domingo, 22 de mayo de 2016

Barcelona, otras ciudades y los paraisos fiscales. Son de agradecer los gestos valientes







El Ayuntamiento de Barcelona ha sido uno de los primeros en poner trabas reglamentarias a la contratación con empresas que puedan tener relación con operaciones delictivas, fraude fiscal o lavado de dinero, vía paraísos fiscales. La propuesta, aprobada por el pleno municipal, obligará a las empresas licitadoras a declarar que no operan delictivamente en el marco de la jurisdicción nacional e internacional vigente. Esto a partir de la aprobación del decreto municipal, que textualmente establece que “los licitadores, contratistas o subcontratistas o empresas filiales o empresas interpuestas no pueden realizar operaciones financieras en paraísos fiscales” y ello tomando como referencia los paraísos fiscales contenidos en la lista de La Unión Europea y los de la lista Española.

Es de agradecer e ilusiona que uno de los llamados ayuntamientos del cambio comience, a través de esta medida, a enarbolar institucionalmente la bandera contra los paraísos fiscales o centros offshore extraterritoriales. El que una ciudad importante en el Estado español y en Europa, como Barcelona,  abra una vía en el cuestionamiento institucional a estos agujeros negros del dinero y ponga cortapisas legales a las empresas que se afincan en ellos, nos llena de orgullo y nos emociona.

No obstante hay que decir que esta es una primera y muy humilde batalla contra la delincuencia fiscal y financiera, bien asentadas en nuestras sociedades a través de estos territorios offshore.

En primer lugar habríamos de suponer la buena voluntad y lealtad a la norma pactada de empresas y entidades bancarias signatarias de los futuros contratos con el consistorio municipal. Si bien, la experiencia reciente nos hace ser cautos al respecto. La crisis generada por la hipertrofia financiera global y por los excesos causantes de la burbuja inmobiliaria y de las estafas a los consumidores bancarios e inmobiliarios, nos orienta en los posibles futuros. Si hay una experiencia firme de la aún reciente crisis, es que no podemos dejar que sean las empresas comerciales o financieras, las que se autorregulen. Es un hecho, que especialmente la mayoría de las grandes empresas, no se imponen límites en su camino al beneficio, así como lo es que no podemos esperar nada de los actuales reguladores (BCE, CNMV,..,etc). Y sabiendo esto pregunto ¿Podemos asegurar la veracidad y lealtad de las grandes empresas en el cumplimiento de los pliegos de pactos en los contratos municipales cuando tiene que ver con paraísos fiscales?

Lo común en este aspecto viene marcado por las grandes posibilidades que el actual sistema financiero internacional ofrece a las grandes empresas y capitales móviles. Cuando se ha creado y expandido, globalmente en las últimas décadas, un espacio financiero internacional absolutamente libre, desregulado y opaco, resulta muy complejo y difícil tratar de establecer contrapoderes locales reguladores. Y lo es porque la estructura opaca de las finanzas está bien asentada en dichos paraísos fiscales, una herramienta imprescindible de los poderes de la globalización financiera, herramienta a la que no van a renunciar mientras su poder siga siendo inmenso. Habría que quitarles la herramienta de las manos, pero ¿Cómo?

Es un hecho que lo que distingue a estos paraísos fiscales, por encima de su escasa o nula tributación, es su opacidad. Opacidad bien cimentada en los sistemas jurídicos especiales de estos territorios y que incorporan, entre otros aspectos, la prescripción del secreto bancario. Así como la facilidad para crear empresas pantalla o instrumentales, fideicomisos o fundaciones y entrelazar con todo ello entramados societarios, que son fundamentales para la ocultación de las personas físicas o jurídicas propietarias de cuentas y empresas. Y también fundamentales para impedir a las policías judiciales e inspectores de hacienda seguir el rastro o trazabilidad de los dineros.

Resulta increíble y es absurdo que algunos pequeños territorios, sin apenas actividad económica, puedan acumular tantos títulos financieros, debido a los apuntes contables de las empresas y particulares, pero hemos tenido que acostumbrarnos a que sea así. Hemos tenido que acostumbrarnos a que el delito de cuello blanco esté amparado por el marco jurídico internacional, dado el reconocimiento de los sistemas jurídicos offshore. Esto está en la base de la corrupción social y de los sistemas políticos y en el código genético del capitalismo actual: Capitalismo delictivo y de casino. Se ha montado y legalizado la gran farsa: El imperio de la ley, pilar del liberalismo y de la democracia liberal, es pura hipocresía. La ley que impera es la del más fuerte y utilizan los paraísos fiscales para el robo generalizado y para socavar la democracia. Es patente que los paraísos fiscales, a través de su sistema jurídico, venden su soberanía al capital financiero internacional y mientras éste domine, la vida de los paraísos fiscales será larga.

Es pues muy posible que, ante las seguridades que ofrece la opacidad de estos territorios, las empresas móviles y globalizadas no se sientan intimidadas por un pliego de condiciones firmado con los poderes locales y sigan utilizando las ventajas competitivas que les ofrecen el secreto bancario y la opacidad. Hoy queda muy lejos aquello de la ética empresarial, solo la amenaza de sanciones posibles y aplicables y la posibilidad de poner luz en los vericuetos por los que transitan la evasión y el lavado de dinero, podría asegurar que los contratantes cumplan el pacto para no ser sancionados. Bien es verdad que ahora los ciudadanos, ciudadanas y los poderes públicos estamos exultantes por algo que no ha pasado hasta hace poco y es la sucesión de filtraciones que están dejando en evidencia a empresas y particulares, Swissleaks, Luxleaks o Panamá Papers. Aunque la ciudadanía no puede permanecer confiando en un “Zorro protector” que realice, a largo plazo, el rol histórico que solo a ella puede y le corresponde ejercer. La lucha para acabar con los paraísos fiscales es hoy un reto necesario de la ciudadanía en el tránsito a otro mundo mejor posible.

En segundo lugar, apreciamos en el decreto municipal, que hace especial énfasis en sancionar a las empresas que actúen ilegalmente, pero no explicita medios para disuadir a las empresas que utilizan la ingeniería fiscal o planificación fiscal agresiva, para legalmente pagar sus impuestos en paraísos fiscales o territorios de muy baja tributación. Este parece, a mi modo de ver, el principal agujero por donde pueden escapar estas empresas de las haciendas locales. Parece ser que los representantes del Ayuntamiento de Barcelona, se han querido situar con este decreto, bajo el paraguas de una estricta legalidad, aunque de sobras saben que legalidad y legitimidad no viene a ser lo mismo. Además se puede constatar, cómo en los últimos años, las empresas transnacionales van aumentando la parte de su presupuesto que dedican a contratar servicios de fiscalistas para que les ayude a eludir impuestos, operación legal a nivel internacional, pero que vacía los erarios públicos favoreciendo a las empresas. Otra vez tenemos que citar aquí el caso de Luxleaks, base de la elusión fiscal de grandes empresas o también hemos de reseñar el peligro que para la elusión fiscal va a constituir la firma del acuerdo de nuestro país con Andorra, para evitar la doble tributación y los acuerdos bilaterales comerciales con las comunidades autónomas.

Finalmente expresar que la lógica línea de estricta legalidad del Ayuntamiento de Barcelona, también afecta a la elección de la lista a la que se ajustan los países de referencia, paraísos fiscales, en el decreto. Se han elegido las listas “legales” la de la Unión Europea y la de España, pero tampoco considero que sean la más legítimas en cuanto a figurantes, creo más completa la lista elaborada con criterios muy estrictos, por la red ciudadana de expertos “Tax Justice Network”. Por ejemplo en la lista de TJN figuran Países Bajos o Luxemburgo y en la de la UE no. Es un hecho que ambos son paraísos fiscales entre los más importantes, Países bajos que constituyen un complejo offshore importante junto a sus terrenos insulares de Aruba o Antillas holandesas. Los países bajos son paraíso fiscal para los holdings, lo cual podría afectar a empresas como ING o Triodos Bank, que son propietarias de holdings. Por lo que hace referencia a Luxemburgo, posee secreto bancario y muy baja fiscalidad, demostrada ésta en el caso de Luxleaks.

Creo loable la actuación al respecto del Ayuntamiento de Barcelona y otros y comunidades que están actuando en la misma línea, o bien simplemente comienzan por declarar a sus municipios ZLPF (Zonas libres de paraísos fiscales) en un ejercicio de dignidad para focalizar la atención ciudadana y de las autoridades internacionales sobre  esta lacra del Siglo XXI. Sin embargo hemos de tener muy claro que recién acabamos de abrir la puerta que nos conduce a un camino muy largo y lleno de trampas y dificultades.

Animo a las personas comprometidas y conscientes a que se unan a esta comitiva, que justo acaba de comenzar su andadura, para presentar cara a los poderes financieros y a la existencia de los paraísos fiscales, que socavan las democracias y hacen tambalearse al Estado de derecho. Y adelanto que la única forma de enfrentarse eficazmente a las finanzas offshore es acabar con la opacidad y los regímenes jurídicos de los territorios paraísos fiscales. En este sentido sólo una voluntad internacional unida, para poner luz a los procedimientos financieros y contables y que al mismo tiempo utilice sanciones fiscales y comerciales contra estos territorios de no cambiar sus sistemas jurídicos, tendría la posibilidad de acabar con el problema. No obstante soy consciente que la voluntad internacional está a nivel político hoy presa de los grandes poderes económico – financieros y de las oligarquías políticas locales que les sirven.

El camino para plantar cara a las oligarquías políticas y económicas, lo comenzamos ganando en algunos grandes ayuntamientos, ahora vienen las elecciones generales, a ver si cunde el ejemplo y más adelante hacia las europeas. Mientras tanto vayamos tejiendo una sociedad civil crítica, consciente y cohexionada ¡No hay otro camino!





Barcelona 21 de mayo de 2016


domingo, 15 de mayo de 2016

¡Pobre Cataluña!



Mientras en diversos canales españoles la corrupción de la Gurtel, los ERES, la caja B del PP y otros son paisajes cotidianos, las televisiones catalanas han hecho un absoluto barrido del posiblemente mayor escándalo de la democracia en España y Cataluña, el de la familia Pujol - hay en liza unos 3000 millones de euros.  Un escándalo que ha supuesto el deshonor del que fué Muy honorable presidente de Cataluña durante 23 años, Virrey de las Españas mediante la bisagra política, ora con PP, ora con PSOE y padre político de toda una generación en activo y en el Poder en Cataluña.

Son estos mismos hijos-políticos, los que siguen dominando comunitariamente en Cataluña, mediante asociaciones varias y medios subvencionados y ese es el problema. Los que siempre han dicho que "los trapos sucios se lavan en casa" son los que ahora los ocultan debajo de la alfombra del Procès para eximirlo de todo vínculo oscuro del pasado.Como cuando el mismo JP se servía de la bandera, en el balcón de la Generalitat, para atacar y desprestijiar a los que le acusaron en el caso de Banca Catalana (fiscales Mena y Villarejo).

Ya se que ahora todos callan, a nadie parece interesarle ya concitar y levantar la voz de la opinión pública al respecto de un caso que permanece en los vericuetos de la justicia. Mientras, los miembros de la familia continúan viajando a sus paraísos fiscales favoritos o haciendo todo tipo de arreglos con sus testaferros para limpiar el rastro y así evitar que la policía judicial o las haciendas públicas puedan seguir la trazabilidad de los dineros.

Pero ¿Ni siquiera las CUP? ¿Ni siquiera el PP o el PSC? ¿nadie aborda ya este tema?

Bueno parece que ya todos optaron por "matarlo" en vida, es lo mejor para todos, porque como dice el refrán "muerto el perro se acabó la rabia".

A las CUP o ERC no le interesa que la Gloriosa Cataluña tenga raíces envenenadas, la quieren pura y martir y ya se sabe que todo lo impuro ha de venir de una España que nos oprime nacionalmente, porque el pueblo catalán es para ellos uno en lo fundamental y prioritario. Todo lo más que se atreven a expresar a veces es aquello de " Qué gran vasallo si hubiera tenido un buen Señor"

Hace un año de las "exequias", del rito funerario mediante las comparecencias pertinentes en el Parlament de Cataluña. Con un David, oficiante progre, que asumió su justiciero papel en el rito parlamentario como enterrador político de un Goliat Pujol malherido.  El ex-president y su causa obscena ya pasaron a mejor vida, a la vida del limbo histórico olvidado. A pesar de que, cual si fuese un Cid catalán, cabalgue su señorío por las calles de Cataluña y Andorra después de muerto.

El rito no fué vacuo y dejó una huella indeleble, tanto es así que al PP y al PSC-PSOE se les heló la sangre y el aliento cuando el Virrey sacó su arma oculta en el Parlament, haciendo un gesto de "moriré matando" cuando dijo aquello de " si se toca el arbol o una rama caen más ramas".  R.I.P y a pasar página.

Y ya nadie enarbola por estos lares el orgullo del justo. ¡Pobre Cataluña!

sábado, 7 de mayo de 2016

¡Pobrecitos sindicatos!







De seguir como hasta ahora, los grandes sindicatos serán lo que Ulrich Beck llama categorías Zombies, en lo que respecta a su función original como instrumentos de emancipación de la clase o las clases trabajadoras. Por regla general su acción o práctica sindicales, hacen en las últimas décadas especial énfasis en la gestión de este sistema, mediante un funcionamiento sindical como empresas de gestión sistémica (gestión planes de pensiones de capitalización, gestión de ERES, gestión de planes de formación ocupacional,.....,).  Al mismo tiempo, en las sociedades capitalistas desarrolladas, aceptan y despliegan fundamentalmente, como estrategia prevalente, su total implicación en el diálogo social a través de la concertación tripartita (patronal, gobierno, sindicatos), disminuyendo continuamente su acción como lucha sindical combativa. Esta estrategia les provee de un reconocimiento institucional-sistémico fundamental, que les genera beneficios provenientes de la  financiación de diferentes organismos y escalas institucionales. 

En lo que respecta a su escasa acción  de "lucha sindical", necesaria para conseguir la legitimación de sus afiliados, siguen manteniendo el perpetuo rito de un fordismo sindical obsoleto, rito de primeros de Mayo y de alguna huelguilla general de cuando en cuando, cada 5 o 6 años, prietas las filas de los antiguos trabajadores fijos y sin capacidad para atraer a parados y precarios, cada vez más numerosos. Una parte de su permanencia se logra con mitos y ritos, que solo sirven de oficio cuasi-religioso para hacer ver que todavía tienen ganada presencia mediante su presión política sobre las decisiones, cuando se puede demostrar que no es así. Se puede demostrar que las medidas que se toman a nivel económico-político desde hace décadas vienen bloqueando o inhabilitando cualquier posible reivindicación de mejora de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores. Posteriormente, aunque haya algunas personas trabajadoras que se crean lo del sindicalismo revolucionario más que sus cúpulas, y traten de llevar a cabo movilizaciones de empresa o sector, las decisiones ya están tomadas mediante directivas económicas en la UE - que dicho sea de paso avalan los sindicatos desde su firma del tratado neoliberal de Maastrich - y mediante el engrasado funcionamiento de los mercados laborales corporativos y los mercados financieros mundiales.

Entiendo que los “pobres” compañeros y compañeras sindicalistas quieran creer que hacen algo, e incluso, en alguna ocasión, hasta consiguen alguna pequeña cosilla que les retro-alimenta de orgullo y fervor revolucionario. Sin embargo en esta economía prisionera de la globalización financiera, el factor trabajo o el factor bienestar, son cautivos de la prevalencia de otros factores políticos que ya ganó el neoliberalismo hace tiempo. Los sindicatos habrían de enfrentarse, para conseguir algo en los factores propios del sindicalismo y el bienestar, a esos macro-factores que subsumen y determinan el mundo de la vida - y cómo no dentro de ella el mundo del trabajo - que son los factores derivados del marco de competencia global por una parte y por otra al predominio de las finanzas descontroladas. Tendrían que enfrentarse especialmente a la mímesis del capitalismo industrial en capitalismo global financiarizado.

En cuanto al marco de competencia, hoy el sindicalismo local no puede evitar que los capitales o las empresas se trasladen o deslocalizen territorialmente buscando el máximo beneficio. La pérdida de grandes industrias de la siderurgia, el textil, automoción y otras en Cataluña y España dan fe de ello. Ahora ya sabemos que frente al dumping económico y laboral, no hay otra salida que internacionalizar la lucha sindical, re-inventar el sindicalismo, pero aquí cada cual sigue hablando a los que les proporcionan sustento, afiliados y entes locales, manteniéndose en un halo de ignorancia supina de cariz límbico respecto del nuevo marco que la globalización promueve y de los supuestos retos que el adaptarse combativamente a este marco supondrían. Todo ello para justificar que el sindicato, tal cual se conoce es imprescindible para la lucha revolucionaria de clase de los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, en bastantes casos, solo es imprescindible para mantener el sillón, el puesto de liberado, el trabajo asalariado en el sindicato y el aparato sindical en general. 

Si las empresas han logrado, con el concurso de los gobiernos mundiales, transcender y aumentar exponencialmente su poder traspasando fronteras y creando un nuevo campo de batalla globalizado, los sindicatos locales poco pueden hacer, salvo luchar contra las ya castigadas pequeñas empresas que son las no móviles, o contra las administraciones públicas. Todo ello, paradójicamente puede contribuir aún más a la mayor oligopolización, o sea a la mayor concentración de poder de los marcos de actividad empresarial en pocas empresas transnacionales, en perjuicio de las PYMES y de las clases trabajadoras. O también a establecer contrapoderes sindicales corporativos en el seno de las instituciones públicas, de ámbito local o estatal.

Ante el aumento del poder de las corporaciones y su control del campo de lucha social global, incluidas las reglas del juego actuales, los sindicatos que teóricamente defienden a las personas trabajadoras, no pueden seguir dedicándose sin más a la mera intermediación entre mundo del trabajo y empresas, que es a lo que se dedican cada vez más. Han de adoptar una posición combativa e internacionalista. La duda persistente que me afecta, es si las estructuras sindicales burocratizadas herederas de la Transición en España son capaces de re-formularse a la altura de lo que los nuevos retos de un sindicalismo combativo e internacionalista requieren, o bien hay que comenzar de nuevo y habría que plantearse muy seriamente refundar el sindicalismo. Eso sí desde la base de la unidad sindical internacional de trabajadoras y trabajadores asociados.

La lucha internacional de los trabajadores y trabajadoras ya no pasa por capillas negociadoras, ahora, más que nunca requiere una lucha que trascienda el sindicalismo de gestión y vuelva a sus orígenes, a la lucha política de los trabajadores por su emancipación, ya que hace tiempo que el capital burló unilateralmente el marco de relaciones de post-guerra que hacían posible el pacto y la convivencia. Hoy cualquier prolongación por parte de las fuerzas sindicales del marco de diálogo como objetivo máximo, es claudicar a la acción tiránica de los poderes corporativos. La situación actual es consecuencia de décadas de confusión y connivencia ante los poderes económicos de las élites de izquierda política y sindical. Los trabajadores y trabajadoras habrían de ejercer su rebeldía ante estas condiciones indignas del sindicalismo, pactadas desde sus élites burocráticas. No obstante, a cualquier persona combativa y ante la necesidad de mantener viva la lucha sindical, le embarga el pesimismo, más al ver que no se perciben movimientos de insumisión, dentro de las bases sindicales, al gobierno de sus aposentadas y sempiternas élites.

Esta ruptura unilateral de las reglas del juego democráticas por parte de las corporaciones, favorecidas por los gobiernos y no cuestionadas como acción sindical combativa e internacionalista por parte del sindicalismo mayoritario, se ha realizado fundamentalmente a partir de una serie de instrumentos de carácter económico-financiero, que atacan a la democracia en su línea de flotación y significan un aumento sustancial de las desigualdades, cuestionando el Estado de derecho y hasta el mismísimo Imperio de la ley, teórica base del sistema liberal-democrático.

Ante esto los ritos fordistas sindicales de reivindicación nacional, exigiendo trabajo y prestaciones dignas, se estrellan con los marcos normativos de instituciones estatales e internacionales, bien democráticas, bien a-democráticas (como el FMI, BM, G-20, OCDE, UE,..etc). En estas circunstancias, considerar que salir del marco normativo internacional es una solución, es no conocer el poder desatado que este marco global-institucional-depredador puede ejercer sobre las expectativas particulares.

No tenemos otra solución como ciudadanos y ciudadanas que ampliar nuestros horizontes y acostumbrarnos a que el marco de lucha contra el sistema hoy es global. Por eso es necesario cambiar las conciencias nacionales por conciencias internacionales y en esto hasta el momento estamos haciendo bien poco. La prueba fehaciente de ello es que lo que pasa más allá de nuestras fronteras solo existe para la mayoría cuando llama a nuestra puerta, hoy millones de refugiados, de siempre  decenas de miles de muertes diarias por hambre y enfermedades evitables en el Mundo. Solo una cifra, cuando las 65 personas más ricas de nuestro planeta poseen más riqueza que los 69 países más pobres, que significan más de la mitad de la población global, ¡algo hemos hecho mal como ciudadanas y ciudadanos, aunque sea no hacer lo suficiente! Aunque distraídos por los clarines económicos y sindicales estatales, descuidábamos los flancos económicos globales, que ahora nos causan crisis o nos desbordan. Por supuesto el sindicalismo es una parte de nuestro mundo e igualmente se ha visto atacado y doblegado y más por su propia inoperancia autárquica.

Hoy los sindicatos habrían de ejercer presión ante las causas que han llevado a este estado de cosas. Tener como primeros objetivos de lucha y movilización la exigencia de que los gobiernos asuman la regulación y control de las entidades y mercados financieros; el no a los acuerdos de libre comercio;  el fin de los paraísos fiscales; justicia fiscal redistributiva e impuestos a las transacciones financieras internacionales; una banca pública ética y con control social; bancos centrales al servicio del pueblo y no de la banca privada; separación entre la banca comercial y la banca financiera; poner fin a la titularización y a la creación descontrolada de dinero por parte de los bancos; auditoría de la deuda y muy importante Jornada laboral de 30 horas. Así sólo así, volveremos a re-tomar de nuevo el buen camino de la lucha de los oprimidos contra los poderosos y las cosas podrían tener visos de solución a largo plazo, si la unidad y el sentido político emancipatorio nos acompañan. Esperemos que las voces del altermundismo dejen algún dia de predicar en el desierto.

Antonio Fuertes Esteban
Barcelona 7 de mayo de 2016