sábado, 7 de mayo de 2016

¡Pobrecitos sindicatos!







De seguir como hasta ahora, los grandes sindicatos serán lo que Ulrich Beck llama categorías Zombies, en lo que respecta a su función original como instrumentos de emancipación de la clase o las clases trabajadoras. Por regla general su acción o práctica sindicales, hacen en las últimas décadas especial énfasis en la gestión de este sistema, mediante un funcionamiento sindical como empresas de gestión sistémica (gestión planes de pensiones de capitalización, gestión de ERES, gestión de planes de formación ocupacional,.....,).  Al mismo tiempo, en las sociedades capitalistas desarrolladas, aceptan y despliegan fundamentalmente, como estrategia prevalente, su total implicación en el diálogo social a través de la concertación tripartita (patronal, gobierno, sindicatos), disminuyendo continuamente su acción como lucha sindical combativa. Esta estrategia les provee de un reconocimiento institucional-sistémico fundamental, que les genera beneficios provenientes de la  financiación de diferentes organismos y escalas institucionales. 

En lo que respecta a su escasa acción  de "lucha sindical", necesaria para conseguir la legitimación de sus afiliados, siguen manteniendo el perpetuo rito de un fordismo sindical obsoleto, rito de primeros de Mayo y de alguna huelguilla general de cuando en cuando, cada 5 o 6 años, prietas las filas de los antiguos trabajadores fijos y sin capacidad para atraer a parados y precarios, cada vez más numerosos. Una parte de su permanencia se logra con mitos y ritos, que solo sirven de oficio cuasi-religioso para hacer ver que todavía tienen ganada presencia mediante su presión política sobre las decisiones, cuando se puede demostrar que no es así. Se puede demostrar que las medidas que se toman a nivel económico-político desde hace décadas vienen bloqueando o inhabilitando cualquier posible reivindicación de mejora de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores. Posteriormente, aunque haya algunas personas trabajadoras que se crean lo del sindicalismo revolucionario más que sus cúpulas, y traten de llevar a cabo movilizaciones de empresa o sector, las decisiones ya están tomadas mediante directivas económicas en la UE - que dicho sea de paso avalan los sindicatos desde su firma del tratado neoliberal de Maastrich - y mediante el engrasado funcionamiento de los mercados laborales corporativos y los mercados financieros mundiales.

Entiendo que los “pobres” compañeros y compañeras sindicalistas quieran creer que hacen algo, e incluso, en alguna ocasión, hasta consiguen alguna pequeña cosilla que les retro-alimenta de orgullo y fervor revolucionario. Sin embargo en esta economía prisionera de la globalización financiera, el factor trabajo o el factor bienestar, son cautivos de la prevalencia de otros factores políticos que ya ganó el neoliberalismo hace tiempo. Los sindicatos habrían de enfrentarse, para conseguir algo en los factores propios del sindicalismo y el bienestar, a esos macro-factores que subsumen y determinan el mundo de la vida - y cómo no dentro de ella el mundo del trabajo - que son los factores derivados del marco de competencia global por una parte y por otra al predominio de las finanzas descontroladas. Tendrían que enfrentarse especialmente a la mímesis del capitalismo industrial en capitalismo global financiarizado.

En cuanto al marco de competencia, hoy el sindicalismo local no puede evitar que los capitales o las empresas se trasladen o deslocalizen territorialmente buscando el máximo beneficio. La pérdida de grandes industrias de la siderurgia, el textil, automoción y otras en Cataluña y España dan fe de ello. Ahora ya sabemos que frente al dumping económico y laboral, no hay otra salida que internacionalizar la lucha sindical, re-inventar el sindicalismo, pero aquí cada cual sigue hablando a los que les proporcionan sustento, afiliados y entes locales, manteniéndose en un halo de ignorancia supina de cariz límbico respecto del nuevo marco que la globalización promueve y de los supuestos retos que el adaptarse combativamente a este marco supondrían. Todo ello para justificar que el sindicato, tal cual se conoce es imprescindible para la lucha revolucionaria de clase de los trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, en bastantes casos, solo es imprescindible para mantener el sillón, el puesto de liberado, el trabajo asalariado en el sindicato y el aparato sindical en general. 

Si las empresas han logrado, con el concurso de los gobiernos mundiales, transcender y aumentar exponencialmente su poder traspasando fronteras y creando un nuevo campo de batalla globalizado, los sindicatos locales poco pueden hacer, salvo luchar contra las ya castigadas pequeñas empresas que son las no móviles, o contra las administraciones públicas. Todo ello, paradójicamente puede contribuir aún más a la mayor oligopolización, o sea a la mayor concentración de poder de los marcos de actividad empresarial en pocas empresas transnacionales, en perjuicio de las PYMES y de las clases trabajadoras. O también a establecer contrapoderes sindicales corporativos en el seno de las instituciones públicas, de ámbito local o estatal.

Ante el aumento del poder de las corporaciones y su control del campo de lucha social global, incluidas las reglas del juego actuales, los sindicatos que teóricamente defienden a las personas trabajadoras, no pueden seguir dedicándose sin más a la mera intermediación entre mundo del trabajo y empresas, que es a lo que se dedican cada vez más. Han de adoptar una posición combativa e internacionalista. La duda persistente que me afecta, es si las estructuras sindicales burocratizadas herederas de la Transición en España son capaces de re-formularse a la altura de lo que los nuevos retos de un sindicalismo combativo e internacionalista requieren, o bien hay que comenzar de nuevo y habría que plantearse muy seriamente refundar el sindicalismo. Eso sí desde la base de la unidad sindical internacional de trabajadoras y trabajadores asociados.

La lucha internacional de los trabajadores y trabajadoras ya no pasa por capillas negociadoras, ahora, más que nunca requiere una lucha que trascienda el sindicalismo de gestión y vuelva a sus orígenes, a la lucha política de los trabajadores por su emancipación, ya que hace tiempo que el capital burló unilateralmente el marco de relaciones de post-guerra que hacían posible el pacto y la convivencia. Hoy cualquier prolongación por parte de las fuerzas sindicales del marco de diálogo como objetivo máximo, es claudicar a la acción tiránica de los poderes corporativos. La situación actual es consecuencia de décadas de confusión y connivencia ante los poderes económicos de las élites de izquierda política y sindical. Los trabajadores y trabajadoras habrían de ejercer su rebeldía ante estas condiciones indignas del sindicalismo, pactadas desde sus élites burocráticas. No obstante, a cualquier persona combativa y ante la necesidad de mantener viva la lucha sindical, le embarga el pesimismo, más al ver que no se perciben movimientos de insumisión, dentro de las bases sindicales, al gobierno de sus aposentadas y sempiternas élites.

Esta ruptura unilateral de las reglas del juego democráticas por parte de las corporaciones, favorecidas por los gobiernos y no cuestionadas como acción sindical combativa e internacionalista por parte del sindicalismo mayoritario, se ha realizado fundamentalmente a partir de una serie de instrumentos de carácter económico-financiero, que atacan a la democracia en su línea de flotación y significan un aumento sustancial de las desigualdades, cuestionando el Estado de derecho y hasta el mismísimo Imperio de la ley, teórica base del sistema liberal-democrático.

Ante esto los ritos fordistas sindicales de reivindicación nacional, exigiendo trabajo y prestaciones dignas, se estrellan con los marcos normativos de instituciones estatales e internacionales, bien democráticas, bien a-democráticas (como el FMI, BM, G-20, OCDE, UE,..etc). En estas circunstancias, considerar que salir del marco normativo internacional es una solución, es no conocer el poder desatado que este marco global-institucional-depredador puede ejercer sobre las expectativas particulares.

No tenemos otra solución como ciudadanos y ciudadanas que ampliar nuestros horizontes y acostumbrarnos a que el marco de lucha contra el sistema hoy es global. Por eso es necesario cambiar las conciencias nacionales por conciencias internacionales y en esto hasta el momento estamos haciendo bien poco. La prueba fehaciente de ello es que lo que pasa más allá de nuestras fronteras solo existe para la mayoría cuando llama a nuestra puerta, hoy millones de refugiados, de siempre  decenas de miles de muertes diarias por hambre y enfermedades evitables en el Mundo. Solo una cifra, cuando las 65 personas más ricas de nuestro planeta poseen más riqueza que los 69 países más pobres, que significan más de la mitad de la población global, ¡algo hemos hecho mal como ciudadanas y ciudadanos, aunque sea no hacer lo suficiente! Aunque distraídos por los clarines económicos y sindicales estatales, descuidábamos los flancos económicos globales, que ahora nos causan crisis o nos desbordan. Por supuesto el sindicalismo es una parte de nuestro mundo e igualmente se ha visto atacado y doblegado y más por su propia inoperancia autárquica.

Hoy los sindicatos habrían de ejercer presión ante las causas que han llevado a este estado de cosas. Tener como primeros objetivos de lucha y movilización la exigencia de que los gobiernos asuman la regulación y control de las entidades y mercados financieros; el no a los acuerdos de libre comercio;  el fin de los paraísos fiscales; justicia fiscal redistributiva e impuestos a las transacciones financieras internacionales; una banca pública ética y con control social; bancos centrales al servicio del pueblo y no de la banca privada; separación entre la banca comercial y la banca financiera; poner fin a la titularización y a la creación descontrolada de dinero por parte de los bancos; auditoría de la deuda y muy importante Jornada laboral de 30 horas. Así sólo así, volveremos a re-tomar de nuevo el buen camino de la lucha de los oprimidos contra los poderosos y las cosas podrían tener visos de solución a largo plazo, si la unidad y el sentido político emancipatorio nos acompañan. Esperemos que las voces del altermundismo dejen algún dia de predicar en el desierto.

Antonio Fuertes Esteban
Barcelona 7 de mayo de 2016