requieren y en estas lides han acabado confabulados con el sistema. ¿Cómo se puede ser de izquierdas y ayudar a medrar, con su gestión en planes de pensiones, al capitalismo financiero al mismo tiempo? Han renunciado al honor, a la dignidad y a la ideología, y sentados en las poltronas del paraninfo de la izquierda siguen enviando a las ovejas a degüello.

Y a los nacionalistas ¿qué decirles? Que son lo viejo  ¡que despierten! la nueva utopía no entiende de fronteras. Los riesgos que prenden en la gente hoy son globales y solo tienen un camino de embate, el global. ¿Nos daremos cuenta cuando tengamos el agua al cuello?

¿No nos inmutamos cuando los científicos nos alertan de la inminencia del cambio climático, o que las fuentes de energía que utilizamos han sobrepasado ya su límite extractivo? ¡sigamos pensando en crecer, en aumentar nuestro PIB! ¡Sigamos!

¿Creemos que el problema del paro es abordable sin medidas solidarias por parte de los trabajadores para generar empleo? ¡vivimos en el Reino de Jauja!

¿Creemos que el sistema financiero se democratizará por sí mismo, sin enfrentarse seriamente a él? ¡Estamos en la Inopia!

¿No consideramos necesario sentar bases para internacionalizar la solidaridad? eso es lo peor, es creer que nuestro terruño reconocible puede sobrevivir en un mundo deshumanizado, un planeta herido y con un capitalismo financiero depredador. La dictadura financiera sigue socavando la democracia mientras desde las instituciones se nos dice que vivimos en un sistema democrático de derecho porque conjuga tres poderes que se vigilan: legislativo, ejecutivo y judicial; cuando lo cierto es que es el poder del dinero el que se impone, como sentenció el sociólogo crítico C. Wright Mills en 1956. Si queremos avanzar en democracia hoy, el reto es global y hemos de asentarlo en el necesario equilibrio de tres poderes en una democracia republicana: El estado, el mercado y la sociedad, aunque sabemos que hoy la dictadura del mercado sobre el estado y la sociedad es motivo de esta barbarie. Dentro del estado ¿Quién hoy hace Politeia? En el sentido que Aristóteles concibió para el buen gobierno.

Desde la sociedad, ¿seguiremos situando nuestros sueños, retos y políticas en nacionalismos o independentismos, sindicalismos de salón, beaterías, o vecinismos variopintos, sin poner la vista en un horizonte más allá de nuestros amaneceres? ¡estamos perdidos!

martes, 4 de junio de 2019

¡Son las finanzas estúpidos!




 FALLO DE SISTEMA (IV)

¡Son las finanzas estúpidos!


Antonio Fuertes Esteban. ATTAC Acordem

Decía mi padre que en su vida había visto desde el arado romano y la hoz a la cosechadora-trilladora-empaquetadora. Él, como muchos otros, dejó la tierra por otros horizontes en la ciudad. Esto fue debido al desarrollo de la mecanización agraria y a la llamada revolución verde. Los que quedaron en el campo hubieron de financiar la necesaria tecnología, los que se fueron a la ciudad acabaron hipotecándose la vida.

Los años 60 suponen un gran cambio sociológico, el del crecimiento de las ciudades y el inicio de la España vaciada. Constituyen al mismo tiempo el despegue del sector financiero, apoyado en la capitalización necesaria de la industria en el nuevo ordenamiento territorial. El capital bancario pasa a ser prioritario ante el industrial en el proceso de acumulación, ya que los bancos son los mayores accionistas de las empresas y es en el desarrollo de las metrópolis donde la banca genera sus mayores activos.

En las últimas décadas hemos vivido la internacionalización de las grandes empresas, convirtiéndose en multinacionales. La competencia global ha supuesto la lucha de las corporaciones por ganar cuotas de mercado en una jungla donde sólo las mayores sobreviven. El proceso acaba con el libre mercado, creándose oligopolios que fijan condiciones y precios en los intercambios.

El desarrollo meteórico de las ciudades y del progreso material, no hubiera sido posible en base únicamente al ahorro y la acumulación generada por el trabajo asalariado. Para lanzar la actividad económica y acelerar la acumulación de capital hizo falta el desarrollo de lo que Marx llamó el capital ficticio, que se forma de la nada en los mercados bancarios o bursátiles. Se encuentra fundamentalmente en el dinero del crédito, valores de deuda pública y acciones. El resultado de su creación, en principio es incierto. Creado para lanzar proyectos que generan expectativas económicas, no siempre las expectativas se cumplen, significa siempre un riesgo asumido.

El capital ficticio ha alimentado una doble competitividad en el crecimiento, la de las empresas por prevalecer y aumentar cuotas de mercado y la de los países por el crecimiento de su PIB. Es el desarrollo de esta competitividad la que ha generado la obsesión del sistema capitalista por el crecimiento, un crecimiento acompañado de una profunda brecha de desigualdad, la extinción de recursos naturales, la degradación del medio ambiente y la generación continua de riesgos.

La actual crisis la provocó la codicia sin límite del capital financiero, que en su innovación continua y apalancado en la ingeniería financiera y la especulación, ha generado nuevos riesgos. Según el Banco internacional de pagos de Basilea, menos del 2% de transacciones monetarias se producen en la economía real, el resto en la economía especulativa. Estos riesgos se trasladan a través de los productos derivados al conjunto del sistema financiero generando inestabilidad y burbujas que estallan suponiendo graves problemas económicos y sociales.

Los fondos financieros, apenas tienen regulación y control, se ubican por lo general en paraísos fiscales, alimentan la peligrosa banca en la sombra y han reemplazado en parte a la banca como accionistas de las grandes empresas. La banca cobraba dividendos por sus participaciones en empresas bajo su control, hoy los fondos invierten en empresas mientras pueden servirse de ellas y obtener beneficio, sin ninguna lealtad cuando no los obtienen. Estos fondos tienen enormes proporciones, el fondo BlackRock gestiona 6,3 billones $ en activos, mucho más dinero que el banco más grande, el ICBC chino.

Aumenta la deriva neoliberal en las finanzas con la competencia, la liberalización de capitales y la falta de regulación y control político. Sin embargo, la mayoría de mensajes y prácticas políticas tratan de convencernos de que atraer a los inversores es un objetivo político de primera necesidad. Renunciando a controlar y regular los mercados financieros, han convertido el interés del capital financiero de mercadear con la vida material y los recursos del planeta, en interés general.

La mayoría de afectados por las crisis del capitalismo se vienen convirtiendo en sujetos políticos fragmentados y reivindican que los estados satisfagan sus necesidades. Sin embargo, los estados hace tiempo vendieron o cedieron su soberanía al capital. Hoy la lucha emancipadora y por salvar el planeta pasa necesariamente por integrar las luchas dispersas en una central contra el poder financiero.