miércoles, 14 de diciembre de 2011

Por una transformación de la política




Antonio Fuertes Esteban.
ATTAC Acordem


La necesaria construcción de un movimiento social y político antineoliberal, democrático y republicano

La presente propuesta surge como forma posible de ofrecer una respuesta política organizativa desde la ciudadanía. Ello ante la convicción mayoritaria de que el crítico momento actual, de la idea y de la práctica democrática, está conduciendo a la humanidad a una nueva “Edad Media Global” en la que unos pocos plutócratas dominan nuestro país y el Mundo y esta carrera no se detendrá a menos que la conciencia ciudadana no se una y organice.
Hoy ya nadie puede negar lo evidente, gobiernan los mercados, no los representantes de la ciudadanía y mucho menos el pueblo. Pero también es evidente que este despótico poder no gobierna para el pueblo, sino en su propio beneficio y contra el interés y necesidades de toda la Humanidad. El mayor problema que tenemos es que desde la actual sociedad individualizada, dividida, enfrentada y adormecida por los medios de persuasión del poder económico, es prácticamente imposible ofrecer respuestas sólidas posibles para que la ciudadanía se organice eficazmente y recupere el poder que los mercados le han sustraído.
En España, la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas celebraron la muerte del dictador y la proclamación de la democracia monárquica constitucional, sin embargo tres décadas más tarde una oligarquía económica sigue gobernando el país, salvo que esta vez es global y gobierna globalmente. Mientras tanto diversas oligarquías políticas aspiran a poder ser los actores principales del desgobierno del Estado español, que se da en consonancia con el desgobierno Europeo y Mundial.
La gran globalización es un fenómeno de la historia reciente, pero sin embargo ya asentado y en vías de consolidarse. De la otra parte, algunas insuficientes resistencias ciudadanas vehiculadas globalmente a través, entre otros, del Foro Social Mundial y de algunos gobiernos latinoamericanos y otros, que tratan de detener el avance imparable de los globalizadores anglosalones y otros.
Hoy hay consenso en admitir que cualquier cambio sustancial se ha de construir en un constante diálogo entre lo local y lo global. Defender lo contrario en un Mundo fundamentalmente interrelacionado sería engañarse. Sin embargo esta obviedad, no nos puede ocultar que la globalización neoliberal no sólo ha avanzado por que las fronteras se hayan diluido a causa de la tecnología. Muchos nos cansamos de repetir hasta la saciedad que la globalización neoliberal es el gran logro del poder del dinero, que se ha implantado debido a la presión de los lobbies del capital, pero también debido a la vergonzosa renuncia de los políticos de las “izquierdas” mayoritarias a ejercer como legisladores del pueblo y no a favor del capital.
Con cierta frecuencia, popularmente se tilda al conjunto de políticos como “clase política”. Esta afirmación molesta a muchos que afirman que “no todos los políticos son iguales”, ambas afirmaciones hay que tratarlas con reposado cuidado. Y es que, si bien es verdad que hay diferencias ideológicas en los programas de los diferentes partidos, también es verdad que la actividad parlamentaria y el profesionalismo político, cuando no el ejercicio del poder, son factores que tienden a alejarlos de la realidad de la calle, salvo honrosas excepciones, contemplando en su totalidad su ejercicio como el propio de los que se dedican en exclusiva a la política. Al mismo tiempo son los propios políticos los que suelen “encerrar la política en un solo juguete”, su parcela de poder representativo. Esta imagen bidireccional, les reviste de un envoltorio corporativo como “clase política” y les distancia de la gente común. Esta visión es connatural al sistema político de la democracia liberal, paradigma político vencedor y “reinante” en la actual fase de la Modernidad.
Sin embargo, ya va apercibiéndose la ciudadanía de cuan vacuas son las ínfulas de poder de los políticos hoy día. Sirva como muestra el ejemplo de Rajoy, que sintiéndose “coronado”, prometió el oro y el moro cínicamente hasta que fue elegido. Ahora, antes de formar gobierno, ya no promete nada, sólo previene de las dificultades y se cura en salud anunciando lo peor que está por venir, de su mano claro. Y esto es posible porque claramente el Neoliberalismo, adoptado por tirios y troyanos, ha sido el arma para el “golpe de Estado global” del Mercado a la democracia. A los políticos que se pliegan al Mercado sólo les queda obedecer, es lo que hay y todos lo saben.
Una vez llegados a esta nefasta conclusión solo cabe preguntarse ¿La dictadura del mercado como sistema político es definitiva? ¿Puede el pueblo recuperar el poder que le ha sido robado? ¿Cómo?
Responder a esta pregunta nos llevará a adentrarnos en vastas y diversas reflexiones sobre el poder en la Globalización y sobre las formas de gobernanza. Podemos convenir que combatir el sistema actual requiere de meditadas y consensuadas estrategias políticas que necesariamente han de construirse desde geometrías variables y atendiendo a la interrelación continua entre los poderes globales económicos y los poderes locales hoy políticamente pasivos. Las grandes líneas ideológicas y políticas se planifican hoy globalmente, desde los foros ideológicos y las universidades de la plutocracia del dinero y son ejecutadas por gabinetes de gestión política sujetos a la presión de los lobbies y al dictado del Mercado.
Entonces ¿Cómo comenzar a organizar las fuerzas de cambio antisistémicas? La respuesta no deja dudas, no hay otra forma de iniciar el trayecto que desde nosotros mismos, desde lo local, los estados. Pero al mismo tiempo y no menos importante, hay que ir construyendo interrelaciones entre los diversos agentes políticos y ciudadanía, que actúan bajo distintos gobiernos locales, y esto a nivel internacional con objeto de que se vayan tejiendo local y globalmente los instrumentos políticos del cambio, estableciendose nodos y redes de contrapoder.
Lo primero a constatar es que en la esfera local, desde el municipio hasta los parlamentos diversos, el sistema representativo está en crisis, no sirve al gobierno del pueblo y hay que refundarlo. La política ha de dejar de ser una cuestión exclusiva de profesionales que contrastan sus programas y agendas políticas en el marco de parlamentos e instituciones políticas varias. Para ello los políticos tienen que bajar al pueblo, a pié de calle y los ciudadanos han de poder controlar el ejercicio de gobierno y elevarse ante la posibilidad de tomar decisiones. Es el único inicio de camino a transitar para que el pueblo comience a recuperar, poco a poco, el poder que le ha sido sustraído. Ello ante la falta de “voluntad política” de los profesionales de la política, unas veces por incapacidad o falta de apoyo popular, otras por complacencia, otras por aquiescencia, otras por cobardía o miedo al cambio, otras por incompetencia y otras por omisión, interés o comodidad.
Los verdaderos representantes del pueblo, a partir de ahora, habrían de saber llevar a las instituciones varias el sentir, la “voz de la calle” y para ello han de estar en contacto con ella, lo que no se consigue encerrándose en las sedes, ni en las atalayas privilegiadas de la política. Es este el tipo de representantes que necesitamos, que estén en contacto con la gente, con las asociaciones cívicas y políticas, en plazas y barrios. Pero también es absolutamente necesario que intenten, con humildad y con todas sus fuerzas, diluir inteligente y cabalmente las fronteras de la partitocracia, de sus partitocracias correspondientes. Este es el principal mal endémico de nuestra democracia, que tanto daño ha hecho a la deliberación política en los parlamentos y en la sociedad, al preferir levantar espadas y murallas mediante una enconada oposición y la disciplina de voto y contra los argumentos del “enemigo”, a buscar respuestas racionales a los problemas de la gente, contribuyendo con ello a enfrentar a la sociedad. El proceso ha sido largo y hoy se ve el parlamento como un espacio de confrontación natural, como un circo romano, y esto traslada a la sociedad mayores litigios que los que ya la sociedad tiene de por si. La política hoy es en un proceso de desencuentro en parlamento y sociedad que se retroalimenta. Lejos está de los mejores argumentos y cerca del adoctrinamiento, el seguidismo y las filias y fobias políticas.
En general, se estimulan espacios políticos de confrontación que no de debate político, que lejos de ayudar a encontrar juntos el bien común, conducen a una lucha de enconados intereses políticos particulares buscando nichos y cuotas de voto. Además de contribuir al desentendimiento y desafección ciudadana por los temas de la política, que no habría de ser sino la intersección de saberes, experiencias, sentimientos y voluntades para buscar el bien común y nunca la forma en que los más fuertes -que no los argumentos más sólidos- se imponen a los más débiles.
También los partidos se desprestigian, despolitizan y se hacen dependientes de los poderes económicos, al burocratizarse y pasar a ser en gran parte plataformas de interés corporativo cuando no maquinarias de captación de votos, con las promesas y adhesiones o incumplimientos y desencuentros que esto conlleva.
La superación del sistema capitalista, interpela a las formas de hacer política, sólo la deliberación política y la participación ciudadana podrán derribar el sistema capitalista de competencia. Este no es sino una proyección del estado de naturaleza original en el corpus social actual, con formas pretendidamente democráticas, pero que lógicamente solo conducen a la dominación de unas personas, países y clases sobre otros. Cuando los ciudadanos y ciudadanas del Mundo entendamos la esencia de la República del bien común, pensaremos en global, la humanidad habrá dado un gran paso adelante y por fin otro mundo mejor será posible.

En concreto ¿A dónde quiero llegar, que propongo? Pues muy sencillo, ni más ni menos que trabajar a diversos niveles para fundar una alianza de hermandad entre los políticos electos de la izquierda y consecuentemente antineoliberales y la ciudadanía crítica para promover de nuevo el control de la sociedad y la política del bien común, sobre el mercado. Esto necesariamente nos obliga a todos y todas a recuperar la cultura y los ritos del compromiso, que se fueron perdiendo desde que dejamos de combatir la dictadura franquista y que hoy necesitamos como el agua para combatir a “la Hidra sistémica”, la dictadura del mercado fundamentalista.
Más allá de los espacios de representación partidista a todos los niveles, los cargos políticos de diversos partidos que sean personas comprometidas contra el neoliberalismo y los ciudadanos, ciudadanas y asociaciones críticas habrían de comenzar a construir espacios de encuentro, debate y alternativas de movilización y representación política por el cambio y que atraigan la afección y el soporte ciudadano.
Esta sería la base para construir/constituir un amplio movimiento ciudadano, social y político que sea antineolibaral, auténticamente democrático y republicano, dirigido al cambio sustantivo y a la sociedad del “buen vivir” y que pueda presentarse a unas futuras elecciones con posibilidades de ganarlas y formar gobierno.
Si el liberalismo ha acabado con la política, todos aquellos que estén en disposición de combatirlo desde la política, buscando alianzas entre la sociedad y las fuerzas políticas de cambio, están obligados moral y éticamente a hacerlo. Para ello los líderes políticos de la izquierda actual, que desearan incorporarse al proceso, habrían de renunciar a parcelas de seguridad y poder que su estatus les confiere, no sin la recompensa de la satisfacción que entrañaría el compromiso con el proyecto y los logros que pronto serían visibles.
Qué duda cabe que los políticos implicados en esta hermandad social y política amplia, habrían de ser en todo momento un ejemplo de honestidad, rigor y entrega ya que habrían de convertirse en auténticos servidores del pueblo y no de intereses propios, de su partido o foráneos, cuando no de oscuros. Esto con el fin de recuperar la credibilidad entre la ciudadanía que no tienen hoy los políticos en liza de cara a gran parte del electorado. No olvidemos que muchos votantes votan como "mal menor" a partidos que no les provocan especial ilusión. Seguramente la congruencia, la unión de los iguales y en general la ejemplaridad en el servicio a la ciudadanía, darían a medio plazo frutos políticos, que en las actuales circunstancias serían imposibles. Ello sin tener que abandonar por el momento los escaños.
Una de las renuncias, que en el fondo sería ganar autonomía y dignidad, consistiría en renunciar a la “necesaria” disciplina de voto partidista en función de la disciplina a la libertad de conciencia. De esta forma se harían prevalecer sistemáticamente la defensa de las medidas de carácter social y el combate a las medidas neoliberales.
Otra sería renunciar a cualquier privilegio que no tenga cualquier trabajador en activo: pensiones vitalicias, planes de pensiones de capitalización, abuso de dietas, coches oficiales, etc.
Un tercer paso podría ser trabajar por la creación de un foro antineoliberal de diputados/as, ediles, etc… dentro del marco extraparlamentario, donde se pudiera desarrollar el debate político que no se da en los órganos de representación oficial y ello junto a representantes y personas significativas de la sociedad civil organizada.
El cuarto paso sería potenciar el debate y la participación ciudadana, al mismo tiempo que medios alternativos de comunicación e información: Web, publicaciones...
El quinto paso consistiría en promover nexos de unión entre dichos parlamentarios y la sociedad civil, con objeto de constituir un amplio Frente Antineoliberal en futuras elecciones. Frente capaz de publicitarse en las elecciones por el boca a boca y sin tener que acudir a financiación bancaria, en la red, por su ejemplo y por su programa en el cual podrían figurar entre los primeros objetivos: El planteamiento de un referéndum para abrir un nuevo y participativo proceso constituyente, la nacionalización como mínimo de las cajas de Ahorros y de las bancas salvadas con dinero público y la implementación de medidas de consulta directa y democracia participativa.
Es un posible camino de cambio, no hay muchas fisuras en el sistema y hemos de aprovecharlas y como muy bien decían los de la generación de la Guerra, “todo lo que vale, cuesta”, naturalmente sin confundir por ello valor y precio. Cuesta privilegios, esfuerzos y dedicación. Vamos lo que antes era hacer política desde la resistencia y las trincheras y no desde los púlpitos y las poltronas inamovibles. Hoy no se puede, desde la óptica de cambio, ser tibios y complacientes con el sistema. Vamos que, ante los retos que tenemos, no se puede estar “en misa y repicando.
Que quede bien claro, ¡somos los muchos de abajo y vamos a por los pocos de arriba! Que cada uno elija de qué lado está. Parlamentarios, ediles, políticos, ¡bajar al pueblo! ¡sed pueblo! Y ganaremos la baza al capital.
¡Viva la república democrática y social de los ciudadanos y ciudadanas!
Barcelona, 8 de diciembre de 2011