viernes, 21 de octubre de 2016

Hallar una salida al baile político en la finca global






Quien ha visto la excelente película del director Sydney Pollack “Danzad, danzad, malditos” no tendrá dificultad en establecer un cierto paralelismo, en cuanto a posible representación simbólica de su argumento, con el desarrollo del actual proceso electoral y de investidura maratoniana en nuestro país.

Mientras la música continúa sonando en la pista de la actual maratón democrática y las gentes siguen apostando por aquellos candidatos que mejor sobrelleven el cansancio en este baile electoral post-crisis, en los accesos a la fiesta siguen apostados y controlando la pista de baile los que siempre han hecho negocio con todos los espectáculos, los que han sacado réditos de todas las crisis, los señores del IBEX 35.  Al mismo tiempo que los susodichos mantienen su apuesta política preferente bien situada desde los altavoces del recinto patrio, participados como están por ella. 

Focos y cámaras no dejan por un segundo de cubrir a los líderes representantes de este espectáculo, que acaparan así la exclusividad en las expectativas políticas de las gentes. El mañana se está jugando en este baile maratoniano de declaraciones, posicionamientos, cifras y pactos que se nos trata de mostrar, mediante un totum revolutum, como el universo de las propuestas políticas con respecto a lo posible. Por lo enconado de la contienda podría deducirse que los vencedores habrían de ser, de facto, los líderes que en el futuro pudieran cambiar nuestra situación, haciendo posibles los deseos de quien en ellos confían; que fueran a ostentar el poder de decisión sobre lo sustancial que afecta a lo particular y lo colectivo.

El premio, para estos aventureros del espectáculo electoral, sería poder ejercer su profesión política en el gobierno de la nación, durante un tiempo estipulado en el que tendrían el honor de servir al bien común de la comunidad política que los ha elegido y muy especialmente el privilegio de priorizar y favorecer el de sus votantes y/o fuerzas sociales o económicas que les dan apoyo.

Hasta aquí se podría argumentar el guion pre-diseñado de este momento estelar de la democracia, el de la elección de las candidaturas más apoyadas por la ciudadanía y el consiguiente proceso de investidura, en un ejercicio necesario como ritual de delegación de la soberanía popular. No obstante este ritual tiene una forma y un fundamento establecidos desde el sistema que periódicamente monta esta “fiesta” electoral.

Gui Debord y el movimiento Internacional Situacionista, que alimentó el espíritu del Mayo francés, argumentaron sobre lo que denominaron Sociedad del  Espectáculo. Lanzaron este constructo contra la cara-espectáculo de la sociedad y sus ritos y en concreto también en lo que afecta a la máscara de las categorías políticas representativas. Las elecciones en esta sociedad del espectáculo se producirían como una realidad ritual, una forma procedimental caracterizada y pre-establecida desde el Poder. La representación se muestra así como algo más real que la experiencia vivida y  somete al individuo a la condición de espectador pasivo y a aceptar pasivamente el estado de cosas existente. Los ritos de la sociedad del espectáculo retroalimentan continuamente los aspectos míticos del poder.

El mito demócrata liberal del poder como soberanía popular es el más extendido y compartido de la política desde las revoluciones  francesa y americana hasta nuestros días. Como todo mito cumple una función de anclaje de la representación en un ideario, que es el ideario que acompaña a los procedimientos implícitos en los rituales democráticos. 

Contrariamente a la idea de soberanía popular plasmada en los ordenamientos legislativos, un buen número de autores desde la política, la sociología, la economía o la filosofía han abundado en el aspecto ritual y mítico de la democracia liberal o formal. En realidad muchos son los autores que han hablado de la realidad elitista de las democracias occidentales. Las élites políticas, militares y económicas, decía el sociólogo norteamericano Wraight Mills en los años 60 del siglo pasado, poseen un punto común sobre el Mundo que hacen prevalecer e imponen socialmente, pero por encima de todas está la élite económica que predomina sobre todas las demás. Fue un politólogo, precisamente liberal, Robert A. Dahl quien en los 70 habló de que el ordenamiento democrático constituía en realidad una Poliarquía, en donde diferentes oligarquías políticas competían por obtener el poder. Aunque el caso es que como muy bien señaló Wraight Mills, el poder político siempre ha sido subsidiario del económico en los actuales sistemas democráticos. 

Pero sobre todo y como ha ilustrado el marxismo epistemológico, la democracia liberal hoy no es sino el telón de fondo donde se reproduce la lucha de clases como motor de la historia, en el sistema capitalista actual. En esta democracia formal, el logro democrático igualitario de facto vendría dado por la derrota parlamentaria de las fuerzas capitalistas oligárquicas, siendo que, cada vez más, se constata cómo una democracia real es estrictamente incompatible con el sistema capitalista. Como explicitaron teóricos sobre la democracia en diversas épocas, como Alexis de Tocqueville o Norberto Bobbio, la democracia, aparte de con la libertad de voto, tiene mucho que ver con las cuotas de igualdad conseguidas en la sociedad; ha de ser procedimental y sustancial.

Finalmente, las teorías anarquistas desde el socialismo libertario desconfiarían de cualquier forma de estado como garante de la democracia posible y propondrían organizar la sociedad en torno a confederaciones de comunidades o comunas libres y autogestionadas. El mayor valor de las corrientes diversas de pensamiento libertario, ha sido los valores que han proyectado en diversos movimientos sociales y sociedad crítica. La democracia directa, radical, participativa y la crítica de la representación, reivindicando otras formas de hacer política, más consultas ciudadanas y una democracia informada y de base. Estos han sido avances sociales teñidos en parte de algunos valores que los movimientos libertarios han ido imprimiendo en la sociedad.

Llegados a este punto, surgen preguntas inevitables que nos enfrentan a la verdad desnuda de la política ¿Quién tiene poder y cómo lo ostenta?

Hemos de preguntarnos por la naturaleza del poder político, en qué consiste y bajo qué forma se representa.  También establecer el territorio o unidad política en la que se ejerce. Otra pregunta es cómo se distribuye el poder en la sociedad. Así mismo hay hoy que preguntarse sobre el grado de poder que adquieren los representantes electos para poder decidir y gestionar políticas basadas en el encargo delegado por la sociedad y por su propio programa político.

Desde que sucumbió el bloque soviético, en el que el poder estaba concentrado en los aparatos del Estado, fue un solo sistema, el capitalismo el que heredó la faz de la tierra. La falta de  contrapoder global, supuso la extensión del libre mercado al mismo tiempo que el cuestionamiento de lo que de estado había en las ideas políticas socialdemócratas y en el Estado de bienestar. Los conservadores anglosajones adoptan el ideario del neoliberalismo a final de los 70  y éste impregna en los 90 la socialdemocracia, que por medio de la llamada Tercera vía transforma su sustancia de facto en social-liberalismo. A día de hoy las políticas neoliberales que comienzan con Ronald Reagan y Margaret Thatcher han prendido en todo el globo, que cada vez más se aproxima a constituir una finca global de las grandes corporaciones, sean estas privadas, o estatales en antiguos países comunistas o emiratos árabes .

Por otra parte, con el desarrollo de la globalización, se ha transformado la naturaleza de la acumulación capitalista. El desarrollo exponencial del capital ficticio en el conjunto de la economía, ha supuesto grandes transformaciones en los equilibrios globales de poder. Si con el triunfo, en los 80 y 90, de la factoría neoliberal el mercado infringió un duro castigo a la sociedad mediante la reducción sustancial del estado de derecho, con el hiperdesarrollo del sector finanzas dentro de la economía a partir de los años 90 se ha producido una mímesis importante del capitalismo global, que de una fase de capitalismo productivo ha mutado en capitalismo financiero, lo que nos lleva a hablar hoy de una economía financiarizada. Por cada euro, dólar o unidad monetaria que se emplean en el desarrollo de la economía productiva, se están moviendo más de 90 en la economía especulativa. Esto pervierte cualquier tipo de bondad que en el pasado se haya podido atribuir al sistema capitalista y convierte la economía en un juego de casino en el que, en función del enriquecimiento ilimitado y el poder consecuente que proporciona, una minoría de plutócratas depredan las vidas y el planeta en una carrera despiadada y sin sentido hacia ninguna parte.

Mientras a este estado de cosas económicas y la enorme desigualdad que genera, se le sigue llamando democracia, los diversos partidos políticos pretenden que la ciudadanía les delegue, a través del voto, un poder que este sistema no pone de facto en manos de los representantes. La globalización financiera ha acabado - a través de la competencia, la desregulación, la liberalización y privatización - convirtiendo los estados concretos en fincas particulares de los plutócratas globales. Lo que mueve el mundo de la vida hoy es fundamentalmente la lógica de los inversores. En este nuevo orden de cosas el papel al que esta plutocracia global quiere reducir los gobiernos, es el ser los “mayordomos” de sus fincas u estados y el papel de las administraciones se convertiría en el de ser las “amas de llaves”. Esto que en principio puede resultar aventurado y grotesco, puede no ser tanto si bien lo pensamos. En este magma de poder, la soberanía popular se hundiría e invisibilizaría bajo el peso de la desposesión. Se ha producido un movimiento tectónico en el necesario equilibrio de poderes entre el Estado, Mercado y Sociedad. Hace dos décadas que se viene hablando de dictadura de los mercados.

Paralelamente a la pérdida de poder y control por parte de los gobiernos, el sistema profundizaba y globalizaba sus propios riesgos, al mismo tiempo que generaba nuevos. Cada riesgo genera un peligro para las sociedades y el planeta, así que el abordaje de los riesgos se convierte necesariamente en cuestión política. En una fase de autoconciencia reflexiva, la sociedad puede llegar a ser consciente de los peligros y amenazas incontroladas que genera y esto a nivel político se convierte en conflictos sobre los males que se producen y las responsabilidades de cada cual. Este hecho incontrovertible, lo explica muy bien Ulrich Beck en sus libros “La sociedad del riesgo” (1986) y La sociedad del riesgo Global (2001). Esta sociedad del riesgo, arguye Beck diluye los lazos sociales, motivo por el que la sociedad sufriría un proceso de individuación creciente.

En la época global de interconectividad, intercausalidad e interdependecia crecientes surgen nuevos riesgos globales que generan una época de gran  incertidumbre, lo que añade grandes dosis de complejidad al ejercicio de la política. De todos es sabido que la globalización financiera ha generado riesgos que impiden a los estados resolver los peligros que atenazan a sus sociedades basándose en  la gestión política propia. Este es el principal factor que hoy minimiza la capacidad de los estados para abordar con solvencia las causas de, por ejemplo, la crisis financiera y económica, el mercado laboral, la crisis del Estado de Bienestar, el deterioro del medioambiente, los conflictos bélicos por los combustibles fósiles y otras industrias extractivas, el terrorismo internacional y otros riesgos globales.

Mientras la democracia está secuestrada por los mercados y el mero ejercicio político queda muy restringido por el peso de las corporaciones globales, la escasa sociedad organizada languidece entre las trampas de los cercos patrios, pues los representantes a quienes se dirigen las reivindicaciones, ya solo son meros mayordomos que gestionan las reglas de juego de los señoritos globales. Por otro lado el gran conjunto social irreflexivo e inconsciente, permanece aferrado a la reproducción de los actos y valores que alimentan al gran depredador global. Podríamos decir que hoy avanza como nunca el sueño de Margaret Thatcher cuando dijo “La sociedad no existe. Hay individuos, hombres y mujeres y hay familias".

Las crisis no generan oportunidades, solo a una minoría plutócrata, pero lo que sí sucede es que ayudan a las personas a valorar lo que se perdió con ella y a reflexionar sobre el por qué. Es esto lo que puede crear de nuevo las condiciones de construcción de nuevos entramados de movimientos sociales resistentes a sus efectos y por el cambio. 

Estamos ahora en un momento de estupor social, donde se derrumban cada día derechos adquiridos a nivel económico y social y en donde se disparan las desigualdades. Sin embargo, no solo “el Rey está desnudo”, la sociedad también. Ante el gran poder del depredador global, no hay proyecto político alternativo, ni posibilidad de cohesión social crítica y de revuelta. El Mercado se ha apoderado y enseñoreado del mundo de la vida y de las instituciones.

Todas las viejas tradiciones políticas de izquierda se han quedado sin apenas discurso, porque aquí no se vislumbra hoy nada que asaltar, o por lo menos asaltable. Asaltar el Estado es difícil para la izquierda en las sociedades pluralistas desarrolladas, dado el transfondo pluralista y dividido políticamente de la sociedad. Es más, en los últimos tiempos son las fuerzas neoliberales las que ostentan la mayoría representativa en Europa y los parlamentos de todos los países desarrollados.

A esto hay que añadir que la izquierda tradicional, o bien ha sido asimilada, o bien ve chocar sus argumentos contra los muros, hoy infranqueables, de la globalización capitalista.

Deconstruir el actual estado de cosas es el reto de cualquier fuerza emancipadora hoy, sea a nivel social o político. Es ya hora de plantearse un salto cualitativo en las respuestas desde la política y la sociedad. Al Gran depredador solo hay posibilidad de ofrecerle resistencia si la sociedad y la política cambian su enfoque restrictivo territorial en exclusiva y se organizan para salir también a presentar batalla en el marco que el juego está planteado desde hace tiempo, en el terreno global.

El marco estatal está claramente incapacitado para crear emancipaciones sostenibles, porque el marco global establecido es el de competencia y en este marco todas las sociedades luchan por conquistar beneficios, muchas veces a costa de otras sociedades contendientes. Aparte de esto, como hemos podido ver en el caso de Grecia, Brasil o Argentina recientemente, la diferencia no se tolera. Tampoco se le tolera a Cuba, Bolivia o Venezuela, en continuo “estado de sitio”. Las personas solas no son nada, los países aislados tampoco.

Cuando no es posible afrontar el paradigma de ciudadanía desde los Estados nación, la multitud global más consciente, habrá de redefinir el contexto de ciudadanía con valores que trasciendan la nación y derriben la mayor arma del capital: el haber sometido a los estados a la competencia.

No hemos de dejar el cosmopolitismo en manos de los inversores globales. Todo lenguaje se prostituye y el término cosmopolitismo hoy, como vendrá observando cualquier lector habitual, sirve para nombrar a los agentes del negocio global, que invierten no importa donde, solo que obtengan los mayores beneficios a costa de la sociedad y el planeta. El cosmopolitismo habría de ser junto al internacionalismo los dos grandes ejes de la ciudadanía global empoderada. 

Cuando hace tiempo se hundió la esperanza de enarbolar internacionalmente los valores republicanos y en gran parte han sido sustituidos por los valores del neoliberalismo: Individualismo posesivo, competitividad y consumo irresponsable. La competencia nos lleva a enfrentarnos al otro y a establecer fronteras físicas, psíquicas y mentales ante él, sea persona o estado. Tendremos que dejar de construir más muros, diluir las fronteras interpersonales y hacernos ingenieros de la solidaridad y la cooperación para tender puentes, para unir pueblos. El cambio de paradigma, para salvar la vida y el planeta, ha de ser muy profundo y ha de prender en la conciencia y en los corazones.

Es tiempo ya de decir basta, de no dejar pasar, por parte de las fuerzas del cambio conscientes ni un minuto más en organizarse a nivel europeo y a nivel global.

Hay en este sentido tímidos movimientos de sectores sociopolíticos de ciudadanía en Europa que habremos de seguir muy de cerca en los próximos tiempos.

Ulrich Beck nos habla de una revolución cosmopolita de signo republicano y llama a los artífices de esta revolución “los hijos de la libertad” que constituirían una comunidad no territorial que luche globalmente por combatir la globalización mediante valores y objetivos cosmopolitas. Organizar estas redes de ciudadanos y ciudadanas sería la herencia más honrosa de aquellos que en los siglos XIX y XX viajaron por el Mundo organizando las Internacionales contra la explotación capitalista.

Antonio Fuertes Esteban
21 de octubre de 2016

jueves, 6 de octubre de 2016

No seais pavos, ni pavas...


Muchas personas son las que siguen pacientes y resignadas ante la pérdida de perspectivas de vida. Predomina el Carpe diem como un mantra del “buen gusto social” como un designio de los dioses que forma parte del magma intempóreo de lo dado, de la fatalidad. Y es que el día a día, todo lo más el semana a semana, se ha convertido en la cadencia significativa de la gestión de lo posible. Muchas son las personas que sobreviven en este sistema dentro de los diversos roles que la ruleta de la fortuna les ha asignado, sin plantearse en ningún momento que la suerte evoluciona según planes de pensamiento, de acción y de re-acción, en el corto y el largo plazo. Sobreviven sin plantearse en ningún momento su contribución en la acción continua de la sociedad por mejorarse y superarse a si misma. Por ello el retroceso social es hoy sistémico y se ha enquistado en todos los rincones del juego de esta aula de parvulario que es hoy la incauta e infeliz sociedad.
Es una gran mayoría la que transita hoy la vida ensimismada con la acción reacción, sin pensamiento social y enfrascada en sus cuitas cotidianas, sin mirar el horizonte apenas y soportando estoicamente la pérdida paulatina de derechos. ¿Dónde quedó la dignidad? ¿Dónde la utopía?

Son gentes que inducen supuestos y confían en ellos:

Confían que la vida no les negará lo esencial, en cuanto a alimentación y techo.

Confían que podrán seguir teniendo acceso a un trabajo.

Confían que seguirán teniendo acceso al sistema de salud cuando lo necesiten.

Confían que podrán tener una escuela pública de calidad que eduque a sus hijos.

Confían en tener una vejez con subsidio de jubilación suficiente y amable.

Confían en tener una alimentación y un medio ambiente saludables.

Confían en unas buenas relaciones internacionales que les ofrezcan seguridad.

Confían en que sus legítimos representantes podrán tomar autónomamente las decisiones más adecuadas en su beneficio.

Confían en el progreso y bienestar de sus comunidades.

En general confían en el mañana, porque el mañana “es el hoy” todo es un absoluto indiferenciado, Carpe diem! 

Tengo una pregunta que hacerles ¿Nos comportamos como los pavos?....

Bertrand Rusell hubiera dicho que sí, que nos comportamos como aquel pavo confiado que según pasan más días, más constatan y se convencen de que el día siguiente el granjero les llevará el grano necesario e inducen día a día que así será el siguiente sin que tengan que realizar ningún esfuerzo para conseguirlo. Inducen esto y confiada y alegremente dirigen sus pasos y sus plumas hacia la puerta del corral cuando la abre el granjero.  Justo, claro, hasta que llega el día de Navidad, ese día son sacrificados y terminan así su periplo inductivo.

El paralelismo con el funcionamiento de muchas personas en el día a día es ostensible. En la vida cotidiana todos hacemos uso de la inducción y para algunos es la única forma posible de razonamiento, deducen así reglas universales apoyándose en los hechos próximos y cotidianos. Se rodean así de un pensamiento inductivo que les da una seguridad psicológica, aunque esta seguridad no haya de ser necesariamente lógica.

Y eso pasa hoy. Aun cuando algunos estén cuestionando científicamente que podamos seguir manteniendo las mismas cuotas de bienestar, disfrutar de la misma armonía del medio y de recursos infinitos, los mismos derechos dada la regresión social y política existente, los mismos recursos económicos y capacidad adquisitiva a pesar la crisis financiera, la misma capacidad para decidir sobre nuestros asuntos a pesar las nuevas directivas de comercio internacional, etc…

Parece como si la mayoría quisieran estar viviendo eternamente el sueño de los justos, aunque este sea el sueño que en Cataluña se llama “el sony d’els beneits” en una palabra de los pavos.

¡Despierta no seas pavo, ni pava! Y mira como, ahora el filo de la cuchilla pende sobre nuestras cabezas, observa anticipadamente lo que te espera y actúa en consecuencia. Verás que para conservar el medio, la democracia y tu bienestar necesitas movilizarte. ¡No seas pavo!

El dia 15 de octubre únete en las calles a todas las personas que en Europa se manifiestan para presionar a nuestros representantes para que se retiren de las conversaciones sobre el CETA, (Tratado de “libre comercio” entre Europa y Canadá) y que no se firme y no sea asumido por las instituciones de la UE ni Canadá. En ello va nuestro futuro. Ya otras veces la ciudadanía movilizada  ha acabado abortando presuntos tratados análogos al actual, como en 1999 con el AMI (Acuerdo multilateral de inversiones). Esta vez de nuevo podemos conseguirlo.

domingo, 2 de octubre de 2016

¿Qué sujeto de cambio social quiere Podemos?






Hay un aspecto en la construcción de alternativa social y política con el que disiento profundamente con Podemos y en el que creo que se equivocan.


Un país europeo desarrollado, con su gran pluralidad de representaciones ideológicas e identitarias, necesita, sobre todo "vestir los posibles sociales de color crítico", ese habría de ser, para mí, el fundamento de la acción política, priorizar el pensamiento y la capacidad crítica de los ciudadanos. 

En su defecto observo cómo lo que se está tratando de construir es otro nodo homogéneo, con capacidad de auto-organización política partidista y que se constituya en otro buque insignia que sea capaz de enfrentarse, en la pugna de la política institucional, a los demás. Podemos obraría así como otra fuerza política más dentro de la llamada democracia liberal de partidos y en su desarrollo, a buen seguro, seguiría el trayecto que han seguido otros grandes partidos, que se constituyeron antes de la democracia como movimientos sociales y que se transformaron en partidos políticos con ella. 

Sin embargo muchos hemos ido comprobando cómo la facticidad de cambio de esta democracia liberal actual ha demostrado tener un tope claro hoy, el de la política internacional, tope fundamental a nivel de decisiones políticas en la actual época de absoluta interdependencia global, en la que no participan los ciudadanos, sino los gobiernos, pero que dichos gobiernos tienen muy limitada su capacidad decisional. 

Cuando Podemos comenzó su andadura fué una bocanada de aire fresco en la vida política de este país, sin embargo, como muchos otros, puede caer en las redes de la política institucional, creyendose que cambiando de gobierno todo cambiará. Todos sabemos que el cambio real no es el cambio político, sino el cambio social, si no que se lo pregunten hoy a Lula o a Maduro. 

El caso es ¿cómo queremos cambiar la sociedad? ¿Cómo nos enfrentamos a la conformación del sujeto de cambio social? 

De la misma forma que la democracia política, para ser posible, tiene que venir avalada desde partidos que ya comiencen a construir la democracia desde su propia democracia interna (lo contrario es un imposible) , el sujeto de cambio plural en una democracia ha de construirse con debate social de cambio dentro de la misma sociedad, con deliberación y sin paisajes homogéneos de construcción cultural crítica. Ha de construirse aprovechando para ello las múltiples expectativas culturales y formativas que proporcionan un sin fin de asociaciones dentro de la sociedad civil auto-organizada hacia el cambio social, hay que dar aire a la sociedad más concienciada. 

Veo a Podemos ensimismado, encerrado en su propio juguete y esto a mi me preocupa y me ocupa. Me preocupa porque, aunque nieguen su práctica populista (que conste que no me preocupa en absoluto de donde vengan, sino lo que hagan, cómo estén orientando su acción práctica) su práctica real de acción cultural y social está tiñéndose con un tinte pretendidamente homogeneizador, como se tiñeron otros movimientos que aterrizaron en populismos adoctrinadores. No hablo aquí de contenido homogeneizador porque Podemos tampoco es homogéneo, al estar en fase de lucha ideológica por el poder, sino de las formas de penetración social que emplea en estos momentos. 

He de dejar claro aquí que yo creo de verdad en la Ilustración, en el sujeto ilustrado como forma de apercepción y apropiación de su vida y desconfío de prácticas comunitaristas de adoctrinamiento secular, que desde el principio, aun sin posiblemente reconocerlo, es más, en ocasiones sin voluntad y posiblemente sin saberlo, acaban conformando movimientos populares teledirigidos por élites pensantes, es decir populismos. 

Cuando veo las prácticas de formación política interna y hacia el exterior de Podemos, dirigidas a la sociedad y percibo cómo la gran mayoría de sus círculos o votantes sólo asisten a estas y no a otras organizadas por un sin fin de asociaciones críticas existentes en la sociedad; no se si los que organizan dichas prácticas se dan cuenta de ello ( supongo que sí) , pero deberían de ser conscientes que, en la práctica, están orientando doctrinariamente quasi exclusivamente la formación de sus votantes. Esto constituye un círculo cerrado de opinión y formación temática a la larga peligroso, pues acaba haciendo a las personas cautivas de un banco formativo específico, como todos sesgado, de formación e información. Acabando con ello con el sujeto crítico y apostando, sin saberlo, por el sujeto acrítico, que puede ser la base posible de desarrollo en ocasiones de fanatismos populistas. 

Hay cientos de asociaciones que durante décadas han sido el soporte ideológico de la crítica a las instituciones políticas del régimen bi-partidista y al sistema en su conjunto, que hoy están siendo vaciadas y fagocitadas, sin quererlo, por una promesa política de futuro desde las instituciones. Promesa que desde el primer momento ha sido providencial, siempre he pensado que Podemos es una bocanada de aire fresco, primero en la sociedad y a porteriori en las instituciones, que ha sido el cortafuegos necesario en la sociedad española a los peligros acechantes de la xenofobia, el bipartidismo, el nacionalismo o la derechización política. Sin embargo, depende cómo enfoque en adelante su acción social, Podemos puede ser el artífice de un cambio real en este país, en lo que atañe a la transformación necesaria del sujeto patrio a sujeto autoculturizado críticamente e ilustrado (para ello habrá que fomentar y apoyar la diversidad de redes de asociaciones del cambio) , o bien puede continuar siendo otro nodo adoctrinador para el pulso social y político con finalidad de prevalencia institucional, que no necesariamente social y dejando de nuevo sumido al sujeto en la minoria de edad propia de un Estado constrictor y no emancipador. 

Es por otra parte patente, cómo hace tiempo que el pugilato político acapara la totalidad de la opinión pública y publicada de las españas. No se si es algo querido desde el Poder, pero a buen seguro que le beneficia, pues todos podemos ver cómo las calles se han vaciado de protesta y no es sólamente por la ley Mordaza (algo habrá tenido que ver el declive de las asociaciones y movimientos sociales desde el post 11M, especialmente desde el vaciamiento por deriva hacia los partidos de la nueva política e instituciones), eso no cuela el vaciamiento de las calles no es por represión sino por dilución del eje social. Ha habido una deriva de fervor institucional, de esperanza ( últimamente ya desesperanzándose o lo que es más patético re-esperanzándose con líderes de cartón piedra vestidos de color rojo por conveniencia, como el caso de Pedro Sánchez) en el cambio de representantes y delegado de nuevo en ellos nuestro futuro. 

Nadie ha pensado desde las "alturas de miras políticas" que la sociedad organizada en nodos de contrapoder, no habría de ser un cliente al que arrastrar electoralmente o comprar, sino un sujeto político del mundo de la vida, la que transitan desde hace miles de años los ciudadanos y ciudadanas y que estas asociaciones son imprescindibles en el cambio político, a veces ponen y quitan reyes, otras les hacen que se vistan de plumas coloreadas o se desvistan, pero siempre han sido y son necesarias para que el cambio real, el de la vida de los de a pié, sea posible. No pensar en ello, claro, tiene el peligro del populismo o en su defecto del elitismo. 

 El papel de los partidos ante la sociedad habría de consistir fundamentalmente en elaborar cartas de principios, programas y hojas de ruta y someterlos al favor ciudadano. Lo contrario puede llevar efectivamentea a populismos o partitocracias varias. Y, en el extremo, a sociedades comunitaristas axfisiantes regidas desde el poder politico, todos sabemos poner nombre a eso. 

¿Cual es el sujeto de cambio? a mi me gustaría que fuera la sociedad ilustrada y plural. 

Antonio Fuertes Esteban 
1 de noviembre de 2016

miércoles, 27 de julio de 2016

Fe religiosa versus fe cívica





La fe religiosa construyó e instauró templos de encuentro, quizá esos templos han sido durante siglos los nodos de una globalización, la de los creyentes, ocupados en interpretar la palabra de Dios a través de las doctrinas de fe reveladas. Sin embargo estos templos estuvieron vetados a los librepensadores, a los que dudaban, a los diferentes que hicieron avanzar al Mundo. Para todos ellos especialmente en la Edad Media se instauró el Santo Oficio.

He de reconocer a los apóstoles, heraldos y predicadores de la religión la gran inteligencia de haberse sabido mimetizar en todos los rincones, domus y villas del Planeta, permeando y dominando catecúmena y moralmente la opinión pública, mediante un mensaje, ora de paz, ora de guerra, pero siempre adaptado a los deseos y expectativas imperantes. Desde que se ganaron para sí a tribunos y nobles en Roma con Diocleciano, Constantino y Teodosio finalmente, constituyéndose en la doctrina oficial del Imperio y de Occidente hasta hoy en la posteridad, los ministros de Dios en la tierra siempre han sabido mantener su posición al sol que más calienta y utilizado la fuerza de la corriente en su beneficio. Por más que nos prometan mundos nuevos aquí, o en el más allá, despachan continuamente con el Poder.

Las doctrinas religiosas siempre han tenido un pie bien asentado en las ansias de “salvación humana” y los gurus de la tribu religiosa siempre han sido expertos en interpretar los caminos de “salvación”. Esta salvación que en cada época se conjugaba en verbos comunitarios, en la salvación de pueblos concretos, por la fe de la paloma o por la fe de las armas, la defensa o la conquista. Hasta hoy eso siempre ha sido así, la religión pretende universalismo, pero mantiene en la “parroquia” comunitaria su apuesta concreta. En cuanto al catolicismo, religión y nacionalismo siempre se han llevado muy bien y si no que se lo pregunten a los curas delatores de rojos durante y después de la Guerra Civil, a los que desde parroquias y órdenes religiosas del País Vasco lanzaron con su soporte a ETA, o a un gran elenco de políticos nacionalistas en Cataluña surgidos al calor de las juventudes católicas. En general que se lo pregunten al nacional-catolicismo, sea español, catalán o vasco.

No hay más cielos que aquellos que los y las creyentes pueden imaginar y bien sabemos que la imaginación siempre se asienta en este Mundo. La imaginación nos aproxima a la felicidad, hecha a nuestra medida y ese paisaje muchos lo llaman cielo.

Nadie volvió del “más allá” para decirnos que nuestra fe es real, ni la verdadera, siempre hemos sido nosotros, con urdimbres terrenales, los que hemos creado a nuestros dioses y no al contrario. Los agnósticos solo creemos lo que somos capaces de contrastar con los prismáticos de la razón. No nos mueve la fe religiosa pues no se puede percibir por los sentidos su fundamento. De la misma manera que no podemos llegar por la razón a la existencia de un Dios primigenio fundador, de un último principio fundamento y creador de todo el universo conocido y del posible desconocido ¿Porqué nos íbamos pues a alinear con una línea de pensamiento teológica?

¡No! Mi fe es de este Mundo, soy una persona mundana en el más amplio sentido de la palabra. Mundano, de mundanal, que ha sido utilizado a menudo eufemísticamente como sinónimo de ordinario o despreciable por las élites nobles u oligárquicas, o bien de pecado para la jerarquía católica. Me enojan los filibusteros de las creencias religiosas, depositarios de una “verdad” de fe revelada con la que dirigen y engañan la voluntad y la vida de la gente. Mi fe es cívica y se basa en la fe del poeta “Creo en el hombre. He visto espaldas astilladas a trallazos, almas cegadas avanzando a brincos, españas a caballo del dolor y del hambre, he visto y he creído”. ¡Existe una fe cívica! ¡Creo en una fe cívica! y solo la comunión profunda con lo mundano puede originar esa fe necesaria para cambiar el mundo. ” Y he tomado partido, partido hasta mancharme”.
A diferencia de las religiones, que históricamente han basado su impulso y legitimidad en una fe externa a la existencia humana, la fe de “los propios”, aquella en la que creo y me apoyo, hunde sus raíces en la profusa y remota necesidad de convivencia como bien intrínseco, en sí mismo y no marcado por ningún principio superior e irrefutable.

Podemos decir que la fe religiosa y la fe civica son compatibles, pero también, sin riesgo a equivocarnos, que la fe religiosa ha sido siempre la venda permanente para aguantar cristianamente profundas heridas existenciales. La religión ha servido en la historia, como mínimo, como cataplasma para soportar sin rebelarse el dolor y la ignominia. También, su desarrollo en las clases populares, nos explica en parte esa especie de anomia social de los “humildes”, aquella anomia por la que Etienne de La Boetie escribió su ” Discurso sobre la servidumbre voluntaria” En la que se pregunta el por qué los más se subordinan siempre a los menos.

Personalmente me produce una gran desazón comprobar cómo, aún hoy, personas inteligentes profesan, e incluso practican creencias religiosas. Parece que crean que solo lo espiritual les puede salvar. Pero en esto confunden el término espiritualidad, como si la espiritualidad fuera deudora de las religiones. Como si unas religiones fundamentadas en supercherías diversas, aderezadas con aspiraciones de poder terrenal y con una historia cargada de luchas fraticidas pudieran, aún hoy, guiar nuestros pasos espirituales. Al final me temo que todo es fruto de un cierto seguidismo cultural de tradiciones heredadas y sin fundamento, una visión cómoda de estar en el mundo.Son gente bien asentada en su comunidad y que posiblemente quieren influir sobre ella, aceptando sus mitos, ritos y banalidades. Dudo mucho que así puedan cambiar profundamente ni la existencia, ni la espiritualidad auténtica de sus sociedades.

Es necesario el despertar ciudadano, más allá de la revuelta necesaria, el despertar de una nueva fe cívica que vuelva a poner a la humanidad, como especie, en armonía entre iguales y con el planeta. Un nuevo ideal de emancipación más allá de religiones, naciones, e intereses económicos. Un ideal de ciudadanía universal y ello es posible a pesar de la diversidad, ya que si ponemos el acento en lo que une a las ideologías emancipadoras, no es sino la lucha contra la opresión y dominación de unos/as sobre otros/as.

¡Que resurja la fe cívica y que mueva montañas!



Antonio Fuertes Esteban


27 julio 2016
Revisión y reformulación de un artículo anterior

viernes, 10 de junio de 2016

Defendamos la democracia contra el golpe de Estado de los poderes financieros






ATTAC Acordem



Estamos viviendo un momento histórico de emergencia social y política, que hace urgente y necesaria la movilización ciudadana. Ha llegado la hora de que la ciudadanía en pleno recapitule y valore lo que ha venido desarrollándose en la vida económica, social y política durante las últimas décadas, para extraer consecuencias que orienten el sentido de su acción.

La crisis actual del capitalismo se conformó, durante décadas, al calor de la hipertrofia y descontrol de los mercados financieros globalizados. Mercados en que las empresas y los capitales gozaron de absoluta libertad de movimientos, apenas sujetos a normas orientadas al bien común y casi exclusivamente buscando el beneficio a corto plazo.

Las consecuencias han sido, la progresiva privatización y oligopolización del sistema financiero y de la creación de moneda a través de la titulización, el desarrollo de grandes bolsas de deuda y el crecimiento espectacular de la deuda pública para absorber la deuda privada de los bancos expuestos a la quiebra y una economía de marcado carácter antisocial y especulativo. Dicha economía especulativa está apalancada en los paraísos fiscales offshore - que constituyen al mismo tiempo las termitas de los sistemas fiscales y el principal instrumento de la corrupción social, empresarial y política - así como también apalancada en un mercado internacional desregulado y de alta frecuencia. Todo ello favorece la especulación sobre todo tipo de activos y además sin cargas impositivas. Los paraísos fiscales crean al mismo tiempo competencia y dumping fiscal, suponiendo ello que los estados reduzcan sus bases y tipos impositivos sobre el capital y que las cargas fiscales del mantenimiento del sistema de bienestar recaigan mayoritariamente sobre las rentas del trabajo.

La crisis financiera, no fue producto del azar, sino de un conjunto de medidas político-legislativas de carácter oligárquico, conservador y económicamente neoliberales. Esta crisis pronto se trasladó al conjunto de la economía y de la sociedad. La ciudadanía ha podido constatar cómo las medidas políticas que han tomado los gobiernos ante la crisis, no han tenido como finalidad paliar los efectos de la crisis sobre las personas, sino salvar a los bancos y la economía especulativa. De aquí que esta crisis en su conjunto haya sido una gran estafa, que ha supuesto un gran crecimiento del paro, la desigualdad y la pobreza a nivel mundial.

Debido a las políticas económicas que nos han sumergido en la crisis, los avances sociales y democráticos que se conquistaron en la Europa de post-Guerra están sufriendo una profunda involución. Mientras los trabajadores pierden derechos laborales, el paro aumenta debido a la crisis y al desarrollo tecnológico, constituyendo un gran “ejercito de reserva” que  retroalimenta la precariedad y el dumping laboral. Mientras los servicios y prestaciones públicas son recortados, aumentan los multimillonarios y las corporaciones reparten sustanciosos dividendos. Mientras salir de esta situación crítica haría necesaria la participación de la ciudadanía, la voluntad popular es constreñida y amordazada legislativamente por las oligarquías políticas y secuestrada desde los grandes medios de comunicación.

Los mercados financieros especulan sobre los desastres que causa el cambio climático. Jugar con los desastres naturales futuros para garantizar un buen rendimiento, cuando los mercados de valores son inestables, se ha convertido en la última moda entre los aseguradores y financieros. Ante el aumento de los costos de los seguros, las aseguradoras se han dado cuenta de que el cambio climático está aumentando el número y la intensidad de los desastres naturales y tratan de diversificar y aumentar sus recursos financieros derivados. 

Las matemáticas financieras no son sin embargo capaces de tomar en consideración la naturaleza inmensa y dramática de los riesgos relacionados con los desastres climáticos y el sistema financiero global no es suficiente para garantizar la estabilidad, consistencia y resistencia frente a un riesgo sistémico de esta magnitud. Bienvenidos al mundo de los bonos de catástrofe, las inversiones en desastre.

Mientras, Europa asienta un golpe definitivo a sus pretendidos principios de solidaridad y a sus leyes, cerrando fronteras al refugio y la inmigración procedentes de la pobreza, epidemias o guerras. La idea de Europa vive hoy una situación de emergencia, cuando los propios valores y fundamentos que la justificaban tras la post-Guerra, hace tiempo desaparecieron hasta no quedar rastro. Se nos está mostrando la desnuda y cruda realidad de la proclamada construcción europea y de su democracia, una nuez en la que permanece la cáscara, pero en que su corazón hace tiempo se está pudriendo. Hoy están en juego la democracia, el Estado de derecho, e incluso el gran pilar político en que se asienta el liberalismo democrático, “el imperio de la ley” 

Siempre supimos que, en el sistema capitalista, el Estado es un instrumento al servicio del capital, no obstante el llamado Estado social y democrático de derecho de la Europa de la post-guerra, se constituyó como un gran pacto social entre las fuerzas del capital y del trabajo. Hoy, con la crisis, constatamos cómo los poderes económicos han roto unilateralmente este pacto social. Los principios y normas democráticas están siendo atacados y burlados por los poderes económicos, que están vaciando al Estado y sus instituciones como depositarios de la soberanía popular y convirtiendo el proyecto democrático en una entelequia. Y son organismos internacionales no elegidos democráticamente como el FMI, el BM, la OMC, la OCDE, el G-20 o el Consejo Europeo, quienes avalan esta pérdida de poder de los estados frente a las grandes corporaciones. 

Hay que atreverse a decir claro y alto que las corporaciones hace tiempo que están dando un golpe de estado a la democracia en Europa y esto con el apoyo de los organismos financieros internacionales y de una mayoría de gobiernos cómplices o siervos. Esto es así cuando tratados como el TTIP, TISA o CETA pretenden anular el ejercicio de la voluntad popular y suplantarlo por la dictadura de las corporaciones. O cuando estas mismas corporaciones y grandes fortunas burlan sus obligaciones para con las haciendas públicas por medio de los paraísos fiscales. O cuando el interés de los bancos pasa por delante de las necesidades sociales de los más vulnerables. Ante todo ello podemos tener por seguro que cuando los estados han rendido sus armas al capital, ha llegado la hora de la ciudadanía.

Cada vez resulta más necesaria y apremiante la convergencia de los, hoy dispersos, movimientos sociales, organizaciones sindicales re-formuladas de lastres sistémicos y de todas las fuerzas políticas contrarias al neoliberalismo. Hemos de derribar las murallas de insolidaridad que la Europa del capital ha levantado. Habremos de organizarnos y movilizarnos políticamente para ir articulando un movimiento europeo en defensa de la democracia que sea el germen de la necesaria revuelta cívica ante este estado de cosas. Para ello sería necesaria la convergencia de las luchas existentes: Por el medio ambiente, mareas, sindicales y derecho al trabajo, derecho a la vivienda, tratados de libre comercio, justicia fiscal, deuda, 28 M,….etc, bajo la bandera de un amplio movimiento popular en los estados de Europa, que la defienda de los ataques del capital y de las fuerzas conservadoras y abra la puerta a otra Europa posible.

Hemos de ir fraguando la unión de los movimientos socio-políticos transfronterizos, urdiendo espacios de encuentro y de construcción política de ciudadanía europea. Habremos de oponernos sin paliativos al actual entramado oligárquico europeo. Habremos de unirnos para constituir la Nueva Resistencia, la resistencia democrática ante el avance dictatorial de los mercados financieros con la complicidad o pasividad de los gobiernos de turno en Europa, que nos embarcaron en esta travesía de pesadilla llamada Unión Europea. La unión de los pueblos de Europa solo puede construirse de forma democrática, social, ambiental y solidaria hacia el Mundo.

Pero para construir esta fuerza de resistencia, no podemos hacerlo sin superar los egoísmos partidistas. La Resistencia se fragua con res pública y ciudadanía política, con proyecto político frente-populista e internacional. Si la palanca de esta resistencia habría de constituirse unitaria e internacional, el enemigo al que combatir ha de de-construirse negando y atacando sus fundamentos, que son los instrumentos erigidos en pos del beneficio económico a costa de nuestra democracia, de nuestros derechos y de nuestra vida. Al mismo tiempo que generando alternativas económicas democráticas, justas, ambientales y solidarias.

En este sentido, hay que ir torpedeando con argumentos sólidos y movilización con fundamento los buques insignia del entramado oligárquico que nos trata de esclavizar. Y, siendo siempre proactivos, el proyecto anti-oligárquico y democrático hoy, tiene como retos: 

Planificar la supervisión y control de los mercados financieros y de sus instituciones.
Regular la circulación irrestricta de capitales.
Proclamar la necesidad de disponer de unos bancos centrales públicos, al servicio del pueblo y no de la banca internacional.
Cuestionar la emisión privada de moneda por los bancos.
Luchar por ir recuperando el bien común público que significan las finanzas, ello mediante una banca pública, ética y con control social.
Exigir la separación de la banca privada comercial y la financiera.
Acabar con los paraísos fiscales e implantar un impuesto a las transacciones financieras internacionales.
Abrir paso a una fiscalidad justa, ambiental y solidaria.
Lograr abrir el proceso a una auditoría de la deuda y al impago de la ilegítima.
Proclamar nuestra absoluta oposición a los eufemísticamente llamados acuerdos de libre comercio: TTIP, TISA, CETA,.., otros.
Y finalmente, importantísimo. Luchar por la reducción del tiempo de trabajo para que el derecho al trabajo digno sea efectivo y así acabar con el “ejército de reserva de trabajadores en paro” que es la mayor arma del capital contra los trabajadores y trabajadoras.

Un proyecto ciudadano haría bien en considerar la lucha por la democratización de la economía y las finanzas como su primer objetivo, y las organizaciones políticas y sindicales por el cambio harían bien en mostrar el camino hacia la consecución de derechos, que no es otro sino el cambio del sistema económico actual, ya que ningún logro social será posible si no cuestionamos de raíz los instrumentos económicos que el capital tiene para dominarnos, vulnerar derechos y someternos.