domingo, 10 de mayo de 2015

Conquistemos la Europa de la ciudadanía. Un proyecto europeo contra la Hidra Global





Me hallo entre los defensores del europeísmo. Reivindico la visión de una Europa social, democrática y solidaria, como aquél proyecto de ciudadanía continental que llevó, a las clases trabajadoras y a la resistencia después de la 2ª Guerra mundial, a desear con todas sus fuerzas dejar en el trastero de la Historia y de una vez por todas las conflagraciones nacionalistas, que dejaron una profunda huella de odio e insolidaridad en el Continente. Por estos motivos estoy en contra de la construcción real de la llamada “Unión” Europea, que nos ha sido dada desde un proyecto, paradójicamente, competitivo capitalista en todos sus tratados (desde los de Roma en 1957, hasta el de Lisboa en vigor desde 2009). Por supuesto el TTIP, de producirse, sería un avance más y una vuelta de tuerca del capitalismo global para atornillar su proyecto oligárquico de dominación.

Quiero creer que es posible la Europa de los ciudadanos y ciudadanas por la que muchos salimos a las calles a comienzos de siglo, esa Europa con la que soñaron nuestros padres y abuelos después de la Segunda gran Guerra, que la arrasó dejando más de 50 millones de muertos. No obstante también me invade la desesperanza y soy muy consciente de que a día de hoy predecir una Europa futura que merezca la pena, es, cuando menos improbable. No será fácil, en primer lugar porque ante el fracaso social, económico y político de un proyecto no-común, competitivo, insolidario, de dos velocidades y también cada vez más dependiente del proyecto de la oligarquía financiera global, se percibe el fracaso europeo. Ante este fracaso muchos reaccionan, para mí utilizando irreflexivamente un instinto primitivo, con un deseo de implosión para Europa, de desvinculación de este proyecto y retorno a las fronteras nacionales, como si estas fueran impermeables y pudieran constituir un refugio contra los designios imperiales. O sea una vuelta al pasado anterior a las dos grandes Guerras Mundiales. Craso error que pagaríamos caro, ya que no por eso en un Mundo interdependientemente global, íbamos a dejar de estar sujetos unos a otros en un marco, ahora, de competencia global y sin reglas de ningún tipo. Así sería, sólo que esta vez la vuelta de las antiguas fronteras físicas supondría la frustración de un proyecto compartido, más fronteras psíquicas y muy posiblemente la vuelta acelerada de los nacionalismos y estigmas xenófobos. Considero que a pesar de su desarrollo actual, los movimientos xenófobos y anti-insolidarios en Europa, se incrementarían y estallarían con el desguace del proyecto europeo.

El auténtico problema es que, cuando el Mercado fundamentalista está imponiendo su proyecto sempiterno del dinero en contra del Estado (como Estado social y político no como Estado represor que le sirve de avance y del que se sirve como se ha demostrado) y de la Sociedad (o sea de los ciudadanos), a las personas sólo nos cabe una salida ante este avance del proyecto plutocrático del dinero, esta consiste en estrechar, más allá de las fronteras que nos han impuesto, los lazos de solidaridad y de proyecto compartido. Más teniendo en cuenta que cuando los gobiernos han rendido sus armas ante el capital, la época actual en lo que atañe a la lucha por los derechos, corresponde íntegramente a los ciudadanos y ciudadanas.

Esto no se consigue defendiendo el encerrarnos en fronteras o creando nuevas, esto solo se puede conseguir avanzando en solidaridad, creando redes y movimientos internacionales que puedan confrontarse al sistema. Un proyecto de unión social y solidario de la gente dentro del nuevo campo de batalla que la Globalización de signo capitalista ha creado contra la propia gente, dentro del campo de batalla global y más allá de las fronteras, que únicamente han servido y siguen sirviendo para hacer efectivo el deseo de los imperios de mantener proyectos separados y en competencia unos con otros, el "divide et impera" imperial.

El proyecto histórico de la Humanidad ha encontrado, hasta ahora, su forma de estructuración y progreso material, que no humano, desde la perspectiva próxima y controlable por las unidades sociales y políticas sucesivas en el tiempo. Primero por la sociedad familiar, luego el clan, la tribu, las antiguas monarquías, las ciudades Estado, los feudos, las naciones o los Estados modernos. Sin embargo el avance de la tecnología y muy especialmente de las comunicaciones, ha significado la evolución hacia un modelo-Mundo asociado ya ineluctablemente en su devenir al globalismo (no confundir con globalización) e insoslayablemente interdependiente, que ya no volverá atrás en su proceso de interdependencia global, a no ser por una catástrofe.

Pero hoy ya muchos presienten que la catástrofe llama a la puerta de pueblos y continentes, que mirándose en el ombligo comunitario inmediato de pertenencia, no abordan el único proyecto que puede hoy salvar a la humanidad y al planeta del avance, hasta hoy humillante, de los guerreros de la codicia y de la insolidaridad. Salvarlo de aquellos que, apalancándose en los estados nacionales, establecen inmunemente las normas que generan su propio beneficio y acumulación obscena de la riqueza, al mismo tiempo que el desposeimiento e impotencia de la ciudadanía mundial.

Es apremiante crear conciencia de ciudadanía interdependiente global y algunas personas se preguntarán ¿Existe ciudadanía mundial? Si obviamente existe, es esa ciudadanía aquí y allende los mares que día a día es, como decía nuestro querido Eduardo Galeano, humillada, ninguneada, explotada, zaherida, confrontada... Los nadies, la gente común. Solo cuando la gente común asuma a partir de ahora su estar como sujeto en este Mundo, solo cuando luche por un proyecto-Mundo compartido, internacionalista y solidario - en el campo de batalla global establecido por los señores de la guerra- habrá esperanza. Es por ello que los actores que desde la sociedad movilizada o desde las organizaciones sindicales o políticas pretendan abanderar proyectos de cambio y de empoderamiento ciudadano y/o político habrán de consentir en compartir el campo de juego ciudadano y/o político con otros actores de otras demarcaciones territoriales, no solo desde el internacionalismo solidario, sino cada vez más desde el proyecto de convergencia hacia lo común, de forma federada social y territorialmente. La ciudadanía mundial, en sí, existe, pasar a ser ciudadanía para sí, depende de que sea capaz de asumir la inoperancia de los proyectos nacionales frente al capitalismo global y que dé pasos para organizarse internacionalmente. Que sea capaz de, caminando, ir construyendo un proyecto de bien común global que ilusione más allá de las fronteras.

Traslademos nuestro campo de batalla ciudadano al campo real, que es el que nos ha establecido el capitalismo global: el sistema-Mundo. Contra más tardemos en darnos cuenta de que no podemos establecer más fronteras, sino que hemos de ir de-construyendo la terrible realidad que nos han trazado gobiernos y capitales, más profundizará su garra el estigma de la destrucción social y del planeta sobre nuestras cabezas. Tenemos un gran reto y es marcarnos un proyecto ciudadano compartido que necesariamente ha de ir diluyendo las barreras territoriales, psíquicas y étnicas que nos atenazan.

Es cierto que la Europa actual es elitista, desigual, injusta, no democrática e insolidaria dentro de ella, entre la Europa del “norte” y la del “sur”, e insolidaria con los países del sur del mediterráneo. Motivo que nos debe hacer pensar si sirve para establecer en un futuro un proyecto de ciudadanía. La respuesta obvia es que no nos sirve, pero como ya hemos dicho, tampoco nos sirve replegarnos en los Estados nación, los riesgos que esto tendría son difíciles de prever. El reto es ganar Europa para el proyecto de ciudadanía, como escalón necesario para asentar un pilar importante en la construcción de un proyecto global más humano. La extensión del proyecto democrático, social y humanista a escala global.

Estoy absolutamente convencido de que la salida retro del marco Europeo por los estados no traerá nada mejor. Es por ello que como a aquel héroe que ayudo a crear el mito europeo, Heracles, al pueblo solo le queda una salida, creer y perseguir el mito como utopía. La utopía de una Europa de los ciudadanos y no del capital. Se necesita un nuevo Hércules colectivo, un Hércules ciudadano. Vuelven lo héroes y los mitos, pero ahora serán colectivos.

Regresar a las demarcaciones étnicas para combatir a la Hidra de las 28 cabezas en este momento, que como es conocido tiene el corazón, desde después de la Gran Guerra, en el otro lado del Atlántico, solo es posible combatiendo al mismo tiempo las 28 cabezas, pues si nos centramos en una sola de ellas, como en el caso griego - la menos peligrosa - deja nuestro cuerpo expuesto a la mordida de cualquiera de las otras 27. Cuando la Hidra Global del S.XXI ataca, lo hace desplegando todas sus armas, potencia, triquiñuelas y capacidad de división, enfrentamiento entre sus víctimas y seducción al mismo tiempo. Acabar con su tiránico dominio enfrentándose a ella es un esfuerzo titánico, heracleo, pero hoy necesario en un campo de batalla global. El deber de los pocos conscientes del reto que significa hoy vencer a la Hidra Global, es concienciar a las sociedades de que solo tenemos una forma de enfrentarnos a ella con alguna posibilidad. La Hidra global multiplica por miles el poder de la hidra clásica, ya que durante milenios ha estado fagocitando el poder económico y también el político. Sólo atacándola sincronizadamente, sumando fuerzas y desde las distintas partes del Globo donde asienta su dominio, será posible herirla de muerte. 

La lucha contra la Hidra Global ha de ser a dos niveles complementarios: 1.- Recuperando la política, hoy sometida a la gestión de los servidores de sus designios, que habrían de ser servidores de la ciudadanía. 2- Afilando las conciencias ciudadanas en todos los lugares mediante un proyecto de ciudadanía democrática, solidaria, ambiental cosmopolita, inclusiva y global. Crear conciencia ciudadana para sí, hoy conlleva argüir los riesgos globales y promover los valores para superarlos. Uno de ellos es la necesidad de ir creando el clima ciudadano necesario para conformar un cuerpo social que sistemáticamente actúe diluyendo las fronteras insalvables, creadas desde etnicidades e intereses nacionales varios. Si no hay conciencia de que las fronteras presentes o futuras han de ser permeables a la ciudadanía cosmopolita y han de permitir un proyecto social y global, estas serán una barrera insalvable para la democracia. Si concedemos a estas fronteras el rango supremo para articular la ciudadanía, esto creará, cultivará y reproducirá las condiciones precisas para estimular las fronteras mentales, estaremos dando poder a la Hidra Global, esa Hidra que ha secuestrado por segunda vez a Europa.

Es hora de ir avanzando en la convergencia ciudadana, de coser y armonizar proyectos, de hacer política desde la ciudadanía, con la visión entregada a lograr fundir todos los esfuerzos en la creación de una nueva gran internacional, esta vez la definitiva internacional humana, volver la vista atrás nos convertirá en “estatuas de sal”.

Antonio Fuertes Esteban
Barcelona, 9 de mayo de 2015