domingo, 16 de octubre de 2011

La república ciudadana y la política



“Temo que esta generación de políticos de izquierda esté perdida (No tienen rabia, no sufren, no tienen hambre, no han sido perseguidos. Parte de ellos son hijos de la globalización favorecida y nunca han sentido en sus carnes pertenecer a las clases oprimidas y siempre desfavorecidas) y deseo que las generaciones que están despertando con este movimiento social tomen las riendas y presionen para que haya una renovación que posibilite hacer frente al neoliberalismo desde los escaños”
A mi amiga Patri que nos ha regalado estas sentidas y fundadas palabras.
Antonio Fuertes Esteban. Coordinador de ATTAC Acordem

El 15 de octubre de 2011 ha constituido una segunda etapa necesaria dentro del movimiento de indignación contra el sistema global. La revuelta contra la dictadura económica y por ende política de los mercados, comienza este día a tomar arraigo alrededor del Mundo, como respuesta de la ciudadanía ante los abusos y desmanes del capital financiero internacional. Millones de personas han expresado en la calle su rechazo a las políticas neoliberales en cientos de ciudades del globo, recordando que las autoridades políticas electas no representan hoy al pueblo, sino a los intereses de los poderosos, capital financiero y grandes corporaciones transnacionales.

La democracia, que había de ser el gobierno del pueblo y para el pueblo, se ha constituido en pura forma, pura imagen. Su esencia republicana de libertad, igualdad y fraternidad ha desaparecido de la faz social y política, secuestrada por una economía que no está al servicio de las personas, sino de los poderes económicos en pocas manos. En ATTAC hace 14 años que llamamos ya a la ciudadanía a enfrentarse a la dictadura real de los mercados financieros, es por este motivo que el nuevo movimiento que se está extendiendo por el Mundo nos llena de esperanza y de fe cívica en la ciudadanía y en la lucha global.

Una lucha que, no dudamos, necesariamente se irá abriendo camino en el sentimiento y en la voluntad de las personas. Personas que está viendo como las decisiones fundamentales las están tomando instituciones financieras internacionales, G-20 y empresas a las que no han votado. Decisiones que toman por mano de los gobiernos, hoy a su servicio, y en contra de la gran mayoría, recortando derechos democráticos adquiridos y fundamentales para la sociedad, para el planeta y para las futuras generaciones.

Es la constatación generalizada de este gobierno tiránico del dinero, que se ha hecho gobierno global traspasando fronteras al liberalizarse los mercados de capital y de cambio, y la acentuación progresiva de la brecha social entre pocos favorecidos por la globalización capitalista y la gran mayoría de perdedores, la que está asentando las bases del nuevo movimiento ciudadano emergente. Movimiento necesariamente asentado en problemas locales, pero que ha de enfrentarse al poder del dinero con estrategias locales y también ahora necesariamente globales.

El movimiento ciudadano, de resistencia global generalizada contra el fundamentalismo de mercado, justo comienza su prometedora andadura. Se irá construyendo paso a paso, país a país, golpe a golpe, aprendiendo y re-interpretándose a sí mismo. Su prevalencia social comunitaria y en las redes sociales es imprescindible. Es necesario que emita mensajes y alternativas de futuro a toda la sociedad, para que la sociedad sienta que hay un camino posible y transitable hacia el buen vivir, un camino democrático y opuesto a los cantos de sirena de fascismos, vías xenófobas y populismos con líderes carismáticos varios, a los cuales habrá que enfrentarse.

Este movimiento ciudadano, desde el principio tiene varios retos políticos:

El primer reto será organizarse colectivamente e implantarse como movimiento ciudadano permanente y consolidado y capaz de representar la pluralidad de vivencias, necesidades y expectativas de cambio. Para ello solo tiene que interrogarse por cuales son las políticas que de forma global están constituyendo una regresión en el desarrollo de los pueblos desde hace 3 décadas. La respuesta es clara son las políticas neoliberales, que han conseguido que el mercado sea la única fuerza que marca las prioridades políticas, ello en detrimento de los estados y de las sociedades. Y una vez clarificado este hecho, la ciudadanía ha de buscar la forma de combatir el poder ciclópeo del mercado.

El segundo reto, después de constituirse en fuerza de presión reivindicativa global, será organizarse como sujeto político para valorar la situación sistémica y elaborar un programa político mínimo, en el que se enumeren un conjunto de alternativas globales de consenso, y un conjunto de alternativas locales o regionales, y siempre teniendo en cuenta las prioridades y los procesos secuenciales necesarios. Ambas han de articular y nutrir las movilizaciones ciudadanas.

En tercer lugar hay que tener en cuenta que, es necesario pensar en la necesidad de un frente político y social fuerte y no fragmentado que represente los intereses del movimiento emergente y que pueda acceder a la toma de decisiones en democracia mediante organizaciones políticas populares en los diversos países. Un movimiento organizado y con claras alternativas políticas capaces de revertir la antisocial y anti-ecológica globalización neoliberal.

Este tipo de organización política no está resuelto hoy día a nivel global y apenas a nivel local. No existen, en la mayoría de países, fuerzas políticas capaces hoy de representar este movimiento ciudadano, con los programas y solvencia necesarios para conseguir representación mayoritaria en las democracias actuales y que puedan implantar programas que reviertan las políticas neoliberales de las últimas décadas en el mundo.

La perspectiva socialdemócrata en Europa sucumbió mayoritariamente al social-liberalismo anglosajón y en nuestro continente hay que plantearse construir la rama política del movimiento ciudadano de liberación global con los restos del naufragio de la izquierda y los nuevos aportes políticos del propio movimiento ciudadano, así como con las nuevas alternativas plurales sociales y/o ecologistas que surgen frente a las políticas neoliberales.

Sin embargo la necesidad de una fuerza de progreso y anti-neoliberal, capaz de aglutinar una masa social de electores suficiente, se ve hoy frustrada en nuestro país, por la fragmentación partidista de las izquierdas, tan plurales como ineficientes y perdedoras ante la derecha del PP y ahora del PSOE, también defensor de las políticas neoliberales. La fragmentación partidista de los partidos que dicen buscar la emancipación enfrentándose al sistema, es la mejor arma que tienen los poderes conservadores y financieros para seguir gobernando siglos, y además paradójicamente diciendo que les legitiman las urnas. Por eso hoy hace falta en muchos países la unión de todas las fuerzas políticas y sociales que de forma clara y seria (no solo ideológicamente) pretendan enfrentarse al gran poder del dinero.

Nuestro solvente y esperanzador movimiento del 15 M no tiene una transcripción político-representativa en este momento. Hay quienes votarán a diversos partidos fragmentados, fundamentalmente a la izquierda del PSOE. También una buena parte de desafectos a las elecciones, que no acaban de motivarse para el voto. El voto anti-sistema se pierde o se fragmenta, ante el regocijo de conservadores y neoliberales.

Articular las resistencias electoralmente, es necesario si pretendemos que nuestra legitimidad como movimiento tenga poder político representativo y por lo tanto para cambiar políticas reaccionarias por políticas sustancialmente sociales, ecológicas y democráticas. Pero el interés personal, el protagonismo, el sectarismo o los diversos radicalismos ideológicos absolutamente minoritarios se mezclan en el crisol multicolor de las izquierdas plurales actuales, dando como resultado más confusión y desafección ciudadana, especialmente en el plural mercado del voto de la izquierda, cada vez más desraizada de la calle, de los problemas de la gente y sofisticada.

Al sistema solo se le puede vencer con unidad popular, la actual disgregación del voto del pueblo es descorazonador y la tumba anticipada del estado social. Por ello recuperar el pensamiento republicano es necesario para la izquierda. Un movimiento ciudadano potente ha de tener un servidor público dispuesto a promover el bien común. Para ello solo hay una salida capaz de volver a entusiasmar a los desafectos para volver a votar, un frente político y social popular que concurra unido a las elecciones, ya serán las del 2015, estas las tenemos perdidas. Ciudadanas y ciudadanos, exigir unidad popular, es la única forma de defender los derechos sociales y de instaurar políticas auténticamente democráticas a través de una reforma republicana de nuestra constitución. Ello al mismo tiempo que, desde auténticos servidores del pueblo, se promuevan políticas para contener y revertir las políticas neoliberales globales.

¡Unidad republicana o servidumbre voluntaria!

Antonio Fuertes Esteban

16/10/2011