viernes, 10 de enero de 2020

Un impuesto contra la especulación financiera, más necesario que nunca



ATTAC ACORDEM


La ineludible responsabilidad política y técnica de regular y controlar los mercados financieros ha sido demanda recurrente de prestigiosos economistas desde hace un siglo y de los movimientos sociales por la justicia económica desde más de dos décadas, dado los grandes riesgos para la economía y las sociedades de unos mercados financieros desbocados.

El Crash de 1929, que dio paso a la Gran Depresión, tuvo su origen en la falta de regulación en Wall Street, donde se dejó a los inversores operar apalancados crediticiamente hasta un 90%. En 1936 J.M.Keynes asegura que la absoluta falta de regulación en la Bolsa de New York permitió la voracidad especulativa y el Crash y dice que las transacciones especulativas, en beneficio público, han de resultar inaccesibles y caras. Propone entonces un impuesto a las transacciones financieras, que tendría un efecto estabilizador sobre los precios de los activos financieros y mejoraría el crecimiento económico y el empleo.

Las regulaciones de Bretton Woods en 1944 suponen, entre otras, medidas para el control de capitales y un nuevo patrón monetario, se establece el sistema de paridad dólar – oro (35 dólares por onza) manteniéndose fijos los tipos de cambio del dólar con respecto al resto de monedas. Pero a finales de los años 60 EE.UU tuvo que sufragar gastos extraordinarios, entre ellos la Guerra de Vietnam y el Gobierno de Richard Nixon abole la paridad en 1971. Básicamente con ello lo que EE.UU hace es dejar de pagar su deuda imprimiendo dólares sin ningún tipo de cortapisas y sin relación con sus reservas de oro. La pérdida de convertibilidad dólar-oro supone, entre otras cosas, fluctuaciones imprevisibles en los tipos de cambio, inestabilidad de las monedas y campo libre a la especulación.

Los inversores ven una oportunidad en las posibilidades de la industria financiera que se inicia y tienen necesidad de diversificar los riesgos que asumen “no meter todos los huevos en la misma cesta”, consecuentemente se han de liberalizar los mercados para pasar libremente de unos activos a otros. Para ello se promueve a nivel internacional durante los 70 y 80 la liberalización de los mercados de capital y de cambio, a ello contribuyen en la OCDE, el FMI y el BM. Esto da alas a una economía especulativa que cambia la naturaleza del mercado, ya que se impone el motivo especulativo. Attac sitúa el inicio del proceso de globalización financiera en la pérdida de paridad dólar-oro junto a la libertad de circulación de capitales.

En 1972, el economista James Tobin, al observar el espectacular crecimiento de la especulación con monedas (divisas) desde la pérdida de paridad, propone grabar con un impuesto de 0’5% los intercambios de divisas en muy corto tiempo, aquellos que no tenían por objeto la inversión productiva, sino la especulación con las monedas, dice que hay que “introducir un grano de arena” en los engranajes excesivamente lubricados de las finanzas internacionales. Coincide con Keynes en que la excesiva movilidad de capitales socava la acción de los gobiernos impidiéndoles seguir políticas autónomas y soberanas, los estados perdían soberanía económica con la especulación ya que la explosión consecuente en los mercados de cambio conlleva una excesiva liquidez y una desconexión con la economía real. Cree que hay que reactivar la capacidad de los bancos centrales para intervenir de forma efectiva en los mercados de divisas. La llamada a partir de entonces Tasa Tobin habría de contribuir a ello, si bien Tobin no se opone a la liberalización de capitales, sino que trata de combatir su efecto más perverso: La especulación cortoplacista. El impuesto habría de recaudarse a nivel mundial, al menos en todos los centros financieros importantes, lo recaudado iría a un fondo central controlado por una institución internacional. En este punto hay que reseñar que en la actualidad hay varios refugios fiscales opacos (centros offshore) entre los mayores centros financieros.

Años después, episodios, como el crash de las bolsas internacionales de octubre de 1987, la crisis del Sistema Monetario Europeo de 1992 y 1993, la del peso mexicano de finales de 1994 o la crisis de los mercados asiáticos de 1998, cuestionaban el aparente consenso que existía sobre el proceso de liberalización financiera, y relanzaron el debate sobre la conveniencia de limitar los movimientos de capital especulativo a corto plazo.

El ITC ( Impuesto a las transacciones cambiarias) es el impuesto que ATTAC promueve y defiende a partir de 1998, durante años su tasación a las transacciones financieras se concretó en los mercados de divisas que constituía el mayor mercado especulativo, entonces 1500 millardos $ cita Ignacio Ramonet y dice “El desarme del poder financiero debe convertirse en un objetivo de interés cívico de primera magnitud, si se quiere evitar que el mundo del próximo siglo se transforme en una jungla donde los predadores impongan su ley” así ha pasado ante la falta de impuestos a la especulación financiera. Más adelante, junto a otras organizaciones de la sociedad civil, ATTAC amplía la necesidad de este impuesto a todo tipo de transacciones financieras especulativas, mediante un ITF – Impuesto a las transacciones financieras, que tendría dos objetivos: 1.- Disuadir, en lo posible, la especulación cortoplacista con todo tipo de activos y 2.- Generar un fondo para ayuda al desarrollo, preservación de la biosfera y de los bienes comunes de la humanidad.

La movilización social y política en la comunidad internacional por el ITF tiene un tope en 2004. El signo del impuesto se desplaza entonces desde un sentido fundamentalmente disuasor de los movimientos cortoplacistas a un sentido más de base recaudatoria. La Cumbre de la Alianza contra el Hambre (New York 2004) hace un llamamiento a la comunidad internacional a conseguir fuentes de financiación contra el hambre y la pobreza. Emerge toda una red de instituciones, movimientos y ONGs que promueven la necesidad de conseguir nuevas fuentes de financiación contra la pobreza. Este movimiento acaba liderándolo Oxfam Intermon con su Taxa Robin Hood cuyo objetivo fundamental no pretende ya controlar los mercados financieros, aunque la evolución del impuesto haya caminado colateralmente al del ITF hasta llegar a fusionarse en la actualidad en un ITF común que, en parte, ha encontrado eco en las instituciones de la Unión Europea.

Ante el boicot activo de EE.UU (Wall Street) y otros estados a nivel internacional a promover de un ITF global, actores políticos y de la sociedad civil en Europa promueven la posibilidad de un ITF en la Unión Europea, dado el importante volumen financiero negociado. Redes como ENOFAD (European network on Finance and Developmen) o Regulate Global Finance NOW! en la UE o ITF YA! En España trabajan haciendo presión ciudadana e institucional y en 2010 es ampliamente aprobado en el Europarlamento un informe colectivo presentado por Ani Podimata y que pide a la Comisión establecer un ITF en la UE. El resultado de esta iniciativa no se hace esperar, en septiembre de 2011 se inicia el proceso para la implementación de la propuesta de directiva 2011/0261 de la Comisión Europea sobre un ITF común en la UE.

La directiva 2011/0261 plantea un impuesto internacional que todos los sistemas tributarios de la UE habrán de aplicar a sus finanzas, para garantizar el buen funcionamiento del mercado financiero interior, limitar los comportamientos indeseables del mercado y promover así la estabilidad financiera. La imposición tendrá lugar en el Estado miembro en cuyo territorio esté establecida la entidad financiera operante y se establece la armonización del impuesto en la UE, cuya base impositiva se centra en transacciones en el mercado de capitales y monetario (excluyendo instrumentos de pago), participaciones o acciones en organismos de inversión colectiva y productos derivados en general. Quedarían excluidas de este ITF las operaciones de divisas en los mercados Spot al contado, ya que según la Comisión se obstaculizaría la libre circulación de capitales. Los tipos mínimos impositivos serían del 0’1%, excepto en el caso de productos derivados que sería del 0’01%, dejando a los estados pequeñas modificaciones.

Desde su anuncio, la presión contraria de EE.UU, dado el liderazgo y preeminencia de sus entidades financieras en el sistema financiero internacional y la oposición de los lobbies financieros mundiales a un impuesto de este tipo fue frontal. Por ello el debate de los gobiernos se produjo y se sigue produciendo marcado por fuertes presiones de cabildeo hacia los actores políticos. Tampoco fue visto bien este impuesto por estados de la UE como Gran Bretaña u Holanda, que ligados a la City de Londres o a territorios off-shore de ultramar, obtienen un considerable porcentaje de su PIB de operaciones financieras especulativas. Por este motivo el ITF no pudo prosperar dentro del marco de la Unión europea.

Ha hecho falta la voluntad de 11 estados para que el Parlamento aprobara y el Consejo recogiera la iniciativa, por el método de cooperación reforzada contemplado en el TFUE, de tirar adelante un ITF en estos estados, que son Alemania, Francia, Austria, Bélgica, Grecia, Italia, Portugal, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia y España. La Comisión articuló para tales Estados dicha Cooperación reforzada con un contenido análogo al de la frustrada Directiva de 2011 y, por fin, la trasladó al Consejo, donde se aprobó al más alto nivel, el del Consejo Europeo, mediante la Decisión 2013/52/UE. No obstante la falta de acuerdo entre los diversos estados a la hora de armonizar las bases impositivas ha frustrado diversos intentos por hacer efectiva dicha directiva. A instancias del ECOFIN se ha venido tratando periódicamente sin mucho entusiasmo unos presupuestos aceptables por todos, pero los intereses particulares y la presión de los lobbies financieros en Bruselas y los diversos Gobiernos, han acabado dejando el debate en punto muerto. Ante el vacío existente países como Francia o Italia han acabado implementando un mínimo impuesto. En Francia del 0’03% sobre compra-venta de acciones y un 0’01 sobre algunos derivados. Esta no es claramente una medida efectiva.

La financierización de la economía se ha asentado globalmente, máxime con el desarrollo de la industria de productos financieros derivados, mediante la cual cualquier bien, título financiero o servicio pueden convertirse en activos subyacentes sobre los que se fabrican sofisticados productos derivados con los que se especula en todas las bolsas de valores. Este fenómeno nos explica episodios como la “Crisis de las subprime” que originó el Crash del 2008 o que el 30% del precio del petróleo sea atribuible a la especulación financiera “barril papel” o la financierización de la naturaleza y los productos financieros con “marca verde” (bonos de capital natural, bonos catástrofe, materias primas o commodities, mercados del carbono). El dato real más significativo que debería hacernos recapacitar es el que nos da en 2018 el BIS (Banco de pagos internacionales de Basilea) sólo un 2% de las transacciones financieras internacionales se dan en la economía real, en el intercambio de bienes y servicios, el 98% restante lo constituyen flujos de capitales especulativos.

Otro aspecto a destacar es que se ha desarrollado en la última década el llamado “Comercio de alta frecuencia” en las grandes plazas financieras. En él las órdenes de inversión corren a cargo de grandes ordenadores con programas algorítmicos, capaces de recoger información de las diferentes bolsas de valores en microsegundos y realizar miles de transacciones especulativas. La especulación es hoy la industria más rentable, si bien no crea valor de uso, sino solo acumulación dineraria.

Las medidas de creación del primer ITF y de combate de la opacidad ligada a los refugios fiscales son complementarias y necesarias para erradicar una economía de casino que socava la soberanía de los estados y la democracia. La razón fundamental por la que los poderes financieros se oponen a un ITF, es la que muy bien ha descrito Susan George mediante la imagen del “vampiro financiero”. No desea transparencia, no soporta la luz, que se siga la pista o el trazado de sus maniobras. Por ello se oponen a cualquier impuesto internacional por pequeño que sea, porque su implementación supondría a continuación la necesidad de establecer medidas de transparencia y esto acabaría con su negocio.

Ningún control será posible si las instituciones financieras son, como en la actualidad, privadas y no sometidas a control social. Es necesario avanzar en la creación de una banca pública, ética y con control social, paralelamente que se regulan y supervisan las entidades bancarias privadas, separando al mismo tiempo la banca de depósitos de la banca de inversión. Hoy los grandes inversores institucionales (bancos sistémicos, fondos de inversión y de pensiones, aseguradoras, hedge funds,…etc) que son los que mueven cantidades de dinero enormes en la especulación alrededor del mundo, contaminan el flujo financiero en su beneficio, crean inestabilidad y crisis económicas y finalmente los estados socializan las pérdidas de estas entidades contrayendo deuda y acabando con el Estado social y democrático de derecho.

Es una gran injusticia que mientras la ciudadanía paga sus impuestos regularmente, los grandes capitales móviles promueven el negocio especulativo internacionalmente, recurriendo a menudo a la opacidad de los refugios fiscales y creando una economía de casino sin ningún valor social, que crea burbujas financieras y crisis económicas y sociales que paga la ciudadanía generando un aumento de las desigualdades. Sin embargo estos grandes negocios financieros internacionales no están sujetos a impuestos. Las políticas de los gobiernos consienten esta gran arbitrariedad, sabiendo que los mercados financieros desregulados provocan su pérdida de soberanía. Por eso ATTAC lleva dos décadas reclamando a la comunidad internacional un ITF para desarmar la dictadura de los mercados financieros. Hoy es más necesaria que nunca la organización y la acción ciudadana para conseguirlo.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Medidas contra la especulación o catástrofe




Fallo de sistema (IX)


Los excesos del capitalismo financiero ya provocaron en 1929 la Gran Depresión y posteriormente sus secuelas bélicas. La clase media en EE.UU y parte de la europea jugaban en Wall Street endeudándose para ello. Un día la bolsa comenzó a vacilar y en breve plazo los valores acentuaron su caída. El pánico produjo la venta masiva, el desplome de los índices y la ruina de miles de bolsistas. Groucho Marx nos deja unas pinceladas magistrales de esos días en “Groucho y yo”, él perdió dos años de sus ingresos, un amigo tuvo peor suerte, se suicidó. En 1936 Keynes dice que el Crash del 29 se dio porque jugar en bolsa en WS era barato y subrayó que, en beneficio de la estabilidad financiera y la economía, había de resultar caro. Propone cargar con un pesado impuesto las transacciones financieras, para estabilizar los precios de los activos, lo cual mejoraría la autonomía, el crecimiento económico y el empleo.

El control de capitales y la regulación financiera después de la 2ª Guerra, junto al pacto capital-trabajo y políticas económicas de cobertura de la demanda agregada, proveyeron a las economías la estabilidad y el crecimiento sostenido que hicieron posible el pleno empleo y la extensión de derechos económicos y sociales durante los llamados “30 años gloriosos”. Esta fórmula hizo tope a finales de los 60, cuando el capital padece una creciente pérdida de su tasa de ganancia.

Fue Richard Nixon quien en 1971 abre la espita al desajuste monetario y la especulación cortoplacista al acabar con la paridad dólar-oro. Se dispara entonces la compra-venta en corto sobre las monedas, fluctuantes con respecto al dólar y sin paridad con reservas oro.  Ello en un contexto no basado en intercambio comercial, sino simplemente en rédito especulativo, lo que abre paso a una nueva época de descontrol financiero e inestabilidad económica. Entonces el economista James Tobin dice que hay que poner un grano de arena en los engranajes demasiado bien lubricados de los mercados financieros, un impuesto del 0’5% a los intercambios de divisas que tienen por objeto la especulación, ya que la desconexión que crea la especulación con la economía real impide a los gobiernos tomar decisiones autónomas en beneficio de la ciudadanía. La llamada tasa Tobin podría contribuir a ello.

En 1997, después de varias crisis en los mercados financieros, estalla una grave crisis en los mercados asiáticos que produce secuelas a nivel mundial e Ignacio Ramonet, co-fundador del movimiento de ciudadanía ATTAC, en su artículo “Desarmar los mercados” dice “El  desarme  del  poder  financiero  debe  convertirse  en  un  objetivo  de  máximo interés cívico, si se quiere evitar que el mundo se transforme en una jungla donde los predadores impongan su ley” y propone un impuesto que sirva para disuadir la especulación con las divisas y proveer de fondos para el desarrollo y protección de los bienes comunes. Desde entonces no ha habido interés político real en la comunidad internacional por regular y controlar las finanzas, ni siquiera después de la Gran recesión de 2008, y así seguimos, pendientes de la catástrofe.

Un impuesto global a las transacciones financieras sobre diversos activos fue inviable por resistencias de Wall Street y otras plazas financieras. En la UE han fracasado los intentos de directivas para implementar un impuesto a las transacciones financieras, primero a nivel de UE en 2011 y más tarde con la Directiva de 2013 para implementar un ITF en 11 países por el método de cooperación reforzada. La presión de los lobbies en Bruselas y la falta de acuerdo sobre bases imponibles entre estados ha acabado enterrando las iniciativas.

De no se tomarse medidas disuasorias sobre la especulación de los depredadores financieros con todo tipo de activos (bienes, servicios, alimentos, productos financieros y  medioambientales), seguirán sucediéndose las crisis que se cebarán sobre la ciudadanía y sobre el medio ambiente, laminando las economías e impidiendo la autonomía de los estados para tomar medidas eficaces. Un dato debería sobrecogernos, según el BIS sólo el 2% de la circulación de dinero lo hace en la economía real, el 98% restante en la especulativa.

Al capital no le interesan las aguas tranquilas, pesca en aguas revueltas, no reguladas. Hoy, el capitalismo nos lleva a la catástrofe ecológica y social y no hay planeta B. ¿Cuándo vamos a exigir a nuestros representantes medidas para regular la economía al servicio de la vida?

domingo, 17 de noviembre de 2019

Pensar Cataluña desde la paz. Construyendo un nuevo proyecto político de modernidad








Hace décadas que, con la llamada posmodernidad, se habla del fin de las ideologías, del final discursivo, de la imposibilidad de encontrar un proyecto emancipador. Lo cierto es que la modernidad, como proyecto de los países soberanos, sucumbió con su pérdida de soberanía a manos de las grandes corporaciones y el poder Financiero.

A muchos nos une el ser metecos, itinerantes, haber salido de nuestro vientre lugareño en pos de trabajo, horizontes de futuro o simplemente aventuras. No menos tienen peor suerte y buscan un refugio fuera de las pandemias, de las guerras y de la falta de formas de subsistencia, del hambre.

Durante los años 60 y 70 Cataluña fue un lugar donde huir del mísero horizonte del hambre en el sur de España. Los planes de estabilización y desarrollo creados por los desarrollistas del sistema nacional católico, los tecnócratas del Opus Dei, encontraron en el carácter emprendedor catalán y en las posibilidades de su industria un lugar donde invertir en infraestructuras y fomentar la industria patria. Igual lo hicieron en el País Vasco y Madrid, fueron los tres polos de desarrollo del régimen.

Cientos de miles desde Andalucía, Aragón o Galicia, tomaron el tren, con o sin familia, hacia la Cataluña prometida. Hubieron los que se aventuraron a viajar sin permiso de trabajo en origen y se arriesgaron a ser devueltos a los lugares de origen por la guardia civil cuando llegaban a la Estación de Francia. Una vez en Cataluña se instalaron en chabolas y chamizos que ellos mismo se fabricaban con materiales de desecho en lo que ahora son los barrios periféricos de la ciudad y metrópoli de Barcelona. Hacían jornadas de trabajo inacabables y con su esfuerzo y la austera economía doméstica pudieron, al cabo de años, comprarse o alquilar una vivienda. Se han hecho múltiples relatos de las gestas de estas familias y de las adversas circunstancias de su asentamiento, que superaron a base de trabajo y pundonor.

La mayoría, llegada la transición hicieron definitivamente de esta tierra catalana su lugar en el mundo y se adaptaron, algunos a duras penas, a las políticas de inmersión cultural. Si bien una mayoría en casa y sus hijos en el patio de las escuelas seguían hablando en la lengua materna. A algunos, de origen catalán, les hubiera gustado que estos, metecos o charnegos, hubieran dejado en casa su cultura y aquí se hubieran asimilado culturalmente sin más. No pocos prohombres de CiU y de ERC advirtieron de los riesgos para los catalanes y su sacrosanta cultura, de atraer demasiados metecos. Y verdaderamente el tema no era para menos, pues luego vinieron latinos, marroquíes, surafricanos, caribeños, chinos, rumanos,... y la gran metrópoli se convirtió en una gran arca llena de especies donde los catalanes de 8 apellidos vieron peligrar su reino en este mundo, entre otras, las poderosas, nombradas por algunos como 400 familias, repartidas y con ramificaciones en todas las formaciones políticas catalanas, más en las nacionalistas.

La realidad es que, lejos de lo que algunos piensan ahora, no ha sido internet que ha hecho crecer el cosmopolitismo en Cataluña, sino la inmigración y el comercio. A algunos les gustaría también que parte del "cosmopolitismo" fuera la conquista dels Països Catalans, pero me temo que es un sueño del que no participan otros de los llamados Països.

Ahora, en Cataluña, hay empadronados entre un 55 y un 60% de metecos o charnegos, que hacían de Cataluña un territorio mestizo y bendito hasta que llegó la crisis acompañada del maldito PP y se removieron los cimientos étnicos en este territorio que amo porque es donde han nacido mis hijos, un territorio de tradición cosmopolita e históricamente mestizo, un sueño de los "sinrazas" de los "sincredos nacionales" y eso se sabe y se sabe que mayoritariamente el conflicto con el Estado español no ha sido óbice para que durante 34 años de pos-transición Cataluña haya sido el "Oasis Catalán", si no que se lo pregunten al "muy Honorable" y sus arreglos con el centralismo. Cataluña iba bien y "pillaba" con la bisagra pujoliana, ora a diestra, ora a siniestra, más que nadie.

Las cosas han cambiado, la pugna ante la crisis por el trabajo escaso, los servicios, etc., pueden convertir este lugar de acogida en territorio de expulsión y germinar la xenofobia, tanto de orientación españolista, como catalanista. No despertéis a la bicha, no os queráis imponer unos sobre otros. Se sabe perfectamente que una mayoría de catalanes - que viven y trabajan en Cataluña - no quieren la independencia, los sondeos del Instituto de opinión de la Generalitat lo han dejado muy patente en las dos últimas ocasiones.

No, los discursos desde el eje nación no constituyen actualmente un camino de modernidad. Hay muchos que creen que la modernidad no ha acabado, que aún hay discursos y los hechos les dan cotidianamente la razón, pero los Estados son categorías zombies y la modernidad caída solo puede ser refundada de forma universalista, trascendiendo y diluyendo fronteras físicas y psíquicas, las más importantes son las que ponemos o quitamos en nuestros corazones.

Los riesgos que percibimos hoy son, en gran parte, globales y como tales han de ser abordados. Sin embargo Europa está demostrando a diario que muchos de estos riesgos no se enfrentan colectivamente, sino que los gobiernos de cada país actúan trasladando la carga negativa y precarizando a los más débiles. Y en eso, puede ser, que una Cataluña soberana con autogobierno pudiera "soltar lastre" y adquirir un lugar entre la media docena de territorios-nación privilegiados económicamente Europa. Me pregunto razones y encuentro actores secesionistas para todos los gustos: Unos por simple interés económico u otras formas de cálculo instrumental, otros por la herida abierta desde el nacionalismo español, otros de vuelos románticos. Si lo que prima en el secesionismo es el romanticismo habrá que decir que el discurso nacional romántico no es ya de este Mundo globalizado, o si lo es, es un peligro en ciernes para otros. Aún habría más, los que más allá de cálculos y romanticismos o de hartos del Estado, lo que desean es tener más competencias y nivel de autogobierno para poder afirmar su patrimonio diferencial, en este punto todos podemos comprender que hace falta un cambio profundo a nivel constitucional y hacia la federación de territorios y naciones del Estado.

Cuando los tiempos despiertan las pasiones, más si son nacionales, hemos de tener un espejo retrovisor conectado con la razón, no sea que la realidad nos arrolle. Y creo que podemos colegir en Cataluña que a pesar de los intentos del PP, la lengua y la cultura catalana están más que asentadas y solo una dictadura como la franquista las podría atacar, no nos engañemos. Y de los cerca de 8 millones catalanes casi todos defenderemos la cultura y el idioma catalán. Aunque también un porcentaje ampliamente mayoritario pedimos conservar nuestros orígenes españoles en Cataluña, comenzando por un idioma que hablan 600 millones de personas en el mundo, lo cual también es un gran patrimonio de la cultura catalana, no lo despreciemos. Hemos de contar con lo que hay, que nos hace diferentes, más ricos culturalmente y más universalistas.

En este punto de la transcendente historia de relación y confrontación entre Cataluña y España, solo pido que podamos filtrar nuestros sentimientos por el cedazo de una racionalidad situada en el contexto actual y no histórica solamente. Me pregunto si no, si será posible que en Europa los diversos pueblos se entiendan y solidaricen, después de que diversos imperios arrasaron y ocuparon a fuego y sangre territorios por doquier, y todos hayamos sido, en algún momento histórico, hostigadores o zaheridos sin excepción, antes o después. Francos, Prusianos, Ingleses, Españoles, o Catalanes y Aragoneses antes en el Mediterráneo.

La historia sangrienta ha de servir para no repetirla, por eso la idea de Europa surgió como territorio común de los pueblos enfrentados, como federación y solidaridad, aunque después los gobiernos hayan traicionado a la ciudadanía al escuchar los cantos de sirena del capital. Solo veo posible una España y una Europa de solidaridad y progreso, que sea democrática, social y ambiental , pero para ello se necesita un proceso de federación progresivo y convergente en aras de la paz y la reconstrucción de la modernidad

jueves, 7 de noviembre de 2019

A quienes ojalá un día puedan cambiar el mundo


Fallo de sistema (VIII)


Las cartas están repartidas y vistas. La dilación del proceso de consulta en Cataluña no traerá más que mayor inquina y desafección mutua, que harán imposibles la armonía y estabilidad política catalana y española. El destino llama otra vez a la puerta de la historia común, abanderando intereses y oprobios históricos varios. Es el destino marcado desde las coordenadas de la etnicidad, que regurgita periódicamente afrentas, deslealtades y bilis históricas.

Los que en medio del fragor patrio no se sienten vinculados ni representados por proclamados destinos históricos, aquellos que afirman servir a la única razón de la emancipación humana, no pueden sentirse identificados con esta apisonadora del cruel destino - un destino trazado y revivido como perpetuo ritual por los pastores, líderes patrios o profetas apocalípticos de aquí y de allá - les acompaña una profunda convicción humanista que les lleva a transcender la cartografía histórica de tropelías y desafueros mutuos. Nunca se sintieron esencialmente de patria alguna, sino que siempre asumieron una condición internacionalista apátrida. Su existencia no se vincula más allá del deseo de lealtad, solidaridad y gentil trato con las gentes que nacen, adoptan, refugian o pasan por un territorio.
 
En este hilo descriptivo de la ubicuidad, los sentimientos y de la razón humana; más allá de vanidades étnicas, hemos de pensar que el Poder se reviste de sutiles ornamentos para cada circunstancia y momento y, a día de hoy, en este lugar del planeta llamado Cataluña, son dos naciones con sus intereses oligárquicos enfrentados y los plutócratas lejanos que forjaron la crisis, los que marcan y condicionan el debate patrio.

Nada nuevo bajo el sol, la historia se repite una y otra vez. El enfrentamiento entre pueblos o etnias es el caldo de cultivo del sino como mito del eterno retorno: La supuesta y omnipresente imposibilidad del ser humano de superar las maldiciones del Dios contrariado y furibundo en el Jardín del Edén, que históricamente predispuso al sometimiento de los muchos a una casta de monarcas, ricos y sacerdotes, personificaciones terrenales del poder divino. O bien como mito de Babel, en que el poder divino somete a la confusión, al éxodo y la diáspora a aquellos que juntos levantaron torres a su altura. 

Los arcanos patrios vigilan, están siempre presentes y periódica y caprichosamente nos embarcan en epopeyas como pueblos con un pretendido sentido histórico, creyendo que la "diosa Fortuna" guiará al pueblo hacia la emancipación, tejiendo en el tránsito paisajes humanos impresos como si fueran las cartas del destino, cuando el destino es diseñado cada día por los poderosos.

No obstante el espíritu que anima a los seres libres sigue buscando su paraíso perdido su Babel olvidada. Esa búsqueda es la que ha nutrido siempre las razones y episodios de la disconformidad, de la crítica, de la rebeldía, de la insurrección de los muchos, exigiendo de nuevo un lugar digno en este Mundo y organizando la revuelta para recuperar el Edén y Babel, esos paisajes que los poderes nos robaron para prevalecer sobre nosotros adjudicándose ellos el bien y condenando a los muchos a la dispersión y al sufrimiento.

Por eso hemos de recuperar el sentido de unidad de pertenencia, forjando los valores que nos catapulten definitivamente a ser especie humana. El Poder, arcano, nos quiere separados para confundirnos y dominarnos mejor. Divide et impera.

Sólo aquellos que se reconozcan como iguales, sin atávicos lazos de sangre patria; los que tejan sueños fraternales a diario, los que derriben muros, tracen puentes y diluyan cada día las fronteras físicas, económicas y psíquicas que nos atenazan y enfrentan, podrán constituirse como humanos libres para construir otro mundo posible. Libres del pasado inmisericorde de agravios mutuos, libres de intereses étnicos, libres de instinto de dominio o de servidumbre, libres de mitos fundacionales que impiden cualquier cambio real: los mitos y supercherías religiosas, los mitos patrióticos y los mitos del dinero como felicidad y del progreso sin fin que están destrozando la madre Gaia, el único “mito” que nos sustenta.

Cataluña tiene hoy un corazón partido por dos mitos fundacionales nacionales. Se buscan espíritus libres que tiendan puentes de fraternidad para cambiar Cataluña y el Mundo.

martes, 8 de octubre de 2019

Necesitamos sindicatos, pero no estos



Fallo de sistema (VII)



Este año 2019 se han cumplido 100 del establecimiento legislativo, por primera vez, de la semana laboral de 40 horas, tras cerca de dos meses de huelga y brutal represión de los trabajadores de la compañía eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, de la empresa La Canadiense. Transcurrido un siglo, aún hay sectores y empresas con interminables jornadas laborales.

Durante décadas, las élites económica y política de la democracia liberal asumieron, a golpe de huelgas y revueltas obreras, que una clase trabajadora digna luchaba por sus derechos y merecía un respeto. Fue la cuestión social, desde los albores de la industrialización, la que imprimió con épica emancipadora el relato de la lucha o confrontación de clases, relato que se materializó en las luchas obreras de los siglos XIX y XX.

Desde entonces los factores que han removido los cimientos de la realidad social y laboral han sido innumerables, y haré especial mención a algunos que han llevado al movimiento obrero y la acción sindical al estado servil en el que se encuentran.

Un aspecto crucial ha sido la acumulación de poder de las élites económicas vía acumulación de la propiedad, dado el escaso interés de los poderes políticos para limitarla, nulo desde hace décadas. El mayor bien del que han dispuesto en exclusividad ha sido la apropiación y patrimonialización de los avances científico-tecnológicos de la humanidad. El uso exclusivo de la clase privilegiada de estos avances ha supuesto la absoluta dependencia de la sociedad en pleno de su tutela y liderazgo.

No obstante, esta tutela ha permitido durante décadas, que las sociedades funcionaran prácticamente como un todo vivencial, que aquello de la cohesión social hiciera languidecer la lucha de clases bajo la importante pérdida de identidad como clase de amplios sectores de la clase trabajadora. El llamado estado de bienestar, construido sobre el pacto social de posguerra, consiguió que una parte privilegiada de la clase trabajadora pasara a ser considerada clase media en una sociedad en que la riqueza que acumulaba la élite económica, desbordaba su recipiente patrimonial vía redistribución.

En esta ilusión de “capitalismo de rostro humano” de “fin de la historia y de los relatos emancipadores” nos mecieron los “clarines” patrios, justo hasta el momento en que el sistema que hizo posible los llamados “30 años gloriosos” hizo techo vía pérdida de tasa de ganancia de las empresas. Entonces reapareció el liberalismo económico depredador, bajo el neoliberalismo el poder económico rompió unilateralmente el pacto social y amaestró a buena parte de la “clase política” logrando incluso que la socialdemocracia se tornase social-liberal a través de las llamadas “terceras vías políticas”. Felipe González, Toni Blair o Gerhard Schroeder recondujeron las sociedades hacia la servidumbre voluntaria.

Aunque también hubo terceras vías que permearon los sindicatos y los burocratizaron, haciéndolos serviles y proclives a la concertación con unos poderes políticos y empresariales que hace décadas humillan a trabajadores y trabajadoras. Sindicatos que se han escorado hacia las prácticas de gestión del sistema a través de la gestión planes de pensiones de capitalización, de ERES, de formación ocupacional, etc. De seguir como ahora, los grandes sindicatos serán lo que Ulrich Beck llama categorías zombis, en lo que respecta a su función original como instrumentos de emancipación de la clase o las clases trabajadoras.

Hoy los sindicatos se han transformado sustancialmente, no son los mismos que los sindicatos que lideraron las luchas obreras que consiguieron los derechos que nos asisten. Habrían de ejercer una práctica de lucha sindical combativa, de confrontación con el actual sistema depredador de las formas de vida y relación en el planeta. Una de las movilizaciones más urgentes, ante el problema de paro y precarización del empleo, es que los sindicatos asuman realmente su centralidad en la lucha por la emancipación de las personas trabajadoras. En este sentido es necesario recuperar el espíritu de los trabajadores y trabajadoras de La Canadiense, impulsando la lucha sindical y social por la disminución significativa de la jornada laboral, para lograr pleno empleo ante los retos del trabajo globalizado y del avance tecnológico-cibernético-robótico.