domingo, 18 de abril de 2010

El estado de la res publica: La tiranía del poder financiero (1)



Antonio Fuertes Esteban

ATTAC ACORDEM


El acierto de la organización internacional ATTAC en el diagnóstico de la actual globalización fue, desde sus orígenes en 1998, hacer énfasis en sus análisis en el gran riesgo que supone para la economía y las sociedades el descontrol generalizado de los mercados de capital, o sea el desgobierno de las finanzas actuando libremente alrededor del globo sin la más mínima regulación ni control.

Los hechos socioeconómicos concretos que por entonces habían preocupado a la comunidad internacional fueron las crisis económicas alimentadas por estos mercados financieros desregulados y que tienen su epicentro en México (1994), sureste asiático (1997) o Rusia (1998). Las crisis posteriores en economías emergentes grandes, incluyendo Brasil (1998), Turquía (1999) y Argentina (2001-02), así como la crisis de los valores tecnológicos (2001) o la actual precipitada por el impago de las hipotecas subprime, originadas estas en el centro del sistema, cuestionan el actual desarrollo del capitalismo financiero y hacen ya necesaria e impostergable la intervención reguladora de los estados sobre las finanzas internacionales.

No es casual que a partir de los 80 se den crisis económicas recurrentes en los mercados internacionales, ello es consecuencia directa de dos factores. En primer lugar se abandona el régimen monetario y cambiario establecido en Breton Woods que dio lugar a un periodo de 25 años de estabilidad y crecimiento. En segundo lugar y consecuencia de lo anterior tiene lugar un proceso creciente de liberalización de los mercados financieros, hecho que viene avalado por las teorías y políticas neoliberales que obtienen el predominio y aval de sus planteamientos a nivel internacional.

Las tendencias liberalizadoras de este largo periodo de inestabilidad, que continúa en el momento actual, vienen marcadas por episodios concretos:

-La perdida de convertibilidad dólar-oro en 1971 (Nixon) supone fluctuaciones imprevisibles en los tipos de cambio, inestabilidad de las monedas y campo libre a la especulación.

-La necesidad de diversificar los riesgos, “no poner todos los huevos en la misma cesta”, lleva a diversificar las inversiones y liberalizar los mercados para poder pasar sin riesgo de unos activos a otros. Para facilitar el pasar de unos mercados a otros a lo largo de todo el Mundo se implantan legislaciones en todos los países durante los 80 y 90 que promueven la absoluta liberalización de los mercados de capital y de cambio. Mientras en el mercado interior se suprimían las restricciones al crédito bancario y a los topes de las tasas de interés por parte de los estados.


-La liberalización del mercado de capitales promueve una economía internacional fuertemente especulativa que cambia la naturaleza misma del mercado. El motivo de la especulación se va imponiendo paulatinamente a los iniciales de favorecer las transacciones y al de precaución.


-La nueva legislación bancaria significó revertir el orden establecido a partir de la Gran Depresión, tendente a dotar al sistema de salvaguardias y seguridades para acreedores y deudores al mismo tiempo que establecía la separación clara de los distintos negocios bancarios. La derogación de la ley Glass-Steagall de 1933, que marcó la separación de los bancos comerciales y de inversión y su sustitución en un momento de auge económico sin precedentes por la ley Gramm-Leach-Bliley 1999 (Clinton), que permitió las fusiones de los bancos comerciales y de inversión. Este hecho difuminó las fronteras entre los negocios e implantó un esquema más liberalizado, menos controlable por la autoridad y por lo tanto con menor protección en épocas de crisis, al mismo tiempo que significó el final del importante e imprescindible rol de intermediación bancaria que los bancos comerciales venían teniendo hasta la fecha. Las empresas bancarias internacionales influenciadas por el cambio USA aspiran asimismo a convertirse en “supermercados financieros” para todo tipo de servicios.


Tanto los bancos comerciales como los de inversión pudieron desde este momento realizar nuevas actividades que estaban vetadas y ofrecer un amplio abanico de productos y servicios, bien por sí mismos o a través de filiales y sin apenas cortapisas regulatorias. La desregulación del ámbito financiero ha sido aprovechada por sus agentes para efectuar cambios que optimizan su gestión, estos cambios han significado el uso y abuso de productos de la llamada ingeniería financiera a dos niveles:


-En primer lugar con el uso masivo de productos derivados especialmente derivados del crédito y de creciente complejidad. Los bancos buscan maximizar sus ingresos por comisiones y actividades distintas de las tradicionales de intermediación crediticia, mediante la generación de productos financieros, su gestión a través de filiales, la titulización de estos activos, y su colocación en los mercados. Al situar fuera de su balance los préstamos, el límite crediticio de los bancos no depende ya de su capital y de los depósitos de su pasivo, sino de su habilidad para colocar/distribuir el préstamo a otras entidades.

-En segundo lugar la aparición de entidades financieras que han servido de vehículo para la explotación de nuevos productos financieros, en ocasiones creadas por los propios bancos.


Los analistas vienen observando desde los años 90 elementos comunes en las diversas crisis financieras:


-Gran flujo de entrada de capitales en los años previos al estallido de la crisis.

-Liberalización/desregulación de los mercados de capitales, que desemboca en sistemas financieros nacionales menos sólidos.

-Disminución de la percepción del riesgo por parte de los inversores.

-Crecimiento espectacular de las burbujas inflacionistas en algunos activos.

-La titulación de activos de forma piramidal y la dispersión extrema de los riesgos significan, cuando estalla la crisis, un gran problema para los mercados, ya que nadie sabe a ciencia cierta donde se encuentran los activos afectados de pérdidas. Con la consiguiente pérdida de confianza interbancaria que ello supone.


Por otra parte la liberalización y desregulación financiera ha supuesto:


-El predominio de la especulación sobre la empresa.

-La vulnerabilidad de las finanzas y de la economía.

-El fin de la intermediación bancaria y la indiferenciación entre la banca comercial y la de inversión.

-Un déficit importante en la regulación pública bancaria.

-Un despegue importante de la opacidad en los mercados financieros.

-El amplio desarrollo de los centros Offshore, del fraude, la evasión fiscal, el lavado de dinero y la delincuencia financiera en general.

-La movilidad incesante del capital alrededor del globo y buscando la evasión fiscal y los activos más rentables.

-La competencia y el dumping fiscal

-El cuestionamiento de lo público.

-Trasvase de rentas de la economía productiva y de la sostenibilidad medioambiental a la economía especulativa, del trabajo al capital y de las clases medias y bajas y países empobrecidos a las clases altas y países desarrollados.

-El cuestionamiento del ejercicio de gobierno y la gobernanza.

-El socavamiento de la democracia en el Mundo.


Es este el panorama que la desregulación/ liberalización de los mercados financieros viene reproduciendo sistemáticamente en la economía la política y la sociedad. Por eso cuando ATTAC habla de la regulación y control de los mercados financieros y de sus instituciones - que avalan esta situación de caos, injusticia y desgobierno- está tratando de poner las bases necesarias para terminar con el perverso poder de la economía “virtual” y la especulación financiera sobre la economía “real” y productiva. Ello con la seguridad de que solo será posible que los ciudadanos y los pueblos elijan y construyan su propio camino de autogobierno en democracia, cuando la comunidad internacional haya acabado con el dominio del poder de las finanzas sobre el conjunto de la economía productiva y sobre los gobiernos y las sociedades.


Pero ¿Qué tipo de regulación es necesaria?