viernes, 10 de junio de 2016

Defendamos la democracia contra el golpe de Estado de los poderes financieros






ATTAC Acordem



Estamos viviendo un momento histórico de emergencia social y política, que hace urgente y necesaria la movilización ciudadana. Ha llegado la hora de que la ciudadanía en pleno recapitule y valore lo que ha venido desarrollándose en la vida económica, social y política durante las últimas décadas, para extraer consecuencias que orienten el sentido de su acción.

La crisis actual del capitalismo se conformó, durante décadas, al calor de la hipertrofia y descontrol de los mercados financieros globalizados. Mercados en que las empresas y los capitales gozaron de absoluta libertad de movimientos, apenas sujetos a normas orientadas al bien común y casi exclusivamente buscando el beneficio a corto plazo.

Las consecuencias han sido, la progresiva privatización y oligopolización del sistema financiero y de la creación de moneda a través de la titulización, el desarrollo de grandes bolsas de deuda y el crecimiento espectacular de la deuda pública para absorber la deuda privada de los bancos expuestos a la quiebra y una economía de marcado carácter antisocial y especulativo. Dicha economía especulativa está apalancada en los paraísos fiscales offshore - que constituyen al mismo tiempo las termitas de los sistemas fiscales y el principal instrumento de la corrupción social, empresarial y política - así como también apalancada en un mercado internacional desregulado y de alta frecuencia. Todo ello favorece la especulación sobre todo tipo de activos y además sin cargas impositivas. Los paraísos fiscales crean al mismo tiempo competencia y dumping fiscal, suponiendo ello que los estados reduzcan sus bases y tipos impositivos sobre el capital y que las cargas fiscales del mantenimiento del sistema de bienestar recaigan mayoritariamente sobre las rentas del trabajo.

La crisis financiera, no fue producto del azar, sino de un conjunto de medidas político-legislativas de carácter oligárquico, conservador y económicamente neoliberales. Esta crisis pronto se trasladó al conjunto de la economía y de la sociedad. La ciudadanía ha podido constatar cómo las medidas políticas que han tomado los gobiernos ante la crisis, no han tenido como finalidad paliar los efectos de la crisis sobre las personas, sino salvar a los bancos y la economía especulativa. De aquí que esta crisis en su conjunto haya sido una gran estafa, que ha supuesto un gran crecimiento del paro, la desigualdad y la pobreza a nivel mundial.

Debido a las políticas económicas que nos han sumergido en la crisis, los avances sociales y democráticos que se conquistaron en la Europa de post-Guerra están sufriendo una profunda involución. Mientras los trabajadores pierden derechos laborales, el paro aumenta debido a la crisis y al desarrollo tecnológico, constituyendo un gran “ejercito de reserva” que  retroalimenta la precariedad y el dumping laboral. Mientras los servicios y prestaciones públicas son recortados, aumentan los multimillonarios y las corporaciones reparten sustanciosos dividendos. Mientras salir de esta situación crítica haría necesaria la participación de la ciudadanía, la voluntad popular es constreñida y amordazada legislativamente por las oligarquías políticas y secuestrada desde los grandes medios de comunicación.

Los mercados financieros especulan sobre los desastres que causa el cambio climático. Jugar con los desastres naturales futuros para garantizar un buen rendimiento, cuando los mercados de valores son inestables, se ha convertido en la última moda entre los aseguradores y financieros. Ante el aumento de los costos de los seguros, las aseguradoras se han dado cuenta de que el cambio climático está aumentando el número y la intensidad de los desastres naturales y tratan de diversificar y aumentar sus recursos financieros derivados. 

Las matemáticas financieras no son sin embargo capaces de tomar en consideración la naturaleza inmensa y dramática de los riesgos relacionados con los desastres climáticos y el sistema financiero global no es suficiente para garantizar la estabilidad, consistencia y resistencia frente a un riesgo sistémico de esta magnitud. Bienvenidos al mundo de los bonos de catástrofe, las inversiones en desastre.

Mientras, Europa asienta un golpe definitivo a sus pretendidos principios de solidaridad y a sus leyes, cerrando fronteras al refugio y la inmigración procedentes de la pobreza, epidemias o guerras. La idea de Europa vive hoy una situación de emergencia, cuando los propios valores y fundamentos que la justificaban tras la post-Guerra, hace tiempo desaparecieron hasta no quedar rastro. Se nos está mostrando la desnuda y cruda realidad de la proclamada construcción europea y de su democracia, una nuez en la que permanece la cáscara, pero en que su corazón hace tiempo se está pudriendo. Hoy están en juego la democracia, el Estado de derecho, e incluso el gran pilar político en que se asienta el liberalismo democrático, “el imperio de la ley” 

Siempre supimos que, en el sistema capitalista, el Estado es un instrumento al servicio del capital, no obstante el llamado Estado social y democrático de derecho de la Europa de la post-guerra, se constituyó como un gran pacto social entre las fuerzas del capital y del trabajo. Hoy, con la crisis, constatamos cómo los poderes económicos han roto unilateralmente este pacto social. Los principios y normas democráticas están siendo atacados y burlados por los poderes económicos, que están vaciando al Estado y sus instituciones como depositarios de la soberanía popular y convirtiendo el proyecto democrático en una entelequia. Y son organismos internacionales no elegidos democráticamente como el FMI, el BM, la OMC, la OCDE, el G-20 o el Consejo Europeo, quienes avalan esta pérdida de poder de los estados frente a las grandes corporaciones. 

Hay que atreverse a decir claro y alto que las corporaciones hace tiempo que están dando un golpe de estado a la democracia en Europa y esto con el apoyo de los organismos financieros internacionales y de una mayoría de gobiernos cómplices o siervos. Esto es así cuando tratados como el TTIP, TISA o CETA pretenden anular el ejercicio de la voluntad popular y suplantarlo por la dictadura de las corporaciones. O cuando estas mismas corporaciones y grandes fortunas burlan sus obligaciones para con las haciendas públicas por medio de los paraísos fiscales. O cuando el interés de los bancos pasa por delante de las necesidades sociales de los más vulnerables. Ante todo ello podemos tener por seguro que cuando los estados han rendido sus armas al capital, ha llegado la hora de la ciudadanía.

Cada vez resulta más necesaria y apremiante la convergencia de los, hoy dispersos, movimientos sociales, organizaciones sindicales re-formuladas de lastres sistémicos y de todas las fuerzas políticas contrarias al neoliberalismo. Hemos de derribar las murallas de insolidaridad que la Europa del capital ha levantado. Habremos de organizarnos y movilizarnos políticamente para ir articulando un movimiento europeo en defensa de la democracia que sea el germen de la necesaria revuelta cívica ante este estado de cosas. Para ello sería necesaria la convergencia de las luchas existentes: Por el medio ambiente, mareas, sindicales y derecho al trabajo, derecho a la vivienda, tratados de libre comercio, justicia fiscal, deuda, 28 M,….etc, bajo la bandera de un amplio movimiento popular en los estados de Europa, que la defienda de los ataques del capital y de las fuerzas conservadoras y abra la puerta a otra Europa posible.

Hemos de ir fraguando la unión de los movimientos socio-políticos transfronterizos, urdiendo espacios de encuentro y de construcción política de ciudadanía europea. Habremos de oponernos sin paliativos al actual entramado oligárquico europeo. Habremos de unirnos para constituir la Nueva Resistencia, la resistencia democrática ante el avance dictatorial de los mercados financieros con la complicidad o pasividad de los gobiernos de turno en Europa, que nos embarcaron en esta travesía de pesadilla llamada Unión Europea. La unión de los pueblos de Europa solo puede construirse de forma democrática, social, ambiental y solidaria hacia el Mundo.

Pero para construir esta fuerza de resistencia, no podemos hacerlo sin superar los egoísmos partidistas. La Resistencia se fragua con res pública y ciudadanía política, con proyecto político frente-populista e internacional. Si la palanca de esta resistencia habría de constituirse unitaria e internacional, el enemigo al que combatir ha de de-construirse negando y atacando sus fundamentos, que son los instrumentos erigidos en pos del beneficio económico a costa de nuestra democracia, de nuestros derechos y de nuestra vida. Al mismo tiempo que generando alternativas económicas democráticas, justas, ambientales y solidarias.

En este sentido, hay que ir torpedeando con argumentos sólidos y movilización con fundamento los buques insignia del entramado oligárquico que nos trata de esclavizar. Y, siendo siempre proactivos, el proyecto anti-oligárquico y democrático hoy, tiene como retos: 

Planificar la supervisión y control de los mercados financieros y de sus instituciones.
Regular la circulación irrestricta de capitales.
Proclamar la necesidad de disponer de unos bancos centrales públicos, al servicio del pueblo y no de la banca internacional.
Cuestionar la emisión privada de moneda por los bancos.
Luchar por ir recuperando el bien común público que significan las finanzas, ello mediante una banca pública, ética y con control social.
Exigir la separación de la banca privada comercial y la financiera.
Acabar con los paraísos fiscales e implantar un impuesto a las transacciones financieras internacionales.
Abrir paso a una fiscalidad justa, ambiental y solidaria.
Lograr abrir el proceso a una auditoría de la deuda y al impago de la ilegítima.
Proclamar nuestra absoluta oposición a los eufemísticamente llamados acuerdos de libre comercio: TTIP, TISA, CETA,.., otros.
Y finalmente, importantísimo. Luchar por la reducción del tiempo de trabajo para que el derecho al trabajo digno sea efectivo y así acabar con el “ejército de reserva de trabajadores en paro” que es la mayor arma del capital contra los trabajadores y trabajadoras.

Un proyecto ciudadano haría bien en considerar la lucha por la democratización de la economía y las finanzas como su primer objetivo, y las organizaciones políticas y sindicales por el cambio harían bien en mostrar el camino hacia la consecución de derechos, que no es otro sino el cambio del sistema económico actual, ya que ningún logro social será posible si no cuestionamos de raíz los instrumentos económicos que el capital tiene para dominarnos, vulnerar derechos y someternos.